Cuando las cosas se ponen feas.



Ni bien, ni mal. Sencillamente, no entiendo nada. Todos los años y por estas fechas nos enviamos cartelería varia, según el medio técnico que dispongamos, felicitando las Fiestas (antes la Navidad y cualquiera sabe lo que vendrá) a todo el que se pone a tiro, lo que supongo habrá provocado una importante disminución en el trabajo de Correos y un empeoramiento de la caligrafía (a este paso se nos olvidará escribir), pero nada más. Pasado ese excitante momento de apretar al botón de enviar, reenviar y rebotar lo reenviado volvemos al segundo previo a la excitación y, por supuesto a la misión de celebrar (sic) comidas y cenas que solo salvan algún par de litros de alcohol previos al acontecimiento y alguno intermedio de refuerzo.

Y entiéndase bien, que quién redacta estas líneas no comprenda tan curioso comportamiento no significa tampoco nada: solo faltaría que con los gobiernos locales que padecemos y con la multiculturalidad reducida a suprimir cualquier símbolo cristiano, me sumara a la legión de idiotas que contra-celebran cualquier rito Católico con no sé qué clase de ceremonias y, que solo tienen como destino en lo universal la desaparición los Belenes.

No, la verdad es que no está quedando muy navideño el asunto y tampoco encuentro otra explicación que el mosqueo que por estas fechas padezco por cuestiones que no vienen al caso, pero que este año ha comenzado antes. Muchísimo antes. ¿Nadie es hoy Berlinés? y refugiado ¿nadie es hoy refugiado? y, Policía Nacional en Kabul ¿nadie es hoy Policía Nacional en Kabul? y las velitas y los mecheritos ¿dónde se han guardado las velitas y los mecheritos?

Y el caso es que en el mes de diciembre del año pasado:

Segundo. Los hechos en que, fundamental y esencialmente, se basa la querella son: La Embajada de España en Afganistán se construyó en el año 2008. La custodia de la sede diplomática, en aquel entonces, corrió a cargo de los Grupos Especiales de Operaciones, GEO, por su ubicación en una zona de alto riesgo y de conflicto. Ya en sus inicios empezaron a comunicarse al embajador y al Ministerio de Asuntos Exteriores las carencias en materia de seguridad. En los años 2012–2013 se sustituyó la vigilancia y protección de los GEO por funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía, y aumentaron los informes sobre ausencia de seguridad y riesgo para las vidas de los allí destinados; informes que se comunicaban al embajador y éste, al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación.
Se trataba de instalaciones deficientes para el lugar donde se encontraba (garitas de paja, ventanas de plástico y puertas de madera). Sólo una partida de 5000 euros en 2011, que resultó insuficiente permitió cambiar las puertas de madera por latón. Con eso, la seguridad del edificio no había mejorado, pues el edificio principal seguía sin cumplir el perímetro de seguridad de la calle; edificio que se encontraba fuera de la zona de seguridad de Kabul, en un barrio rodeado de casas de militares y señores de la guerra.
Por el contrario, el domicilio del embajador sí se encontraba dentro del perímetro de seguridad, la llamada “zona verde”, que es el lugar donde se encuentra el resto de embajadas. Ya el primer embajador español se negó a vivir en la embajada por el peligro que suponía, trasladándose a la “zona verde” a una vivienda ubicada dentro de la zona de seguridad. A pesar de las recomendaciones y peticiones de dotar de mayor seguridad a la sede diplomática, se denuncia que el señor Edemiro nunca las atendió: ni sobre las deficiencias de las estructuras, ni las rutas y horarios del personal, manteniendo un mutismo absoluto ante el Ministerio del que depende pese a los informes del Cuerpo de Seguridad en la materia.

No se sorprendan por el cambio de rumbo que hundiría a cualquier portaaviones de tamaño medio que se preciara, pero es que eso de la Paz y la Amistad ya no llega al café del día 25 de diciembre, aunque sujetos muy entrenados y pacientes quizá aguanten hasta el 26 de dicho mes, si bien y a cambio desaparezcan el resto de las Navidades. Y por cierto, no vale el sustituto edulcorado de la mundialidad: la Paz y la Amistad con el pariente y con el vecino, no con la tribu de los no sé quién, ni con las personas que son carne de telediario y que nos muerden la conciencia el tiempo justo de colgar un enlace en el fazebuk o, de publicar ciento cincuenta caracteres solidarios.

Y sigo leyendo:

El 11 de diciembre de 2015, el denunciado Edemiro estaba de vacaciones en España, y quedó como encargado y máximo responsable de la Cancillería el querellado Anton, que tampoco respetaba ninguna medida de seguridad. Más al contrario, ponía constantemente en riesgo la seguridad del edificio, permitiendo el trasiego de mercaderes que paseaban por la embajada, consintiendo la entrada de coches, furgonetas y camiones con joyas, alfombras y otros enseres, sin avisar con tiempo suficiente a los equipos de custodia y seguridad para identificación de personas y cosas.
Esa mañana del 11 de diciembre se alertó por los servicios secretos franceses del riesgo de atentado contra la Embajada de España, lo que debería haber provocado la toma extraordinaria de medidas de seguridad, y que hubiera evitado que esa tarde (alrededor de las 18 horas), un coche bomba hiciera explosión contra los muros de la legación española. Por el hueco abierto en la pared se introdujeron, al parecer, tres asaltantes talibanes, armados, que empezaron a disparar contra los que se encontraban en el interior, y fueron asesinados los policías españoles Leonardo y Virgilio (y diez personas afganas que velaban por la seguridad de la embajada), resultando heridos los otros siete policías querellantes, hasta que los terroristas fueron abatidos al amanecer por fuerzas norteamericanas.

Si, estimados lectores, escribo estas líneas para recordar que para al menos dos familias españolas no serán las mejores fiestas de la historia y que después de más de dos mil años, poca gente aparece cuando las cosas se ponen serias, porque cuando las cosas se ponen serias gentes de toda suerte y condición siguen creyendo — seguimos creyendo, mejor dicho- que el ser humano es muy limitado y muy borrego y, que quizá no nos vendría mal echar una mirada, de vez en cuando, a ese portal de Belén.