Familexit con seguro a todo riesgo.

Corren malos tiempos para el silencio, el respeto y la paciencia, lo del antiguo saber estar y, si el matrimonio fue el primer afectado por la sacudida de una libertad mal entendida que, faltaría más, debe resolverse en los Juzgados, -porque ya se sabe que aquí somos muy maduros para lo que queremos (y desnudos ni les cuento), pero que cuando las cosas se ponen feas el asunto pasa a la competencia de la Guardia Civil, la Policía Nacional y de los Juzgados- era cuestión de tiempo que otras relaciones familiares terminarán necesitando de la intervención judicial.

En la SAP ALICANTE, 219/2017, Sección 9ª, 15 de mayo de 2017 se relata una caída en un domicilio particular provocada por un niño de cuatro años, hijo de los dueños de la vivienda que al lavarse las manos, salpicó el suelo con agua jabonosa. El actor, que se identificó como primo del asegurado e invitado a comer en su casa ese día, había de conocer perfectamente y reconoció conocer, la composición de la familia y la existencia de un niño pequeño (sic). Suponiendo que el niño, que estaba solo salpicase agua al suelo después de lavarse, es algo que el demandante, que dijo entrar en el baño tras el niño, pudo sino observarlo si preverlo y evitar el pisar el agua y resbalar ya que lejos de suponer una acción imprudente responde a lo que la jurisprudencia llama riesgos de la vida ordinaria. Aunque el niño con solo cuatro años sea capaz de lavarse solo las manos, responde a la más absoluta cotidianidad y es normal y previsible que con esa edad salpique agua y, también que quien forma parte del círculo familiar (sic) prevea esa circunstancia, que como decimos responde lo que la jurisprudencia llama riesgos generales de la vida o pequeños riesgos que la vida obliga a soportar.

He transcrito parcialmente la sentencia de la audiencia de Alicante no solo porque hubo condena en la primera instancia ya que de lo contrario no nos hubiéramos enterado de la reclamación, sino porque una de tres: o se nos escapa algo con el seguro de la casa y por ese camino no sigo que es tarea propia de un detective; o el primo le tenía unas ganas a su otro primo que solo podían solucionar en un combate de boxeo o, faltaría, en un Juzgado; o, por último, alguien tuvo la feliz idea de hacer un Familexit con intervención de la judicatura, pero sin educación, respeto, ni silencio y tirando del presupuesto y de la tutela judicial efectiva a la que todo ciudadano y ciudadana tiene derecho.

Y esto sí que no. Lo de que solo haya derechos y ninguna obligación pase, pero me reconocerán que todos, en uno u otro momento, haríamos si pudiéramos un Familexit con parte de la propia y toda la ajena o, solo con la propia o, con parte y parte, que se yo. Imagínense, por tanto, una escapatoria con negociación y sin retorno y que coronaría una última imagen de teléfono o tableta, que no fotografía porque casi nadie las hace, de los que se quedan y los que se van y que inmortaliza la separación de una unión que nunca debió producirse. O sí, pero a ratos largos, como el Reino Unido, que como vino para no quedarse, ha estado molestando a todos los vecinos siempre que ha podido (y le han dejado), en comportamiento que nos suena parecido y que causa verdadero hartazgo.

Pero una cosa es que el Reino Unido no quiera salir por la ventana como debería y que quizá lo haga por la puerta, que lo hará gracias a la inacción y a la desidia de los demás y, otra muy distinta que a los matrimonios, uniones de hecho o arrejuntados que no querían papeles y que luego los quieren todos y los hijos de unos, de otros y sus abogados sean asunto de la justicia, sumemos otros parientes y parientas en progresión cercana al infinito que decidan terminar sus entrañables encuentros familiares en el mostrador de un Juzgado y, por ahí se impone una mediación obligatoria, con unos guantes de boxeo de calidad y una báscula que asegure el correcto pesaje y un combate equilibrado. Lo otro, lo de acudir a un servicio público porque un niño, hijo de un familiar (sic) que resbaló y cayó, se lavó las manos o eso hay que suponer, porque nada quedó probado o es una broma o, el próximo que lo hiciera debería pasar por caja, abogado incluido y tutela judicial de regalo, que hay mejores formas de perder el tiempo y de hacérselo perder a los demás. Basta llamar por teléfono y rechazar la invitación o, mandar un guasap con idéntica finalidad.