Ha llegado a su fin en Europa el momento peluche.

¿Se acuerdan de la multitud de banderas francesas en los móviles, los perfiles del guasap y las portadas del facebuk cuando allá por el lejano año 2015, murieron en París ciento treinta personas? Que si todos éramos esto y aquello y que si velas y flores y más velas y más flores y, poco quedó para el abre y cierra la muralla. Hoy, después de las siete muertes de ayer en Londres la bandera británica aparece en pocos perfiles y los lazos negros brillan, permítanme, por su ausencia y de las flores, de las flores solo he visto a un Policía agachado en una esquina inidentificable dejando junto a una pared un pequeño ramo.

En imágenes, porque la televisión y su repetida “noche de pánico” — tres veces lo he oído en la UNO en menos de un minuto y eso que ya me ahorro el circo que montan las demás ya sea en verde, naranja o azul — me ha llevado, mientras fregaba platos, a otra cadena y a la decimosegunda Copa de Europa del Real Madrid.

No piensen que voy a entrar en las causas de nada: el que quiere matar lo hará por una cosa u otra, transformando el fin en un medio y mientras sigamos pensando que el origen del problema o del asesinato está en la víctima y no en el asesino, mal camino llevamos y es más, esa forma de pensar justifica cualquier delito o, ya no se acuerdan de lo de la falda corta y del “iba provocando”. Ni que decir tiene que tampoco lo haré con las llamadas “zonas grises” con la población musulmana, ni con el famoso invento de la “multiculturalidad”, porque causas puede haber tantas como siglos lleva el ser humano matándose y, que recuerde las multinacionales y las ventas de armamento a gran escala son un fenómeno posterior a la segunda guerra mundial.

Tampoco ha aparecido el tonto de guardia reclamando moderación a los policías que abatieron a los terroristas de anoche y digo esto porque el método es idéntico al que se sufre en Israel desde hace años y la respuesta de las fuerzas de seguridad, también, aunque con una diferencia — dejando al margen al tonto reclamante de mesura cuando tienes una pala excavadora empotrándose en un autobús — la reacción de la gente.

Sí, la reacción de la gente. Tenemos miedo y el “momento peluche” ya no hace nada por remediarlo porque el luto es personal y se justifica por la relación con el fallecido, mejor dicho, con el asesinado. Y como nos sabemos objetivo solo esperamos que la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Ejército y los Servicios de Inteligencia hagan su trabajo y a ser posible bien. Pero con el terrorismo islámico no es suficiente y no lo es porque como repito todos somos objetivo y, tarde o temprano deberemos dejar de correr mirando a nuestra espalda.

Dejar de correr que debe entenderse en un sentido amplio y no solo en el del enfrentamiento físico, si llegara el caso, sino en el de reconstruir moralmente nuestras sociedades y ni una cosa, ni la otra, puede dejarse en manos de la clase política, porque esta suele ir en coche oficial (el del partido es también coche oficial) y la meritocracia hace muchísimo tiempo que dejó paso al nepotismo analfabeto.