Micro-escuelas: el futuro de los espacios de aprendizaje

Por qué el futuro de la educación puede estar en pequeñas infraestructuras y qué podemos aprender de la cadena de cafeterías Starbucks.

(Este artículo fue publicado en Red Innova y forma parte de una serie que busca debatir sobre el futuro de la educación, iniciado con el post “Adiós a la educación como la conoces: 6 aspectos del futuro educativo”)

Para la mayoría de nosotros, una escuela, universidad o cualquier institución educativa se supone es un lugar grande y repleto de gente. El modelo fabril de educación basado en el sistema de la era industrial que rige el paradigma actual nos llevó, desde hace muchos años, a pensar en la infraestructura para el aprendizaje en términos de economía de escala y la estandarización para asegurar cierto nivel de calidad.

Esto dio lugar a edificios educativos faraónicos, aulas donde caben cientos de personas, escuelas de miles de alumnos, hasta incluso ‘ciudades universitarias’. Este tipo de espacios son muy costosos de construir y mantener, y sobre todo demandan mucho tiempo hasta que pueden estar operativos. A la vez, generan que el aprendizaje sea impersonal y difícil que pueda responder a las necesidades individuales de cada alumno.

Sin embargo, el futuro depara una vuelta a las bases, a espacios pequeños y de poca gente, como lo fue en gran parte de la historia de la enseñanza, pero con la posibilidad de contar con que la educación llegue a todos. Esto se debe en gran medida al mayor acceso a la información y al avance de la tecnología.

Esto permite ir hacia un modelo de micro-escuelas que, salvando las evidentes diferencias, tienen algunas de las virtudes que ha sabido explotar la conocida cadena de cafeterías estadounidense Starbucks, logrando un crecimiento a escala global y contar con presencia en cada esquina. Virtudes como reducir los costos y tiempos de apertura y mantenimiento de espacios, la posibilidad de probar, medir y corregir innovaciones sobre la marcha, sistemas de gestión y servicios administrativos y operativos centralizados, captura de todo tipo de datos para toma de decisiones, y ambientes amigables y confortables para las personas.

Sumado a esto, las micro-escuelas permiten generar un aprendizaje más especializado y con verdadero seguimiento por alumno, una vinculación más estrecha con la comunidad y la sociedad a partir del uso y tercerización de los espacios ya existentes, y la posibilidad de invertir en uno de los pilares de la educación: los maestros, los tutores.

Si bien las micro-escuelas son parte del futuro de la educación, hoy ya existen ejemplos de organizaciones que están poniendo a prueba este modelo. Dos de ellas, ambas originarias de Estados Unidos, valen la pena mencionar:

  1. AltSchool: una organización fundada por un emprendedor con dos compañías tecnológicas vendidas a Google en su historial que se propuso actualizar al siglo veintiuno la educación primaria y secundaria, justamente a través de tecnología. Creó así una red colaborativa de micro-escuelas, de entre 80 y 150 alumnos, con una sede central de administración, operaciones y en particular de desarrollo de software que mejoren la gestión y el aprendizaje. El foco de AltSchool es poder adaptarse a las necesidades de cada alumno, razón por la cuál los mismos son separados en clases sin importar su edad sino su habilidad, con bajas tasas profesor/alumno, maestros correctamente preparados y equipados con las mejores herramientas, y el trabajo con aliados de las comunidades que rodean las escuelas.
  2. Minerva: este proyecto creado en 2012 tiene por objetivo re-inventar la educación superior. En Minerva buscan ofrecer una educación de alta calidad al estilo ‘Harvard‘ por menos del 40% de sus costos. Esto lo logran a partir de una tecnología de aprendizaje en línea desarrollada por ellos mismos, combinada con clases presenciales que se realizan en las residencias que poseen en las distintas ciudades donde se desarrolla el programa de 4 años y otras infraestructuras ya existentes en estos lugares. De esta forma, se concentran en la experiencia de aprendizaje y enseñanza, que es global e inmersiva, y no en mantener enormes ‘campus’, estadios y demás que inflan los costos de la educación. Cada grupo de alumnos está compuesto por 19 o menos por profesor y se busca que el 70–80% sean extranjeros. Si bien estos proyectos, y muchos otros, están en sus fases iniciales, de a poco marcan el camino. Muchos de los problemas de la educación actual tienen su fundamento en la obsolescencia del sistema, y si bien las micro-escuelas no son la solución final a estos, presentan una oportunidad rápida y a menor costo para aprender sobre el futuro de la educación.

Se viene un futuro entonces donde encontrar una escuela sea tan fácil como encontrar un Starbucks: una en cada cuadra. Espacios que volverán a hacer que aprender para los niños no sea solamente una responsabilidad sino una experiencia increible, y que los padres puedan realmente involucrarse sin ser ‘uno más’, con la posibilidad que la educación de sus hijos se vaya adaptando en función a como sus vidas familiares evolucionan en un mundo de constantes movimientos.

Y ustedes, ¿que opinan? ¿Conocen otros ejemplos? Abro el debate y la seguimos en la próxima.


por Nacho Puig Moreno
@chonapuch

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