Corbetas Atrevida y Descubierta

Generalmente, todos conocemos las aventuras de capitanes célebres como el inglés Cook pero, sin embargo, si preguntamos por la calle el nombre de Alejandro Malaspina, sinceramente, poco gente, por no decir nadie, será capaz de identificarlo aunque solamente sea de oídas. Es, quizás, la maldición que suele reservar la Historia de España con aquéllos que, en cierta manera, fueron auténticos referentes y pioneros en la investigación del siglo XVIII, sobre todo, la que lleva asociada la aventura.

Por eso, es muy triste observar que ningún medio de comunicación se haya hecho eco del aniversario de la llegada a España, un 21 de septiembre de 1794, después de cinco años de travesía a lo largo del mundo, de la llamada Expedición Malaspina. Una de esas expediciones donde se mezclaba una de esas tripulaciones que pocas veces se han visto a lo largo de la Historia. Marineros, soldados y la “flor y nata” de una joven generación de investigadores pioneros en todos los campos (botánicos, geólogos, zoólogos, astrónomos, cartógrafos e incluso “analistas políticos”) que buscaban un mayor conocimiento del Imperio español, del Imperio donde no se ponía el sol.

Ruta de la expedición Malaspina

Quizás, por el momento histórico que estaba atravesando España, con una Revolución Francesa convulsionando las mentes de Europa, su llegada no tuvo la repercusión esperada y, además, estuvo salpicada por el proceso judicial contra Malaspina que fue acusado de conspiración. Una acusación que le acarreó una condena de 10 de años de prisión.

La ingente información científica que la Descubierta y la Atrevida (las dos corbetas que participaron en la expedición) traían en sus bodegas fue catalogada y aparcada en los almacenes sin permitir su publicación. Aquel enorme esfuerzo para recabar toda aquella información, sin precedentes en Europa, cayó en el olvido de los burócratas.

Retrato de Alejandro Malaspina.

Son muchas las teorías que intentan explicar semejante ostracismo e injusticia para con Alejandro Malaspina pero, sin embargo, todo parece indicar que las conclusiones que recogía su informe sobre la situación política de las colonias, donde abogaba por una revisión del pacto colonial y una concesión de autonomía para las mismas, no gustó en demasía. Es más, dicho informe, nunca se publicó y ni mucho menos sus conclusiones. En los tiempos que estaba viviendo Europa, con una Revolución expandiéndose como la pólvora, había pánico a un posible contagio de las ideas de igualdad, fraternidad y libertad. Por eso, en cierta manera, la desgracia para Malaspina.

Los acontecimientos le acabarían dando la razón en la siguiente década cuando los revolucionarios americanos (donde figuras como Simón Bolívar, San Martín, Sucre, Santiago Liniers, etc. se harían célebres) imbuidos por las ideas que venían de la vieja Europa decidieron emanciparse y alejarse de la metrópoli aprovechando la situación de vacío de poder provocada por la Guerra de la Independencia.

Es, por eso, que personajes como Alejandro Malaspina merecen ser recordados como aventureros pero, sobre todo, como hombres de ciencia que buscaban solucionar o, por lo menos, aligerar la enorme cantidad de problemas que asediaban al “gigante con pies de barro” que era en esos momentos el Imperio español.

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