¿QUÉ ES UN ANÁLISIS DE INTELIGENCIA?

Vivimos en un mundo donde acceder a la información se ha tornado una tarea sencilla y poco costosa; no en vano se ha denominado al siglo XXI la era de la información. Cualquier individuo con acceso a internet o a cualquier red pública de bibliotecas puede fácilmente obtener datos de temas que hace apenas 30 años estaban reservados a las elites intelectuales. Pero paradójicamente, esta nueva característica de la sociedad contemporánea no ha hecho más fácil la comprensión de la realidad, más bien todo lo contrario, puesto que no solo puede suponer una tarea abrumadora obtener toda la información sobre un tema concreto, sino que en muchas ocasiones no se disponen de las herramientas necesarias para evaluar o procesar los datos para dotarlos de utilidad. Este hecho puede generar en primera instancia, interpretaciones o percepciones erróneas de cómo debemos proceder, así como incubar una falsa sensación de conocimiento, que puede llevarnos a inhibirnos de la realidad, alienando nuestros objetivos de los resultados obtenidos.

Así pues, mediante el análisis de inteligencia, se recolecta, procesa, analiza y se transforma la información o los datos brutos en conocimiento, otorgándole un valor añadido. La inteligencia es en sí misma un medio y un fin; es el proceso mediante el cual recolectamos, analizamos y transformamos la información y es, a su vez, el producto final dotado de valor y utilidad para hacer más sencilla la tarea de toma de decisiones.

El objetivo final del análisis de inteligencia no es generar grandes teorías o conocimiento, desde una perspectiva académica, sino la de facilitar la comprensión de la realidad para apoyar a los decisores, ya sea en el ámbito público o privado. Como es bien sabido, años atrás se dejó la concepción del actor como un ente unitario y racional capaz de tomar decisiones con un amplio conocimiento sobre la realidad que le permitía moverse sobre terreno seguro. Esta imposibilidad epistemológica de ser conocedor de todos los aspectos que rodean al actor, no tiene porqué ser sinónimo de “dar palos de ciego”, sino la de comprender las características intrínsecas de la realidad social y actuar en consecuencia. Por ello, un análisis de inteligencia no debe partir de la asunción de que tiene todo el conocimiento sobre todos los aspectos de la realidad; más bien debe, procesar la información para escoger aquellos aspectos que tengan una probabilidad mayor de ser, efectivamente conocidos. Ya que, ante todo, un análisis de inteligencia es pragmático, el conocimiento generado debe responder siempre a unas necesidades y consumidor específico. El conocimiento que genera un análisis de inteligencia debe ser el recurso más importante a la hora de tomar una decisión o llevar a cabo una acción concreta; desde esta perspectiva, de nada serviría realizar un análisis demasiado complejo u obtuso. La simplicidad debe premiar siempre antes que la complejidad, ya que, es siempre mejor conocer pocos aspectos de una realidad social que intentar abarcar a todo el entramado de la realidad y generar un análisis pobre en la práctica. Como bien es sabido: quien mucho abarca, poco aprieta.

Adrià Camino,

Consultor en Resolución de Conflictos y Gestión de Crisis