Encuentros lúdicos

Me encontré hoy con un documento que no recordaba haber traducido … y así, nada más, se los comparto:

Acción sin imposición
Beba Restelli
Traducción: Adriana Camarena

Continuamente escuché a Munari repetir la frase de Lao Tsé “Acción sin imposición” a maestros, educadores, papás que tenían mucha curiosidad del increíble éxito de sus laboratorios, de su gran capacidad para estimular, interesar e involucrar a los niños (y no solo a ellos)…

Lo verifiqué personalmente en innumerables ocasiones.

Cuando Bruno Munari venía a ‘jugar’ a mi laboratorio para inaugurar el año nuevo, el espacio no lograba contener a todos aquellos deseosos de poder observarlo de cerca en acción, de aprender ‘cómo se hace’, de escuchar sus palabras. Los niños, con sus hermanitos, sus amigos, sus papás, sus abuelos y tíos se reunían alrededor suyo, silenciosos, en ansiosa espera de iniciar el juego nuevo, mientras alguna mamá, sentada en la banca, amamantaba al recién nacido.

Sabía estar con grandes y pequeños con extrema naturalidad, siempre con la sonrisa en los labios y alguna broma lista; las manos ágiles, despiertas, con gestos precisos y sabios, mostraban como hacer sin necesidad de muchas explicaciones. Nunca lo escuché decir: “¡ahora guarden silencio!”

Tal vez en aquellos que asistían había también el deseo de descubrir cuál era el secreto… algunos lo llamaban el mago de los niños…

La frase de Lao Tsé gustó muchísimo: algunos la compartían (una vez el ‘jefe’ de una sociedad muy importante, que quiso proponer a sus colaboradores, como fiesta de fin de año, algunas experiencias creativas de laboratorio, la mandó imprimir y montar en unos sujetapapeles para que sus gerentes la colocaran sobre su escritorio y la tuvieran siempre a la vista), pero es más fácil de decir que de hacer… Además, a mi parecer, es una de esas indicaciones a la cual cada uno cree que sabe atenerse, pero más bien, casi sin darse cuenta, no lo logra.

Munari acostumbraba expresarse con frases simples, esenciales, para ser bien comprendido por todos, citando pensamientos por lo general de origen oriental. Constantemente era mal entendido “¿Está todo aquí? Fácil, demasiado fácil…”

“Simplificar es más difícil que complicar…” solía repetir el artista.

Se trata de un método hecho de acciones didácticas para involucrar a los niños en modo global y activo, dado que “con el juego los niños participan globalmente, al contrario, si escucha se distrae porque sigue pensando en otra cosa”.

Todo debe ser un juego, se aprende jugando.

Y pronto, después de la experiencia de Brera, a finales de los años 70, quiso distinguir sus laboratorios respecto de otras iniciativas análogas con su propio método.

Está aun en curso el trabajo de profundización iniciado con la recuperación del método integrando los principios originales, los aportes teóricos y metodológicos de la Epistemología Operativa elaborada por Alberto Munari y Donata Fabbri a principios de los años 80.

Pero aquí, más que una reflexión sobre el método, quisiera proponer la observación de algunas imágenes que retratan al artista junto a los niños que sugieren más. A fin de cuentas una imagen vale más que mil palabras.

Bruno Munari en acción con los niños

Aquí está en el laboratorio para la inauguración del nuevo año escolar en donde participaron niños de todas las edades con sus hermanitos, amigos y papás: momentos importantísimos de juego, experimentación descubrimiento, conocimiento y diversión junto a Munari.

Durante muchos años tuve la fortuna de compartir con él la proyección de las actividades que me proponía, la preparación y adecuación del espacio del laboratorio. La iniciativa se llamaba ‘Jugar con Munari’: el primero juego fue en 1990 ‘Una flor con amor’; en 1991 ‘Jugar con la fotocopiadora’; en 1992 el ‘Lab-Lib’; en 1993 Munari propone un encuentro de reflexión sobre el método ‘Preguntémosle a Munari’ mientras que los niños jugaban con ‘Las proyecciones directas de materiales’; en 1994 ‘Jugar con la engrapadora’ y en 1995 las ‘Tablas táctiles’.

La puesta en escena es importante para sorprender, para incitar la curiosidad y animarlos a hacer.

Para adecuar el nuevo laboratorio ideado por el artista ‘Una flor con amor’, todo el material estaba bellamente dispuesto sobre la mesa, flores, hojas, ramitas, follaje… para crear composiciones pequeñas pero hechas con amor. Y se necesita otro tanto de amor para la búsqueda y preparación de todo aquello que ocurre para el desarrollo de la actividad. La tarea del adulto es crear un ambiente rico y estimulante, transformándose en un hábil director.

El juego inicia con una pregunta. Munari dice “¿Cómo se hace para mantener de pie una flor?” Prueba apoyándola en un platito, pero se cae y entonces toma una papa partida por la mitad… Sirve para crear los ikebana que ha ideado para los niños, simplificando la técnica. En lugar del punzante y costoso kenzan propone usar papas cortadas a la mitad que se pueden perforar con palillos para después clavar las flores.

¿Cómo funciona la fotocopiadora?

Munari muestra cómo se usa la máquina. La primera cosa es conocer bien su funcionamiento, el artista pide una hoja de papel e intenta fotocopiarla pero no pasa nada; luego repite la operación utilizando una rama de bambú y entonces aparece la imagen de la rama y así sigue fotocopiando varios materiales y composiciones preparadas por los niños.

¿Cómo se usa la engrapadora?

Munari muestra a algunos niños como usarla, también en este caso es el instrumento el que protagoniza el juego. Se pone a un lado de quienes todavía no saben cómo usarla mientras otros prueban solos. Equivocándose aprenden. Deja que experimenten, que descubran por sí solos cómo se hace… en plena sintonía con el pensamiento de Piaget.

¿Cómo estar junto a los niños?

Bruno Munari ‘juega’ y experimenta junto a los niños. Busca nuevas posibilidades de transformar una hoja de papel con las tijeras: hace alguna cosa nueva que los niños todavía no conocen y que aprenden observándolo. Se sabe que los pequeños aprenden imitando a los adultos.

¿Cuál es el rol del adulto?

El adulto se acerca al niño proporcionándole ayuda técnica. No sugiere qué hacer, pero lo ayuda a resolver un problema. Aquí está otro principio didáctico: “Decir cómo hacer y no qué hacer”.

Tarea del educador –apunta Munari– es dar al niño toda la información de tipo técnico, sin sugerir temas ya predispuestos por los adultos.

Lo importante es experimentar, hacer juntos para entender. Adulto y niño, uno al lado del otro, continúan experimentando, a buscar qué más se puede hacer rasgando, cortando o pellizcando una hoja de papel…

Y con qué concentración: ¡se ve que el juego es una cosa seria!

Bruno Munari muestra un papel amarillo al que rasgó un pedazo sorprendiendo y asombrando. El niño ha sido conquistado… entró en contacto. Una propuesta de juego nacida de una acción más que de muchas palabras: una invitación a jugar y a estimular la fantasía…¡Esto, en síntesis es el método!

¿Cómo comunicar a los niños?

En lugar de contar cómo está hecha una redecilla y cuales son sus características, Munari acerca un pedacito de red delante de los ojos de una niña haciendo que descubra de inmediato la transparencia del material y un mundo de cuadritos… En lugar de largas explicaciones –sugiere Munari– es preferible “mostrar cómo se hace” con “acción-juego” perceptible a través de los sentidos.

Acción-juego para el descubrimiento de como utilizar de modo no convencional los materiales e instrumentos se puede arrugar un pedazo de papel, se puede usar la fotocopiadora para crear originales en lugar de simples copias.

“Con el juego –dice Munari– el niño participa globalmente; al contrario, si escucha se distrae porque sigue pensando en otra cosa”.

En el Lab-Lib se descubre cómo ensamblar materiales diferentes creando nuevas composiciones. También con el hule espuma y palillos se pueden hacer esculturas… Los palillos se pueden unir gracias a un pegamento especial, la plastilina y las ramas de fijan en la espuma.

Munari observa con gusto los trabajos construidos por los niños que explican cómo los hicieron. No preguntan si está bien lo que hicieron, como sucede en la escuela, sino que presentan sus obras sin temor al juicio: evidentemente fue creado un clima que lo permite.

La reflexión sobre el hacer

Como conclusión del trabajo llega el momento de la observación y la reflexión en grupo. Al hacer sigue el pensar partiendo de la pregunta “¿Qué descubrí?” y “¿Qué aprendí?

El juego inteligente, la broma y la sorpresa son parte fundamental del modo de trabajar de Bruno Munari, no solo en el arte, sino también en las propuestas dirigidas a los niños.

La curiosidad, promover el descubrimiento de cosas nuevas, aumentar el conocimiento, estimular la creatividad favoreciendo una expresión libre y autónoma, son los objetivos principales que se promueven en los Laboratorios del Método Bruno Munari.

Y cuanta concentración, seriedad, alegría y cuantas sonrisas caracterizan los laboratorios es cierto que “un niño creativo es un niño feliz”.

También el adulto es feliz cuando puede crear, Bruno Munari no perdió nunca el espíritu de niño.

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