
Cinco errores que dejaron las ollas vacías.
Escuché a la distancia el sonido de una cacerola. Sólo una. El sonido pareció frágil, incluso endeble, en contraste con el lapidario silencio de las calles y avenidas que rodean el edificio donde vivo. Por lo general, mis vecinos suelen ser entusiastas “caceroleadores”, pero en esta ocasión, ninguno de ellos se unió a la protesta. Escuché con preocupación el sonido de la única cacerola por unos minutos hasta que enmudeció. Y sólo fue silencio, como un sintoma de algo mucho más amplio, preocupante y significativo. Una respuesta tajante del ciudadano común a un liderazgo político con el cual no parece identificarse.
Desde hace varios días, varios de los partidos políticos que integran la llamada “Mesa de la Unidad democrática” convocaron un “cacerolazo” como protesta por la implementación del sistema biométrico — a través de las captahuellas — para la compra y distribución de alimentos. O al menos esa fue la intención original. La convocatoria se realizó exclusivamente a través de Twitter, desde las cuentas de diversos partidos y lideres políticos, de manera confusa y desordenada. El mensaje parecía variar de acuerdo al interlocutor: Se aseguró que la manifestación sería “el comienzo” de un renovado ciclo de protestas, un intento de articular el malestar genérico que padece el ciudadano de a pie con respecto a un nuevo tipo de control ideológico para disimular una creciente crisis coyuntural . Pero también que se trataba de una manera de demostrar la frustración general debido a las ineficaces políticas económicas del gobierno para palear la gravísima crisis económica que sufre el país. Incluso, se insistió que el hecho simbólico de tocar cacerolas, demostraba retomaban el ciclo de protestas y manifestaciones ocurridas durante los primeros meses del año. Al final, el Cacerolazo se convirtió de hecho, en un elemento concreto que permitiría comprender las inquietudes de la población y sobre todo, la forma como asumen el liderazgo político actual.
Así que, el silencio en las calles, edificios y barrios de Caracas durante la convocatoria pareció señalar de manera muy clara que la convocatoria no solo falló, sino que el ciudadano a quien estaba dirigida no asumió el rol de interlocutor de un mensaje político fallido. ¿Qué significado concreto tiene esa demostración elocuente de opinión del ciudadano que protesta? Puede haber varias interpretaciones de lo ocurrido la noche de ayer, pero creo que las más importantes, son las siguientes:
Durante casi tres meses, el país vivió una inédita ola de protestas que sacudieron calles de ciudades y pueblos en el país. Se trató de una reacción espontánea, no articulada y la mayoría de las veces desordenada, que expresó un importante nivel de desconteto no capitaliazdo por los partidos y lideres políticos tradicionales. Las manifestaciones además, tuvieron un alto ingrediente de participación de la Clase Media Venezolana, la más afectada por la gravísima crisis económica que padece el país y fue su importante y significativo poder, lo que hizo de los meses de protestas una expresión de un tipo de malestar muy especifico. El ciudadano común retomó la calle, sin dirección política y tampoco con un mensaje claro, pero con una única intención: demostrar el peso de su opinión y malestar.
El saldo de una reacción pública semejante, fue represión. El Gobierno, que se asume infalible y además, analiza a la oposición como una ruptura del férreo control al que aspira, reaccionó con violencia, abuso de poder judicial y de las fuerzas de seguridad del estado y sobre todo, de un profundo desconocimiento de la identidad ciudadana, sus deberes y derechos. En su momento más crítico, el saldo de las propuestas alcanzó casi 1900 detenidos y más de 50 muertos por circunstancias poco claras. Además, las manifestaciones, de indole esencialmente callejero, demostraron que el ciudadano se comprende así mismo con un actor político por derecho propio, más allá que como parte de una idea social más amplia.
Gradualmente y debido a una serie de factores dispares, las protestas perdieron intensidad hasta desaparecer. Muy probablemente se debió al natural desgaste de eventos de esta naturaleza o al hecho concreto, que no había una propuesta que articulara y creara una visión directa del mensaje que se enviaba desde la calle. Cualquiera sea la razón, la intensidad y después frecuencias de las manifestaciones disminuyeron y finalmente, se hicieron poco representativas, dejando a la oposición debilitada y un gobierno apuntalado en métodos violentos para autopreservar el poder que detenta.
De manera que el llamado a un tipo de protesta de indole doméstico y más allá, con una visión muy borrosa sobre su alcance y significado, no sólo llega en un momento totalmente inadecuado, sino que parece contradecir categoricamente todo el proceso de protestas que el Ciudadano sufrió durante los últimos meses. De hecho, el llamado a “cacerolear” podría interpretarse como una aproximación torpe y de hecho, una interpretación incompleta sobre lo ocurrido en los primeros meses del año en la mayoría de las ciudades del país.
Desde el año 2002, la oposición Venezolana a protestado en multiples oportunidades y bajo diversas aspiraciones políticas. Desde hechos puntuales como rechazar una modificación académica ideológica, hasta exigir la renuncia presidencial, los ciudadanos que se oponen al Gobierno en ejercicio han llevado a cabo toda una serie de manifestaciones que han intentando demostrar su capacidad de maniobra frente a la maquinaria gubernamental, la mayoría de las veces, muy limitda. Aún así, el ciudadano opositor ha intentado no sólo exigir reconocimiento y legitimidad a sus peticiones, sino además construir una plataforma concreta para enfrentar la percepción hegemónica del gobierno Chavista.
No obstante, la protesta opositora nunca ha tenido un mensaje claro. El descontento genérico que debería representar — o en todo caso, aspira a representar — parece no coincidir con propuesta o visión alguna que pueda manifestarse claramente. Por años, la oposición se ha deslizado en un lento espiral de encuentros y desencuentos, reestructuraciones y luchas internas, sin lograr construir un planteamiento claro que unifique las ideas y visiones sobre su propuesta política. De hecho, las mayoría de las veces el debate parece limitarse al medio de expresión genérico de la propuesta, más que la elaboración de un mensaje que pueda trascender al mero acto público.
La convocatoria al “Cacerolazo” demostró que no sólo el error continúa cometiéndose, sino que además, no hay una interpretación coherente sobre la temperatura y el ánimo del malestar del ciudadano que protesta. En otras palabras, un desconocimiento directo de la visión del ciudadano que protesta y el mensaje social que podría convocarlo.
El chavismo suele manejar las decisiones políticas desde la óptica concreta del beneficio o prejuicio político que pueda acarrarle determinada decisión. Luego de haber analizado el rechazo incluso en sus propias filas de la propuesta del sistema biométrico, Nicolás Maduro y el Superintendente Méndez han reformulado el planteamiento del uso de Captahuellas a un nivel mucho menos agresivo de la propuesta original: plantean que podría tratarse de un decisión voluntaria del comercio que desee usarlas, que no exigirá una fecha concreta de instalación y que podría sólo abarcar 23 productos de la cesta básica. La nueva visión sobre el tema y el hecho que aún se encuentre en discusión, pudo erosionar el motivo principal de la propuesta y diluirlo en una inmediata discusión sobre los efectos de la opinión callejera con respecto a la eventual implementación del sistema. En otras palabras, el núcleo concreto sobre el tema que sostenía el llamado a la protesta, pareció diluirse y además, desmoronarse ante una nueva discusión del planteamiento central.
- El limitado alcance de las Redes Sociales como medio de convocatoria: De los convencidos para los convencidos.
Debido al clima de censura que padece el país y a la exclusión de la oposición de los Medios de Comunicación tradicionales, el llamado a protestar se llevó a cabo exclusivamente a través de Twitter, lo que limitó de manera drástica su alcance. Y es que Venezuela, las redes Sociales — Y en especial Twitter — parecen dirigirse sólo a una audiencia especifica: la oposición tradicional. Por supuesto, el fenómeno de la penetración gubernamental en la red Social, puede socavar la base de participación de la oposición dentro de la mundo 2.0 pero aún así, la gran mayoría de los usuarios — y receptores de la convocatoria — es el mismo grupo segmentado que participa en protestas e iniciativas opositoras. En otras palabras, la convocatoria sólo llegó a los ciudadanos que interpretar la protesta como una expresión personal de descontento y no, a quienes podrían brindarle una interpretación social distinta.
La MUD, como instancia electoral que intentó reunir a partidos de diversas toldas políticas, tuvo una gradual importancia durante momentos muy específicos de la confrontación política Venezolana. No obstante, su permanencia, significado y duración no sufrieron una necesaria evolución hacia un órgano político mucho más amplio y de funciones menos especificas. La inmediata consecuencia de eso, fue el hecho de no representar de manera clara los intereses del electorado y aún peor, no lograr articular una propuesta política basada en la idea de la unidad que sostiene su existencia. Así que como una propuesta política plural, la MUD carece de verdadera representatividad y lo que es peor, es incapaz de interpretar el lenguaje político del ciudadano de la calle, cosa que la convocatoria fallida al “cacerolazo” pareció demostrar.
Es evidente que hay múltiples razones más que las que expongo en este breve análisis que podrían explicar el motivo del Silencio de las Cacerolas la noche de ayer. No obstante, el gesto dejó claro que el ciudadano aspira a otra forma de expresión no sólo de su descontento sino la reafirmación concreta de su identidad política. ¿Ocurrirá? ¿Los partidos políticos lograrán asumir su rol histórico como interlocutores de una conclusión elemental de la aspiración mayoritaria? Probablemente nadie tenga respuestas para tales cuestionamientos, pero es necesario asumir que lo ocurrido anoche, demuestra que el ciudadano aspira a tenerlas. Una manera de comprender al país real y más allá, la necesaria propuesta política que necesita para expresar su opinión social.
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