De nuevo, a la calle. Brevísima declaración de principios.

Mañana, 1 de septiembre, marcharé de nuevo por las calles de Caracas.
Luego de dos años sin hacerlo. 
A pesar de mis dudas, la incertidumbre, las interminables preguntas, el insistente cinismo. 
Marcharé a pesar del miedo. Que siempre me atormenta, que está en todas partes. 
Marcharé a pesar de lo mucho que me cuestiono la validez de la vía electoral. Del recurrente pensamiento que soy una especie de rehén de una circunstancia insostenible. 
Marcharé a pesar de mis achaques, mis excusas y justificaciones. Marcharé porque debo hacerlo.

Lo haré porque es la única manera en que tengo de expresar mi desconcierto. Tomar la calle, como una ola. Como una multitud de dolientes de un país en agonía. Lo haré porque estoy furiosa, decepcionada, frustrada, aterrorizada. Porque me produce pánico el futuro en un país donde el poder no me reconoce como ciudadana, que me menosprecia, que me arrebata incluso el gentilicio a conveniencia.

Voy a marchar, a pesar que sea inútil en apariencia. Aunque la propaganda gubernamental lo convierta en un logro menor. Aunque desaparezca en las miles de noticias diarias.

Voy a marchar a pesar del temor y la posibilidad de las balas, de la represión, de la prisión. Voy a marchar aunque me queda muy poca esperanza en una solución pacífica, aunque comienzo a admitir que quizás Venezuela ya no puede ser mi casa grande.

Lo haré de luto. Lo haré en silencio. Lo haré cansada, agotada, agobiada. Con tanto temor de lo que pueda sucederme. Lo haré a pesar de las amenazas. Que seguramente me tropezaré con la violencia en cualquier esquina. Que soy carne de cañón o quizás, sólo chivo expiatorio. Marcharé sin bandera, sin colores, sin otra cosa que esta tristeza profunda que llevo en las manos como un estigma.

Voy a marchar por mi familia, la que está en el país y tiene miedo de hacerlo. Por la que se fue y a veces siento, perdí. Por todos mis amigos ausentes, por los que han muerto en estos veinte años de horror de y degradación del Venezolano. Voy a marchar por las víctimas, por los niños enfermos, por los hambrientos, por el grupo de venezolanos desesperados que comen comida a seis cuadras de mi casa. Por mi vecino que recibió un disparo y está en coma. Por mi primo que sufrió un asalto y ahora no se atreve a salir de casa. Por el muchacho que murió víctima de una granada y a quien nunca conocí. Por todos los dolientes que no conozco. Por los que me pesan y me duelen. Por mi círculo, por los silenciosos, los desesperados. Los aterrorizados. Por mi tía que no encuentra sus medicamentos, por el miedo de mi madre a morir por no encontrar los suyos.

No sé si son buenas razones. Son las mías. Y mañana, en la calle, me volveré a recordar que esto no será sencillo. Que esto es un proceso.

Pero soy terca. Terquísima. Una loca terca. Que soy Venezolana.

Y que sigo aquí.

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