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En pocas palabras: Un cierre elegante a una discusión muy vieja.

A veces la nostalgia nos juega pequeñas trampas, distorsiona de una manera casi romántica la realidad. La nostalgia, de hecho, puede ser una manera extraordinaria de transformar un hecho en un recuerdo. Entre ambas cosas puede existir una considerable distancia. Entre ambas cosas, puede existir lo necesariamente subjetivo contra el hecho irrefutable que ocurre a diario.

La primera vez que leí sobre la causa “Acción Respeto por una calle libre de Acoso”, fue mencionada por una chica en un blog, que contaba la experiencia que tuvo que vivir días antes. A ella también le chiflaron, seis obreros de una construcción y la persiguieron por casi cuatro cuadra, gritándole groserías. El terror que sufrió la chica fue tan traumático que decidió encontrar vía internet alguna respuesta — ¿Le llamamos apoyo? — y lo encontró en un pequeño grupo de mujeres que decidieron asumir que no todas las veces los nostálgicos Fiu Fiu, eran tan agradables. Que los “caiste del cielo”, “Ven preciosa” no siempre tenían que agradar a todas sólo porque a un grupo lo hiciera. Descubrió además, que su reclamo no era el único, que su incomodidad no era una excepción y mucho menos, su miedo era cobardía. Comprendió que tenía derecho a no aceptar lo que no quiere escuchar.

Más adelante, leí las cientos de pequeñas historias de mujeres tampoco les gustan una lluvia de Fui Fui. Testimonios a manos de mujeres que por libre elección, asumieron una posición concreta sobre los piropos. Sobre las palabra soeces, los halagos — por llamarlos de alguna forma — que no han pedido recibir y que tienen el derecho de rechazar. Porque es comprensible que un grupo de mujeres considere aceptable, incluso admisible el piropo, pero también lo es quienes no. Son las mujeres que escribieron cientos de carteles alusivos a las frases que deben soportar a diario, que deben sufrir cada día, a las que desean enfrentarse porque decidieron que basta ya de tener miedo.

Tan interesante como todo lo anterior, me pareció la reflexión de Zaron Burnet III en Huffintong Post, sobre el significado real de un piropo que no deseas escuchar. Luego de analizar la idea sobre el espacio emocional y físico de una mujer y como el acoso — se llama acoso, esa necesidad de agredir con tus palabras a otra persona — diserta de manera muy lúcida sobre lo permisivo y lo admisible en la sociedad:

Pensarás «Zaron, tío, espabila, tronco. El piropeo no es para tanto, ¿no estamos haciendo una montaña de ello? A algunas mujeres les gusta». Igual tienes razón, igual a algunas les gusta, pero eso no importa, a mí me gusta conducir a toda hostia, a mi sobrino le gusta fumar hierba por la calle, pero ninguno de los dos estamos habilitados para hacerlo. Así funciona el pertenecer a esta sociedad: si encuentras a una mujer que le guste que la piropeen, ve y hazlo, pero de puertas para adentro, no en público. Ahí, respeta su espacio, tanto físico como psíquico,

No te limites a ser un hombre, sé un ser humano, una persona con integridad y honor.

Una manera muy profunda de comprender una pequeña batalla cotidiana, que no tiene relación con la nostalgia. O quizás, sí, en la medida que deja muy claro que lo que se recuerda tiene muy poco que ver con lo realmente ocurre en la vida real.

Para leer:

El estupendo artículo de “La cultura de la Violación: Una guia para caballeros” de Zaron Burnett.

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