Rueda la Pelota: El primer pitazo decepciona.
Y la ceremonia Inaugural del Mundial fue un combinación de pésima organización, una propuesta deslucida y rutinaria y lo que es aún peor: lo bastante aburrida como para que el atuendo de Pitbull fuera lo más remarcable del tema.
Probablemente, a nadie sorprendió especialmente la profusión de elementos autóctonos ni mucho menos, la insistencia de los organizadores de mostrar ese lado “Humanista” de un Mundial controversial y políticamente incorrecto. Lo que si sorprendió fue la escasa creatividad y sobre todo, la pobre muestra escénica de un espectáculo que se esperaba al menos lo bastante pintoresco como para recordar el espíritu festivo de un país reconocido por chispeante vitalidad. Pero en esta ocasión, Brasil decepcionó. La cortísima ceremonia, que mostró grupos de bailarines disfrazados para homenajear lo que se llamó “la conciencia ecológica Brasilera” no convencieron a nadie y sobre todo, asombraron a propios y extraños, que justicia esperaban una celebración acorde a una organización que ha sido criticada por despilfarrar recursos con pobres resultados. Como un recordatorio de la idea, el Opening pareció torpe, mal organizado y lleno de pequeñas muestras de torpeza que dejaron claro que Brasil 2010 no las tiene toda consigo.
Un narrador argentino comentaba que quizás, Brasil trató de demostrar que el Mundial, tachado insistentemente con un espectáculo fatuo en medio de una crisis económica preocupante, trataba de demostrar que los organizadores se tomaron en serio las críticas y decidieron recortar costos y hacer un discreta muestra de cultura local en lugar de fastuosidad. Pero en realidad, el problema no parece ser la cantidad de dinero invertido — o no -en la ceremonia, sino la poca habilidad de sus creadores para mostrar ese Brasil risueño y feliz que recibe al mundo con los brazos abiertos. ¿Una muestra de lo que espera en un mes de competencia?
Para la historia: mientras la cámara se regodeaba en el escultural trasero de la Lopez, el público mundial perdió la oportunidad de ver un exoesqueleto — considerado milagro médico — que permitió a un joven con graves incapacidades físicas dar la primera patada del torneo. Lo dicho: El espectáculo se desplomó por puro aburrimiento.