El café ya no alcanza, se enfría.

Los cigarros me abandonan, se consumen.

Tus pensamientos tanto me consumen como se consumen.

Le doy «play» a aquella canción que me recuerda a ti, te recuerdo, más ya no te siento.

Me encuentro sola, al ras del suelo, contra una puerta ya cerrada, con una taza de café ya frío, y un cigarro que apenas humea.

¿Una señal tal vez?

Me aferro a recordarte cuando mis recuerdos ya no quieren ser recordados.

Todo se acaba.

Mi pregunta es, ¿Qué día será el que tú te acabes?.

¿Cuándo termina este derecho a recordarte? A recordarnos.

El café frío no sabe igual que el que humea.

Tantas manos me han sentido ya, que las tuyas se desvanecen de mi piel.

Creo que hoy amanecí un poco olvidadiza, debería aprovechar.

Por favor déjame hacerlo.