Mañana se cumple el mes.

Te sigo sintiendo, adentro.

Ya no de mi cuerpo, sino sólo en mis entrañas.

Las noches se han vuelto casi imposibles.

Indomables, interminables.

Me dejaste con la necesidad de sentirte, de tener tu piel rozando la mía y de la ansiedad que dejaron tus manos naufragando en mi cuerpo.

La luna, te recuerdo.

Me toco, te recuerdo.

Pintó mis lunares, te recuerdo.

Trató de dormir, te recuerdo.

Mi ritmo cardiaco se acelera, te recuerdo.

Gemir se ha vuelto casi imposible.

Me receto una máquina del tiempo. He llegado a la conclusión, que esa, es la solución a lo que me está carcomiendo.

¿Qué sería del tiempo si pudiera regresarlo?

¿A dónde lo regresaría?

¿A cuando te conocí?

¿Al día de nuestro primer mensaje?

¿A nuestra primera apuesta?

¿Al día en que me di cuenta que no podía sostenerte la mirada porque me dabas vértigo?

¿A cuando hablábamos sin parar por mensajes?

¿A ese día de mi cumpleaños en el que no me habías felicitado y enloquecí en un bar, aventando latas?

Cuando cinco minutos antes de que este acabara mandaste un mensaje.

¿A cuando grite tu nombre como idiota en los dos sentidos que me quedaban, en un concierto, con miles de personas, con la esperanza de que ahí estuvieras?

La misma vez que me besé con todo aquel que tuviera tu nombre, solo para probarme que no era yo, y que efectivamente eras tú.

¿Al día en que te dije que me daba miedo fumar mariguana en el cuarto de un hotel, contigo?

¿Al día que te marque por teléfono y colgué, seguido de un mensaje de: perdón me equivoqué de numero. Despertando y viendo tres llamadas perdidas, tuyas?

Mierda, ojalá las hubiera contestado.

¿A cuando me ignorabas por completo?

¿A cuando sabía que no estabas en la ciudad y me negaba a salir, porque sabía que no iba a encontrarte?

¿A ese día en Venecia cuando me prometí a mí misma que en cuanto llegaras te buscaría y no aceptaría un no por respuesta?

¿Al día que llegaste y te vi por primera vez y solo temí tu rechazo?

¿Al día que me pediste que te pagará nuestra apuesta y preferí la tarde con otro hombre?

¿A cuando subía fotos y lo único que buscaba y que sigo buscando es tu aprobación?

¿A esa mañana cuando rehiciste nuestra apuesta?

Y yo que ya lo daba todo por perdido…

¿Al día que me fui de la cuidad y quise poner ese maldito punto final?

¿Al día que amanecí y te encontré en la historia de alguien más y se me hizo fácil, escribirte: te vi…?

¿A cuando yo estaba allá y tú acá, y pensé, no tengo nada que perder. Ahora sí, hay que vernos?

¿Al puto 30 de septiembre que me temblaban las piernas en un coche, mandado un: estoy afuera?

¿A nuestro primer beso?

¿Al día en que te escribí una carta, la queme, y traté de que esas cenizas se volvieran tu recuerdo?

¿A cuando tuve esa sensación de satisfacción, porque sabía que terminaría en tu cama?

¿Al primer día que amanecí contigo?

¿A cuando besaste cada parte de mi cuerpo?

¿A cuando enjabonaste mi cabello y lo secaste junto con mis ganas?

¿A la primera vez que tuve que abandonar tu cama?

¿A la noche que lloré en un parque sin cesar porque sabía lo que se me venía?

¿A cuando te vi entrar al bar y no puedo sacar de mi mente el destello de tu mirada cuando me saludaste?

¿A la noche que añoraba que no se terminará, y tú tratando de que no me lastimara en el colchón?

Me levante con varios moretones.

¿A nuestro último beso seguido de una estrechada de manos?

¿A cuando me bañé y me bañé y seguía oliendo a ti, y solo lloraba?

Todos estos acontecimientos ya habrían sido demasiado tarde.

Resumo cuatro años en estos párrafos obsesivos y absurdos.

Regresar todo ese tiempo no habría sido suficiente.

Cuando se trata de ti, simplemente soy insaciable.

Que efímero es el tiempo, su relatividad me causa vértigo.

Sufro de la orgía que me comprometen los instantes.

Que corto llego a ser la síntesis de nuestra historia.

De estos putos chingados años.

Hay verbo y sujeto.

Hay un desenlace que me dejó apática y vacía.

Jugando con mi cordura y la utopía de querer regresar lo irreversible.

Que ilusa, 19 años de vida y todavía no me doy cuenta que el tiempo se va y no regresa.

Es indomable.

Que cuando te conocí nunca pensé que cuatros años después me encontraría en este tiempo, lugar, ni contexto.

Añorando lo que se esfuma, lo liquido, lo que se me escapo de las manos una y otra vez, hasta el cansancio.

Una máquina del tiempo no me serviría de nada.

A lo mejor solo me tocó aprender a vivir en el tiempo verbal, presente. Y entender que solo el tiempo podrá desvanecerte. Para ya no releer nuestro tiempo verbal, pasado.

Y a tender que hay noches, personas y momentos, que solo pasan una vez, aunque por dentro te sigan pasando.