Quiero recargarme en tu espalda, que tus dedos recorran lentamente mi pelo y que ocupes tu chamarra en forma de sabana para cubrirme del frío por una ultima vez. Quiero sentir el nerviosismo tangible en tu voz, al verme aquel mediodía a principios de Noviembre, en el cual me juraba que de mi no podrías desprenderte tan fácilmente como yo ya creía haberlo hecho de ti, entre lagrimas ahora me digo “si tan solo supiera“. Quiero que me mandes fotos y me invites a tu habitación los domingos por las tardes, que me dediques canciones, que metas aquellos miedos en mi mente con las intenciones de que te llame aterrada en la madrugada y puedas tener un pretexto para acudir a mi cama. Quiero que me cobres nuestras apuestas, que me hagas pagarte nuestras noches de humo, besos, copas, risas y muchas manos. Quiero que me sigas diciendo aquellas frases y palabras que vieron nuestros inicios. Quiero que seamos aquella segunda parte que ha salido bien. Quiero que vuelvas a tocar la puerta de un extraño solo para pedirme un beso de despedida. Quiero que me hables, Quiero que me sientas, Quiero que te metas dentro de mi para que yo pueda sentir otra vez. Pero más que nada quiero regresar a aquel día de Septiembre en el que te conocí y cambiarlo todo, todo para que nuestras escenas insignificantes de meses duraran años y significaran todo. O tal vez eso no sea lo que quiera, si no que realmente lo que yo probablemente quiera es que me mires fijamente con tus labios a no más de 2 centímetros de los míos y que me jures mirándome a los ojos que no tienes que apretar los puños con fuerza más de dos veces para no besarme, que me digas que nunca sentiste nada por mi y que lo hagas fácil, que te des media vuelta y que por fin después de 18 meses me dejes poder seguir con mi vida.

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