‘Taxi Driver’, ‘Hotline Miami’ y el tratamiento de la violencia
Hace unos días pude echarle el guante a una maravillosa edición limitada de Taxi Driver con contenido extra, una caja bonita y una preciosa moleskine donde, por cierto, estoy escribiendo esto.
Aprovechando la ocasión decidí re visitar esta gran obra de Scorsese como mandan los cánones, es decir, en una butaca cómoda, en blu ray y, faltaría más, en la pantalla giganérrima de mi salón.

Ha llovido mucho desde la última vez que vi Taxi Driver, la sigo considerando una de mis películas favoritas, pero muchos “feelings” han cambiado en mi, sobre todo a la hora de ver la secuencia culmen de la película. Ese gran momento en el que Travis suelta su espiral de ira retributiva. Ese momento sigue transmitiendo e impactando como el primer día. La manera en la que Scorsese trata la violencia, de forma casi arrítmica, sin música ni florituras, marcando cada disparo y cada mancha de sangre. Siempre contemplo esa escena con la boca abierta, sin embargo, en esta ocasión lo que mas me ha impactado ha sido lo que sigue a esa escena, el momento en el que la cámara recula, magistralmente, y vuelve sobre sus pasos, sobre la matanza y la sangre.
Si, sin duda ese momento me ha marcado mucho, y me ha marcado mucho gracias al afamado videojuego de culto Hotline Miami.

Hotline Miami es un videojuego shoot’em up de corte clásico, pixel-art, desarrollado por Dennaton Games y distribuido por Devolver Digital. Sin duda alguna uno de los mejores juegos que he tenido la suerte de tocar.
Su acción tan trepidante, esa forma en la que te hace pensar, su estética tan cuidada y su rítmica música hacen de este juego una experiencia sin aristas. Pero no quiero hablar de Hotline Miami per se sino de una cosita en particular, su tratamiento de la violencia.
Hotline Miami es un juego hiper violento donde disfrutas de la propia violencia gracias a un ritmo apabullante y a unos controles satisfactorios. Su estructuras es simple; eres un asesino, entras en un edificio y erradicas toda vida humana con el propósito de recoger algo o lo que sea y, por último, abandonas el escenario.
Es en ese momento donde vemos como esta obra trata la violencia, tenemos que recorrer todo el escenario de la matanza que hemos orquestado, todo un escenario repleto de cadáveres, nuestras víctimas.
Es en este punto donde vemos como el juego trata la violencia y como se une con Taxi Driver.
Tanto en la película de Scorsese como en el gran Hotline Miami llegamos a la misma conclusión: la violencia es una mierda.
Tras la matanza, el divertimiento o la venganza, viene echar la vista atrás y ver la sangre que empapa nuestras vidas, Taxi Driver lo deja claro con su forma de narrar. La violencia no es glamurosa, no es romántica, no es épica, no es un juego. La violencia es dura y desagradable, sin embargo en Hotline Miami el mazazo emocional es aún mas contundente porque TÚ estás disfrutando de esa violencia y, cuando tu personaje vuelve la vista atrás, tú te sientes culpable al entender que todos esos cadáveres están en tu cuenta personal.
Ambas obras intentan luchar contra la romantización de la violencia, la muerte y la acción dentro de sus respectivos campos, ambas obras pretenden hacerte pensar, reflexionar y consiguen que te mires en un espejo, ¿acaso estás disfrutando de la muerte?
Taxi Driver te hace cómplice de la violencia y Hotline Miami te hace el culpable, pero cuando reflexionas, miras hacia abajo y ves la sangre manchándolo todo, sientes la importancia y el peso de tus actos.
Si un director como Tarantino hubiera rodado Taxi Driver, la violencia sería poco más que un chiste slapstick, si una desarrolladora como Activision hubiera cogido Hotline Miami habría convertido una gran obra de culto en un shooter mas.
Cada autor tiene su estilo y su fin artístico y, como jugadores o cinéfagos que somos, está en nuestra mano entender el significado detrás de los detalles de cada obra, detrás de cada plano, música o momento. Está en nuestras manos sentir estas obras, está en nuestras manos sentir la culpabilidad o el asco que nos provoca la violencia.
Está en nuestras manos.

O tal vez no.
