Pre-despedida.

Mi historia siempre va a quedar marcada por ese día en el que, sin saber lo que sucedía, sentía que se me desprendía un trozo de ingenuidad. La tóxica noticia llego el 11 de enero de 2010, sentado en un pasillo tratando de entender por qué tu alma se exilio de mi vida y la de tu familia. Durante una semana trate de exceder mis fuerzas para no pensar mas en que ya no existía tu humanidad. Pasó el tiempo y mi cabeza logro que se aliviase el peso del dolor de haberte perdido. Lamento no haber aprovechado el tiempo para conocerte mejor, seguramente fue por pudor a ser ignorado. Escribo esto para nunca mantenerte en el olvido. Ojalá exista algún lugar donde pueda verte, al menos, 10 segundos. Para darte un abrazo y despedirnos definitivamente.

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