Yo también…
Ahora 8 años después es difícil recordar todo, porque cuando terminó, decidí que no quería volver a saber nada, que lo iba a olvidar y que nunca más le daría la cara. Lo enterré y no quice volver a saber nada al respecto, me repudiaba, me causaba miedo y encima la culpa por sentir que yo era la responsable de haber dejado que esto pasara.
Pero siento necesaria la reflexión, porque todas, absolutamente todas las mujeres estamos expuestas al abuso, tanto físico, como psicológico.
Siempre fui y he sido una persona soñadora y curiosa. Encima un poco rebelde, considero que lo suficiente para mantener un buen balance.
Por supuesto quería saber que era aquello que tanto nos vendían. Siempre vi a mis papás como una pareja ejemplar y dentro de mi inocencia todo aquello que veía en la TV tenía un poco de verdad para mí.
En los estudios siempre fui una alumna ejemplar y me creí con el derecho de disfrutar mi vida personal también, porque I mean, soy un ser humano y tengo sentimientos.
Pero como en los cuentos, la magia que cubre una relación abusiva también se va.
No puedo defender el argumento de “váyase a la primera”, porque…
¿Cómo sabemos que es la primera?, al principio a veces solamente se sienten como bromas de mal gusto, pero pasajeras, al principio sólo son comentarios salidos un poco de tono, pero nada que una disculpa no pueda solucionar, pero cómo saber que esa era la primera.
Tenemos tan normalizada la violencia (en diferentes grados), que es difícil o confuso discernir entre una broma y un ataque directo a su persona.
El infierno que viví lo defendí a puerta cerrada, porque me daba miedo el que dirán de mi, una niña, inteligente, qué hace ahí, en todo caso prefería sufrir en silencio antes de perder toda la dignidad que todos percibían de mí. Ahora sé lo absurdo que suena, no estaba perdiendo mi dignidad, solamente la oportunidad de tener una adolescencia normal. Pero nadie nunca me dijo que la violencia se podía ver tal manera.
Durante este período me quedé sin amigas, porque él defendía como “insulto”que tenerlas era un acto traición y que probablemente le estaba engañando con ellas, ni tampoco podía tener amigos porque era zorra, puta y todos los adjetivos negativos que ustedes pueden conocer.
Tenía que pedir permiso hasta cuando salía con mis papás. Recuerdo 2 situaciones puntuales:
1. La vez que fui de campamento, era una gran oportunidad para mi e iba a hacer un poco del trabajo que siempre me ha gustado. Al principio aceptó, cuán padre de familia eh?, pero fue un infierno porque según él tenía que siempre estar en contacto, llamarlo y contarle todo lo que hacía. Durante el campamento me daba tanto miedo lo que pudiera pasar después, porque las amenazas eran tantas que yo ya no me sentía libre.
2. Otra vez, de paseo dónde mis familiares, el acoso fue tanto qué, me llamaba en la madrugada, me exigía devolverme y obviamente hacer solamente lo que él quería.
En este punto ya había intentado terminarlo tantas veces, pero al final la culpa y sus argumentos me ganaban la razón:
1. Si me termina me voy a suicidar
2. Me llamaban sus amigos diciéndome que estaba alcoholizado y drogado por mi culpa (en más de una ocasión)
3. Me amenazaba con que me iba a cambiar y me enviaba múltiples fotos de chicas con las que podía mantener una relación, pero, que podía hacer yo, en el fondo me sentía responsable y además con el tiempo hasta cariño le agarré.
4. Porque yo era una exagerada y todo eran ideas mías.
Con el tiempo, como terminar era un hoyo negro para mí, le decía que estaba enferma, que no podía verlo, tanto así, que hacía que vomitaba al teléfono.
El abuso era tanto, que se creía dueño de mi cuerpo y que podía hacer con el lo que él quisiera, entonces si, también sufrí abuso físico, porque más de una vez hice algo que no quería, pero bueno él decía que era mi responsabilidad que fuera feliz, que era por el bien de la relación, que los hombres tienen necesidades.
Pero aún así no podía terminar, porque en el fondo también creía que lo quería y que podía hacer que esto funcionara, pero no. Pero yo no sabía cómo salir de esto.
Fue hasta un año después, cuando salí a un concierto con unos amigos, por primera vez en un año, me fui sin pedir permiso, me fui sin decir nada, salvo mis papás.
Me llamó más de 30 veces y todos sus mensajes eran comentarios abusivos y super violentos, nunca se me va a olvidar cuando me dijo "Sola las mujeres " tierrosas" van a ese tipo de eventos". Comentario al cual ya no pude hacer caso, si ser libre significaba que era puta o tierrosa, pues lo era, pero no iba a dejar de hacer las cosas que me gustaban, solamente por una persona, que en un año y algunos meses, me hizo la vida un infierno.
Pero uno no se da cuenta de lo jodido que se está hasta que se sale de ahí, porque cuando volví a hacer amigos (porque tuve que empezar de 0 otra vez), les pedía perdón o permiso por situaciones que nada que ver. Y es tan jodido, que a veces hoy, 2019, todavía me pasa.
Pero no crean que el infierno terminó ahí, año con año, me seguía atormentando con mensajes y llamadas a las 2 am, hasta el año pasado, que tuve el valor de decirle que por favor no se acercara nunca más, ni a mí, ni a mis conocidos.
Reconocer que estuve en una situación de violencia es difícil, pero reconocerlo en el momento es casi imposible, porque nos aferramos a la idea de que el mañana será mejor, que con el amor y cariño incondicional las cosas quizás pueden cambiar para bien, pero no, es únicamente un círculo eterno de violencia y esperanzas sin futuro.
Nos aferramos a la idea de "si yo soy una persona de bien, porque él no, qué estoy haciendo mal", cuando en realidad no estamos haciendo nada mal.
Entonces me enoja muchísimo cuando, ustedes los hombres utilizan y defiende su posición con el #notallmen.
Los invito a hacer un examen de conciencia, de velar por sus amigos y cambiar esos comportamientos tóxicos de quienes son sus allegados.
Porque cuando yo estuve en esa situación, a pesar de que sufría, sus amigos le afirmaban, que yo era la culpable, simplemente porque no quería / podía cumplir y ser a su manera.
Corrijan sus comportamientos y los de los demás, una broma que hiere no es amor y es el principio de una red de violencia que puede culminar de manera fatal.
Que el orgullo no nos gane para corregir nuestros comportamientos machistas y que cada día aprendamos más, aprendamos a comportarnos con respeto, convivir cómo seres humanos y apreciar la vida como única e irreemplazable.
