Desamparados latinos malviven en campamento frente Ayuntamiento de Santa Ana

Por Aitana Vargas/Agencia EFE

16 de marzo de 2016, Santa Ana/EFE. – A pesar de ser una de las regiones más prósperas del país, el condado californiano de Orange no ha logrado contener el aumento de desamparados, especialmente en Santa Ana, ciudad donde el 78,2 % de la población es latina.

En el centro de la ciudad, flanqueado por el ayuntamiento, el centro cívico y el edificio del defensor público, se extiende un asentamiento de tiendas de campaña que se ha convertido en el hogar improvisado de 532 desamparados, según la última cifra facilitada por 211 OC, una organización sin fines lucrativos local.

En medio de estos, nadie sabe con exactitud cuántos latinos viven en este campamento, pero se estima que su número oscila entre 150 y 250.

Uno de estos “sin techo” es el mexicano E. Romano, cuyas pertenencias se cuentan con una sola mano: una bicicleta vieja, varios periódicos, una botella de agua, un paraguas y la poca ropa que lleva puesta.

“Hay veces que le llega a uno la tristeza, la soledad, pues uno no se imaginó pasar por este tipo de cosas (ser un desamparado). Si yo lo hubiera sabido, a lo mejor no vengo para acá porque allá (en México), bien o mal, tengo casa”, aseguró a Efe Romano, quien además se encuentra en situación migratoria irregular.

“El problema es que allá ahorita también el trabajo está escaso y hay mucha delincuencia”, agregó.

Romano lleva más de una década sin hogar estable. Trabaja esporádicamente como obrero de la construcción y nunca sabe si le van a volver a llamar o cuándo. Tampoco sabe a qué hora o qué día podrá llevarse alimento a la boca.

“Puedo trabajar dos o tres veces a la semana, a veces un día, hay veces que ningún día. Hay veces que dos, tres días, por mes. O hay veces que ni un día en un mes”, lamentó el mexicano con la voz quebrada.

Los días que Romano logra una pequeña “chamba”, deja sus pertenencias bajo el cuidado de otro desamparado latino, que también vive en el asentamiento del centro cívico, a quien entrega cinco dólares o le compra unos tacos al final del día.

En fechas señaladas, algunos representantes eclesiásticos y activistas solidarios se acercan por la zona y reparten alimentos entre los desamparados. Mitigan el hambre, pero no alimentan las posibilidades de que alguno de ellos pueda reinsertarse a la sociedad.

“Algunos latinos que hay aquí (en el campamento) sí tienen papeles, pero están mayores y están enfermos”, explicó el mexicano, que también reconoció sufrir “problemas mentales”, “traumas” y “complejos”.

Y es que cerca del 20 por ciento de la población sin techo sufre algún tipo de trastorno mental, según estimaciones facilitadas por Karen Williams, presidenta de 211 OC.

En su organización se trabajan las 24 horas del día para atender gratuitamente las llamadas de individuos con necesidades muy dispares.

Algunos solo requieren alojamiento, mientras que otros necesitan además alimento, asistencia médica, asesoría legal, ropa u otros servicios.

Los trabajadores sociales, que hablan español e inglés, conectan a los individuos con otras agencias que pueden brindarles los servicios específicos requeridos. La conversación e información facilitada por el usuario siempre son confidenciales.

De las llamadas recibidas, el 38 por ciento procede de latinos, explicó Williams. El 71 por ciento de estos hispanos vive en Santa Ana, el 31.75 por ciento necesita un hogar y el 9.49 por ciento busca alimento.

“Conforme ha mejorado la economía, hemos visto los alquileres encarecerse, y con ello, la gente que apenas se mantenía a flote está empezando a perder su apartamento y vive en el coche”, explicó Williams.

“También hemos visto un aumento (en desamparados) debido a la proposición 47, ya que la gente está saliendo de la cárcel antes”, matizó.

Williams relató que la crisis de desamparados que sufre el condado de Orange y la falta de albergues también ha empujado a algunos sin techo a cavar cuevas en el lecho del río, algo de lo que ella misma ha sido testigo.

“Una de las preocupaciones que tengo para Santa Ana es el desarrollo, la gentrificación. La gente que va a tener que salirse de su casa no podrá permitirse alquilar una vivienda asequible, porque no la hay”, aseveró.

“Si queremos resolver este problema, toda la comunidad se tiene que implicar”, concluyó.


California no alcanza a dar cobijo a sus miles de indigentes

Por Aitana Vargas

26 de marzo de 2016, Los Ángeles/EFE – Conocida por ser la meca estadounidense de la industria cinematográfica, por sus playas paradisíacas y por estar a la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial, el estado de California también lleva años lidiando con una crisis de desamparados que aún no ofrece visos solución.

En el “Estado Dorado” se concentra el 21 % de los 564.708 indigentes que se contabilizan en el país, según datos recientes del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos (HUD).

Padecimientos crónicos como el alcoholismo y la drogadicción, así como transtornos mentales y la creciente incapacidad de pagar un alquiler, que en algunas áreas se encarece de forma vertiginosa, son algunas de las causas que han empujado a 115.738 personas a las calles de ciudades como San José, Los Ángeles, San Francisco y Santa Ana.

“Un problema que vas a encontrar en el condado Orange y en la gran mayoría de áreas en estados orientales y sureños es que no solemos tener el número adecuado de refugios de emergencia para la gente”, explicó a Efe Karen Williams, presidenta de la organización 211 OC, que trabaja con las autoridades estatales para que la indigencia no sea “invisible”.

Con una tasa del 64 %, California es el estado con la mayor población de desamparados sin plazas en albergues, una situación que obliga a los indigentes a improvisar refugios de cartón en las aceras, instalar tiendas de campaña en medio de las avenidas o parques públicos, o amontonar sus pertenencias en las paradas de autobuses.

“En el condado de Orange tenemos principalmente refugios de emergencia estivales, que van de finales de noviembre a abril”, reveló Williams, quien resaltó que el comité de supervisores de este condado haya aprobado comprar una propiedad en Anaheim que será utilizada para estos fines.

La experta precisó que la indigencia en California genera reacciones diferentes en relación a otras partes del país, debido al efecto que ella denomina “fotografía en la portada de un periódico”.

“Cuando tienes una fotografía de una persona que se ha muerto de frío y esa foto está en la portada de un periódico, toca el corazón y la gente dice: ‘tenemos que hacer algo’”, explicó.

En Los Ángeles, considerada la capital de los indigentes de la costa oeste, miles de desamparados malviven arraigados en el corazón financiero y, en particular en Skid Row, una de las zonas con la mayor densidad poblacional de personas sin hogar del país.

“No se asoman aquí. Más bien, están de pasada”, explicó a Efe Julio Umana, agente de seguridad de un negocio de joyas a pocas calles de Skid Row, quien manifestó que los desamparados no suponen una amenaza para los residentes o comerciantes del área.

Según HUD, más de la mitad de los indigentes en el país se concentran en cinco estados: California (21 %), Nueva York (16 %), Florida (6 %), Texas (4 %) y Maryland (4 %).

Para combatir el problema, en junio de 2010 se puso en marcha “Abriendo Puertas: Plan estratégico federal para prevenir y acabar con la indigencia”, una iniciativa nacional que ha establecido alianzas con agencias y socios estatales, y que en California tanto ésta como otras similares ha dado resultados mixtos.

Aunque entre los años 2007 y 2015, el estado fue el que más redujo el número de personas “sin techo”, con 23.248 menos, en el período 2014/2015, la indigencia creció un 1.6 % y situó a la región como el segundo estado con el mayor crecimiento de desamparados, solo superado por Nueva York.

Con miras a atajar esta problemática, a finales del año pasado el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, decretó el estado de emergencia con el fin de movilizar más fondos y aumentar las plazas en albergues para indigentes.

San Francisco, el corazón mundial de la innovación tecnológica, intenta emular los pasos de su par californiana, aunque con menos éxito después de que el pasado martes descarrilaran los intentos por declarar el estado de emergencia en esta ciudad, en la que de acuerdo a datos oficiales se contabilizan 7.539 desamparados.

En Santa Ana, situada en uno de los condados más prósperos del país y con un 78.2 % de latinos, la crisis de desamparados ha puesto a prueba a las autoridades tras la acampada que han protagonizado 532 personas sin hogar en pleno centro urbano.

Los indigentes, entre los cuales se estima hay cerca de 200 hispanos, se han apostado en un área en la que se hallan flanqueados por el ayuntamiento, el edificio del defensor público, la oficina de finanzas y el centro cívico.

La presión social podría estar empezando a hacer mella en las autoridades estatales, las primeras en ser señaladas cuando los ciudadanos critican que el aumento del coste de vida en el país no vaya de la mano con un mayor poder adquisitivo.

“California es una de las áreas más costosas en las que vivir y los salarios no han aumentado para la mayoría de la gente”, lamentó Williams.


Las bibliotecas públicas, santuarios para los indigentes

Por Aitana Vargas

22 de agosto de 2016, Los Ángeles/EFE — Además de fomentar la lectura, la cultura y de facilitar el acceso a internet, las bibliotecas públicas se consolidan como “santuarios” que brindan servicios y asistencia a decenas de miles de indigentes.

“Las bibliotecas son muy conscientes de sus responsabilidades hacia toda la comunidad y deben ir más allá del simple hecho de permitir al indigente entrar en ellas y leer”, aseguró a Efe Julie Todaro, presidenta de la Asociación Americana de Bibliotecas (ALA).

La ejecutiva explicó que la función de las bibliotecas se ha ido expandiendo en los últimos años para aliviar las necesidades de los más de 574.000 desamparados que pasan la noche a la intemperie en las calles del país.

Y es que, al llegar el día, además de un lugar donde escapar de las inclemencias del tiempo, los indigentes requieren un lugar donde cargar el teléfono móvil, beber agua, recibir asistencia para buscar un empleo, aprender a hacer un currículum u orientación sobre dónde conseguir cupones gratuitos de comida.

“Hay programas con características distintas en todo el país. Mientras que unas bibliotecas crean sus propios programas de forma individual, otras se asocian con agencias especializadas en salud mental, en servicios sociales o con organizaciones religiosas locales”, aseveró Todaro.

Este último es el caso de la Biblioteca Pública de San Francisco, que en 2009 se alió con el Departamento de Salud Pública y echó a andar un programa pionero de asistencia a indigentes que ha servido como “inspiración” para otras bibliotecas de Estados Unidos y Canadá.

“La biblioteca quería ampliar los servicios que ofrece a los indigentes y tener expertos en el área de servicios sociales que entiendan las necesidades que esta población tiene”, aseguró a Efe Leah Esguerra, la primera trabajadora social del país contratada por una biblioteca para brindar ayuda a los más necesitados.

A través de la iniciativa, los desamparados reciben información personalizada sobre dónde encontrar viviendas permanente, solicitar una plaza de albergue, a dónde acudir para recibir cupones alimenticios y ducharse o cómo solicitar otras prestaciones sociales.

Algunos incluso comparten sus problemas médicos con los trabajadores sociales y piden ayuda para superar una adicción a las drogas o el alcohol.

“Nos sentamos con ellos, evaluamos sus necesidades y nos aseguramos de que acceden a los servicios que requieren”, dijo la psicóloga.

Con el fin de establecer una mayor cercanía con la comunidad de indigentes, la biblioteca cuenta con seis trabajadores que en el pasado también fueron sin techo. Los empleados comparten sus historias con los desamparados para mostrarles que es posible recuperarse de los momentos más difíciles.

Para Esguerra, el éxito del programa radica principalmente en saber cómo acercarse a los indigentes que llegan al centro en busca de ayuda pero rechazan pedirla.

“Nos acercamos a ellos, pero nunca les preguntamos si son indigentes, solo les informamos de los servicios sociales que hay a su disposición en la biblioteca”, explicó.

“Queremos que reciban ayuda pero no exhibirles, así que respetamos su derecho a la privacidad. Les dejamos que encuentren un rincón tranquilo en la biblioteca y que lean o se entretengan”, agregó.

A raíz del nacimiento de este programa, han florecido iniciativas similares de costa a costa. Hoy en día los indigentes reciben ayuda no solo en ciudades con temperaturas gélidas como Denver, Baltimore o Nueva York, sino también en ciudades con climas más suaves, como Fresno y San Diego, en California, o Pima, en Arizona.

La Biblioteca Pública de Santa Ana (California) cerró recientemente sus puertas para instalar suelos nuevos, actualizar el sistema eléctrico e instalar más mesas y sillas. Todo con el fin de facilitar el acceso a los más de 500 desamparados que viven frente al Ayuntamiento y del centro cívico de la ciudad.

“Las bibliotecas están llenas de gente creativa y hay una variedad increíble de servicios que están surgiendo para dar apoyo a esta comunidad (de desamparados)”, indicó Todaro.

Reportajes publicados por Efe:

Primera parte: http://bit.ly/2l80PbQ

Segunda parte: http://bit.ly/2lxotjf

Tercera parte: http://bit.ly/2lZpe1L

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