La magia del ring

Un crío con un futuro brillante. Donnie Darko le dio a Jake Gyllenhaal esta proyección de futuro. Aunque no fue su debut en la gran pantalla, sí fue su primer éxito reconocido de cara a la crítica. Ha llovido mucho desde entonces y los años no han pasado en vano. Gyllenhaal está irreconocible. Southpaw, su última película, demuestra que este chico quiere el Oscar. Y no le importa lo diferente que sean sus personajes. Ha pasado de ser un ganadero redescubriendo su sexualidad o un reportero despiadado a un boxeador entre el éxito y el fracaso.
Si su papel en Nightcrawler ya fue sencillamente espectacular, en Southpaw ha llegado a otro nivel, ese nivel interpretativo al que solo pueden llegar los tocados por una varita. Además, el cambio físico es sencillamente increíble. Para Nightcrawler perdió 14 kilos y para Southpaw ha ganado 7 de puro músculo. Cuenta Fuqua, el director, que Jake no tiene dobles durante toda la película. Se ha transformado en un auténtico boxeador.

Su interpretación bebe de las mejores del género, pero mantiene una personalidad propia que emerge sin palidecer entre mitos como Robert de Niro en Toro Salvaje, Hilary Swank en Million Dollar Baby o Denzel Washington en Huracán. Todo el peso cae sobre él, y Faqua lo sabe. Gyllenhaal tiene la responsabilidad de hacer funcionar un filme con una historia más que trillada. De hecho, cuando el espectador mira hacia la pantalla sabe que lo que ve no es más que un recital interpretativo de principio a fin, lo que no deja de hacer a la película condenadamente entretenida. Aunque, a pesar de ello, se nos quede un sabor agridulce. El guion se queda corto y simple para el potencial del elenco.
Jake tiene a la industria en el bolsillo. Su reconocimiento profesional está por las nubes, su implicación en la profesión es absoluta y el techo solo puede ponérselo él. Señoras y señores, tenemos un nuevo candidato al trono de Hollywood.
De plano en plano. Twitter: @AlLeonSaez
Originally published at novembermagazine.com on November 24, 2015.