Luces, cámara… ¡Deadpool!
Macarra, gamberro y con mucho sentido del humor; así es Deadpool, la última adaptación de un personaje de las viñetas Marvel a la gran pantalla. Lejos de las típicas pelis de superhéroes que inundan periódicamente las salas de cine con presupuestos súper híper mega millonarios y un elenco de actores que vende entradas por sí solo, el filme dirigido por Tim Miller es un soplo de aire fresco desde los títulos de crédito hasta el último fotograma.
El personaje original de Deadpool -o Masacre como se le conoce en nuestro país- es creado por Fabián Nicieza y Rob Liefeld en el año 1991 cuando hace su primera aparición como invitado especial en un cómic de X-Force. Sus propios creadores le definían como: “Un imbécil, comparado con el héroe típico. El novio que ninguna madre querría para su hija”
Con el poder mutante de regenerarse rápidamente ante heridas y enfermedades, dos katanas a la espalda, y un arsenal balístico interminable. Deadpool posee un carácter canalla e irreverente, un sentido del humor de lo más depravado y, sobre todo, una abrumadora e irritante locuacidad. Dispuesto a vacilar al más cruel de los villanos mientras le da capones sin parar y juega con su ira al crear hipótesis sobre la profesión de sus progenitores. Deadpool es un personaje para adultos, detalle que Tim Miller no ha olvidado en ningún momento a la hora de rodar.
Y ahí, reside la magia de su adaptación cinematográfica, ya que la película rezuma por los poros cada una de las características del personaje. Es su película y es tal y como el propio Deadpool la habría creado. Deslenguada, despreocupada y con los recursos narrativos muy bien elegidos. En concreto destaca el uso muy acertado de la cuarta pared -cuando el protagonista se dirige a los espectadores- e incluso de la cuarta pared al cuadrado -cuando el protagonista se dirige al público dentro de un recuerdo que nos cuenta él mismo desde una primera cuarta pared-.
El humor es sin duda para adultos y aunque en la mayoría de ocasiones no es demasiado agudo, cumple a la perfección la función de hacer reír al espectador, y es que es comprensible que el ingenio flojeé mientras le das estopa a quince mercenarios armados a la vez.
Aunque no todo es de color de rosa, y sí bien es cierto que el guion no es ninguna maravilla y la tensión dramática es cuanto menos sutil, la película no se hace aburrida en ningún momento. Gracias a las bondades anteriormente mencionadas y al buen hacer de los movimientos de cámara. Con unas secuencias de acción pulp al puro estilo Daredevil — el de Netflix, obviamente- pero mucho más desenfrenada, y acompañada por una banda sonora elegida a la perfección.
En definitiva, sí tenéis un día de esos grises, Deadpool puede ser el encargado de solucionarlo. Id al cine más cercano y preparaos para ver una coreografía de mamporros y bromas que no os hará reflexionar demasiado, puro divertimento.
Originally published at novembermagazine.com on March 2, 2016.