En una calle de Salamanca

Estudiantes salmantinos recorriendo la Plaza Mayor durante las novatadas. Imagen: ALGJ

Corros dispersos en la Plaza Mayor: estudiantes, recién casados con sonrisas enormes que bailaban al son de las palmas de amigos y familiares, niños jugando, turistas.

Los veía. Aún los veo. Con la despreocupación del que vive sin saber lo que viene. What’s next es una pregunta de respuestas inoportunas. En sus miradas lo que sigue es aire que se respira a bocanadas de alegría. Aire para seguir camino. Aire para escuchar esa voz que tienta todos los destinos. Y esa es la revolución que traman bajo el cielo azul de Salamanca, la de los que continúan sin saber cómo, pero siguen; llevando sus porqués sin tanto drama porque, al fin y al cabo, deshacerse del pasado es la posibilidad de los que viven presentes. Por eso, en Salamanca, las calles respiran todo el tiempo, tienen a la vida enredándose con absoluto desparpajo con los fantasmas de los tiempos idos. Y susurran palabras jubilosas a los que quieren epifanías de colores mientras buscan ranas sobre calaveras.

Pintada en una calle de Salamanca. Imagen: ALGJ
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