Charlas al peso

Siete de abril, media tarde. Cuatro personas ocupamos una terraza de la madrileña calle Argumosa en Lavapiés. No somos gánsters discutiendo el significado de Like a Virgin, sólo geeks.

Los Reservoir Dogs a la mesa no recurrimos al pantone para ocultarnos bajo nombres en clave, somos Javier Martín, Pergar, Sergio Casero y yo. No hay nada más patrio que disfrutar del sol y una interesante conversación, y aquella tarde Javi propuso un tema ligerito para la sobremesa, la preocupante, y creciente, cantidad de charlas inocuas, con escasa profundidad que encontramos en conferencias. Gente que viene a hablar de su libro.

Conviene separar este caso del omnipresente síndrome del impostor. En mi opinión se padece cuando se siente la frustración de no haber hecho lo suficiente por trasladar información a los colegas de profesión, no en una charla deliberadamente promocional.

“Es un mal necesario”, pensé. “Conforme el sector crece también lo hace el número de ponencias que en lugar de compartir conocimiento entre los profesionales del desarrollo, busca aumentar su imagen de marca”. ¿O quizá no? ¿A quién convertimos en referentes? ¿Tendría que investigar a fondo al candidato y su charla el jurado que selecciona los papers de una conferencia aunque exista un primer filtro de propuestas anónimas?

Recuerdo en el pasado Lambda World, (sí, vuelvo a hablar de los 47, chupito) que Carlos Sierra y Jero me contaban el caso de un gran desarrollador extranjero cuya charla fue seleccionada en una conferencia de primer nivel internacional. Hasta ahí todo bien, salvo por una excepción, tiene algún que otro ensayo sobre la supremacía de la etnia blanca o las comparaciones entre el matrimonio gay y la esclavitud: “We thus observe slavery not as a perversion, but as a natural relationship, like gay marriage”. Telita. Aquí podéis leer más sobre su incidente en la conferencia.

¿Darle protagonismo a alguien con estas opiniones?

¿Qué opináis vosotros? Dedicar algo de tiempo a ojear la trayectoria no sólo profesional, sino también personal del ponente puede perfeccionar las joyas de la corona del software development: la desbordante cantidad de información actualizada de la que disponemos para mejorar nuestro código y sus conferencias.

Hemos alcanzado la madurez suficiente como para dar ese paso sin que los comités de selección de talks se conviertan en la Stasi ni coarten a los más tímidos o reticentes a dar charlas, ¿no os parece? Aún así recalco que es una responsabilidad compartida, no sólo tarea de los que confeccionan las agendas.

No quiero despedirme sin recomendar la visión de Javi al respecto de la vanidad en el escenario en este post, aunque discrepo en un único punto con él, para mí el marketing personal sí que es importante aunque no exclusivo. Bajo mi punto de vista hay dos formas de crearlo, vendiendo humo o a través de la investigación y divulgación de conocimientos a los compañeros informáticos. Eso último es para mí una buena imagen de marca, ya sea en eventos o en GitHub.

Os dejo, entro a una charla.