La verdadera educación personalizada

Educación individualizada, personalizada y humanizada. Propuestas, malentendidos y mi reivindicación.

Gran Enciclopedia Rialp, voz «personalismo».

Nadie se aclara con la educación. Seguramente sea porque la educación se ha convertido en un coto de especialistas preocupados por las metodologías, las motivaciones, las competencias o los standards, la innovación y la alergia a todo lo que suene a tradicional.

Dentro de esta moda está la tecnología. Los dispositivos digitales han revolucionado los recursos de aula y el acceso a la información. En concreto, entre sus bendiciones, nos ayuda a desbloquear la relación uno-a-muchos que se da entre el profesor y el grupo de alumnos, y permite establecer entornos personales de aprendizaje.

El «entorno personal de aprendizaje» (PLE, Personal Learning Environment) pretende romper el monopolio del profesor. La cuestión es bastante compleja y está plagada de malentendidos y prejuicios. Sus partidarios afirman que la introducción de la tecnología es capaz de hacer que cada individuo protagonice su verdadero proceso de aprendizaje: «adecuación del ritmo (individualización) y la perspectiva (diferenciación), para ajustar el aprendizaje a los intereses y experiencias del alumno» (cfr. Wikipedia).

No quiero continuar profundizando en la cuestión, pues acabamos irremediablemente en las eternas apuestas entre el iPad 1:1 o el Chromebook para alcanzar la personalización tan cacareada, por poner el ejemplo más tonto. Aquí, me parece que el centro de la educación se desplaza de sus verdaderos protagonistas a los medios o recursos que deben interponerse entre la realidad y ellos.

Quisiera reivindicar el auténtico valor de personalizar. La educación es verdaderamente personalizada cuando el proceso de aprendizaje está realmente ajustado a formar integralmente a la persona: habilidades técnicas, motivación, valores individuales y sociales, relaciones, virtudes prácticas, pensamiento crítico, autoconocimiento, identidad trascendente.

Si la educación se centra en transmitir conocimientos o habilidades, los alumnos serán valiosos mientras sean capaces de asumir el proceso y rentabilizarlo en términos de productividad. Eso no es personalizar la educación, aunque esté individualizada y diferenciada. Es una educación eficiente pero despersonalizada.

Foto propia. «Joven descubriendo la iglesia de Santa Ana», Barcelona.

El prof. García Hoz ya había insistido en los años ’60 sobre la necesidad de una pedagogía renovada: una verdadera educación personalizada. La cuestión, como siempre, está en ver dónde colocamos el el acento: ¿en el profesor?¿En los recursos?¿en la tecnología? Pongámoslo en formar personas, en atender personas, en ofrecer la posibilidad de un aprendizaje en todos los aspectos de la vida. No solo en las habilidades técnicas. No solo en el homo faber.

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