Sobre las reválidas y otras atrocidades del verano

Estación de metro “Europa-Fira” L9, Metro de Barcelona (foto propia)

Todos esperábamos que, tarde o temprano, el Real Decreto de reválidas de Secundaria nos cayera encima. Y, efectivamente, así ha ocurrido hace unos días, a quemarropa y por la espalda. Se ha consumado lo que todos sabíamos que iba a llegar… tarde o temprano.

No he leído una sola opinión favorable a las reválidas de secundaria. Comparto muchas de las reacciones: la ilegítima intervención de un gobierno en funciones, la inútil sustitución de las PAU por otras siglas, la prioridad de un pacto educativo que afronte los poblemas más profundos y apremiantes, incluso la atrocidad de promulgarlo en plenas vacaciones escolares. Esto ha sido lo peor (en esto, Gobierno del PP y Govern de Catalunya son igualmente desconsiderados).

Se me ocurren además otras razones por las que seguir maldiciendo el Real Decreto. En Catalunya, por ejemplo, ni se nos ha ocurrido todavía adaptar los decretos curriculares a la LOMCE, y trabajamos entretanto con unas competencias básicas que son diferentes a las competencias clave de la Ley Wert.

Resultado: una programación de aula permanentemente provisional y un freno para cualquier tipo de innovación. Lo urgente ha sustituido a lo importante. Totalmente de acuerdo con lo que Toni Solano nos explica en su blog.

Tengo algunas pegas

«Jugadores de futbolín» (foto propia)

La normativa nos incomoda, particularmente por el color político que lleva. La normativa no nos deja trabajar a nuestras anchas y nos corta las alas. La normativa esclerotiza la frescura del aula y dificulta la adaptación del docente a una realidad que el burócrata ni siquiera intuye.

Sin embargo, por encima de los defectos de forma están los motivos de fondo. ¿Qué problema hay en evaluar los objetivos de final de etapa?

  1. Se dice que la reválida mata el progreso de las competencias y la individualización del aprendizaje. A ello respondo (con el viejo método escolástico) que una evaluación coherente con la normativa debería ser una prueba esencialmente competencial, aunque deba posarse sobre algún punto de los anticuados temarios.
  2. Se dice que la reválida transformará el curso en una preparación para el examen. Esto no tiene por qué ser cierto, como ahora no nos planteamos que las pruebas de evaluación de diagnóstico o las pruebas de competencias básicas sean las metas de nuestros cursos.
  3. Se dice que se evalúa demasiado y se somete a un estrés innecesario a los alumnos. Estoy de acuerdo, pero hasta cierto punto: no veo que la reválida suponga un riesgo para la salud o una traba al desarrollo personal (sobre esto habría mucho que decir y discutir). Además, esa evaluación puede ser perfectamente formativa si se integra en el itinerario curricular como un eficaz instrumento de autoconocimiento para tomar una decisión clave al final de su etapa. Nadie serio se plantea que el TOEFL, el GMAT, la nota de corte de selectividad, el MIR o las oposiciones a Mossos d’Esquadra traumaticen a quienes las sufren, como yo tampoco me lo planteo cuando aconsejo a una familia un diagnóstico psicopedagógico para atender mejor las necesidades de un alumno.
  4. Se dice que la reválida discrimina, puesto que evalúa unas habilidades que los alumnos desarrollan desigualmente. Formulada así, me parece una afirmación muy respetable. Sin embargo, no nos cansamos de decir que la educación tiene como objetivo la adquisición de unas habilidades consideradas necesarias para la vida corriente, y por tanto, debemos ser capaces de comprobar si se han logrado efectivamente. Decir lo contrario es negar la premisa mayor de todo el sistema educativo y nos situaríamos en otro tipo de discusión.

Soy consciente de que estas líneas me ponen contra los que opinan que el sistema que tenemos es lo que los Pink Floyd denunciaron como «un ladrillo más en la pared» y, se haga lo que se haga, todo va a ser terrible si estamos gobernados por banqueros, burgueses, etc. E igualmente me pongo contra los que intentan mejorar la educación a golpe de decretos y leyes que nadie está dispuesto a obedecer. De hecho, me huelo que el gobierno no querrá hacer una auténtica reválida competencial como la que he mencionado antes.

Mientras tanto, en verano seguimos pensando en mejorar nuestra docencia para mejorar las habilidades de nuestros alumnos.

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