Los estereotipos modernos en México


Hoy en día, en nuestro país, existen varios estereotipos que se utilizan diariamente para etiquetar a las personas. Como por ejemplo: Mirrey y Lobuki - También conocidos como Lords y Ladys - , Naco o indio, Hypster, Godín y Moxo. Y así como estos existen muchos más, ya que en nuestro país tenemos la lamentable costumbre de etiquetar todo. Tenemos estereotipos para todas las profesiones. Desde el político y el abogado hasta el albañil y el “vieneviene”.

Además, gracias a las redes sociales se ha intensificado el uso de los estereotipos mencionados anteriormente. No obstante, un patrón de conducta que se encuentra dentro de la sociedad, es que todos niegan pertenecer a uno de los estereotipos.

Creemos que esto ha tenido un impacto fuerte en la sociedad mexicana y refleja también el ambiente de desigualdad y de consumismo en el que vivimos, además de crear falsas imágenes o perfiles que minimizan el valor de una persona. Para comprobar este argumento, buscaremos analizar las características de cada estereotipo e identificar las consecuencias que tienen al usarse cotidianamente en nuestro país.

Uno de los estereotipos más problemáticos de la lista, es el del Mirrey, un estereotipo clasista y estético. No existe una definición precisa para este estereotipo, sin embargo, hay un largo listado de características que lo conforman. Los mirreyes son de clase económica alta y les gusta presumirlo; Los mirreyes son arrogantes; Los mirreyes no se esfuerzan y son considerados “niños de papi”; Los mirreyes tienen un sentimiento contradictorio de haber nacido en México. Los mirreyes asumen su posición en la sociedad como merecida naturalmente; Los mirreyes tienen un círculo cerrado para mantener su “linaje” de “gente bien. Además de muchas otras características de vestimenta, léxico y gustos musicales.

Los mirreyes también son complementados por su contraparte femenina, las lobukis. Quienes son vistas desde una perspectiva machista y materialista, pudiéndolas clasificar así dentro de la categoría de estereotipo del género. No solo considerada así por los hombres, sino también por sus padres e incluso por ellas mismas.

Quizá la peor parte de estos estereotipos es su orgullo de pertenecer al grupo. Lo que los vuelve indiferentes a las demás personas, no quieren mezclarse y viven en otra realidad fuera de la que vive el país. Creando así una burbuja en la sociedad completamente aislada de lo que en realidad está sucediendo en nuestro país, lo que genera ignorancia y falta de conciencia. Esto resulta trágico ya que, las personas que se encuentran en dicho estatus social son las que tienen las oportunidades y herramientas para ocupar puestos de poder e influencia que controlan a nuestro país y que realmente podrían llegar a hacer un verdadero impacto. Sin embargo, estos siguen ocupando los puestos sin estar conscientes de la responsabilidad que cargan sobre sus hombros.

Lo que nos lleva al siguiente estereotipo de la lista, el de clase baja, el indio o Naco. Un estereotipo inventado por la clase alta, por el temor de perder un dominio de estatus socioeconómico. Tampoco existe una definición precisa de este estereotipo pero autores como Enrique Serna han dicho cosas como “Termino empleado con un sentido a la vez racista, clasista y esteticista, funciona como una palabra camaleón que varía de color según el punto débil del injuriado.” O como “El naco pertenece por lo común a la raza de bronce, pero los blancos no tenemos garantizada la aprobación de la casta divina” (El naco en el país de las castas, 1997.Pp 1). Entre su listado de características también se encuentran las de: Mal educado, Igualado, vulgar, violento y de clase baja.

Como podemos ver, estos estereotipos demuestran la gran desigualdad que se vive en nuestro país. Por un lado, tenemos el estereotipo que demuestra odio y desprecio por los de la clase alta y por el otro la contraparte de la clase baja. Los dos estereotipos llegan a caer en los extremos y en la exageración de una imagen distorsionada de los sectores de la sociedad. Y esta generalización, también ha creado una división fuerte en el pueblo mexicano.

“El mirrey, en realidad es un personaje ostentoso en un país de desiguales, por ello es necesario derrocar al mirreynato y salvar al país de pasar de una nación de pobres a otra de pobres y viejos en el futuro” sostiene Ricardo Raphael, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Y es que podemos ver en la pirámide social mexicana que cada vez existe una mayor división entre pobres y ricos. Cada vez hay más pobres y menos ricos. Tres mil familias viven con un salario de 84,000 pesos diarios, mientras que tres millones viven con el salario mínimo. Y todo esto se ve reflejado en los estereotipos que usamos.

El siguiente estereotipo, es el Godín. El cual refleja la clase media de la sociedad mexicana y como este sector de la sociedad demuestra ser conformista con su situación, lo que también provoca indiferencia hacia la situación universal del país. Sin embargo, los Godínez también demuestran los sueños y aspiraciones de la sociedad mexicana como es el tener un coche del año, vacaciones en el extranjero, comer en restaurantes lujosos, etc.

Los Godínez son reconocidos por cosas que utilizan en su vida diaria como: La quincena, que representa su salario de cada dos semanas; El gafete, gran distintivo de oficinista; Los tuppers, donde usualmente tiene que llevar su comida por sus horarios de oficina. Todos estos distintivos demuestran un estilo de vida que resulta, para algunas personas, digno de discriminar y de menospreciar a esas personas al grado de robots que solo hacen el trabajo de papeleo. He ahí, el nacimiento de este estereotipo.

Ahora bien, existen otros estereotipos que no entran en una categoría clasista pero igual muestran tener un impacto negativo en nuestra sociedad, son usados diariamente y potenciados por las redes sociales. Estereotipos que demuestran la teoría de Sigmund Freud de la psicología de las masas en la que se establece que el humando es un ser sociable y que siempre va a buscar pertenecer a un grupo o sentirse aceptado por mero instinto.

“Ahora bien, al hablar de psicología social o colectiva, se acostumbra a prescindir de estas relaciones, tomando solamente como objeto de la investigación la influencia simultánea ejercida sobre el individuo por un gran número de personas a las que le unen ciertos lazos, pero que fuera de esto, pueden serle ajenas desde otros muchos puntos de vista. Así, pues, la psicología colectiva considera al individuo como miembro de una tribu, de un pueblo, de una casa, de una clase social o de una institución, o como elemento de una multitud humana, que en un momento dado y con un determinado fin, se organiza en una masa o colectividad. Roto, así, un lazo natural, resultó ya fácil considerar los fenómenos surgidos en las circunstancias particulares antes señaladas, como manifestaciones de un instinto especial irreductible, del instinto social -herd instinct, group mind-, que no surge al exterior en otras situaciones.”

Un estereotipo muy interesante, el cual intento destruir la idea de Freud por su tendencia a querer ser único e individualista es: el Hípster. Algunos los ven como gente muy auténtica, para otros, son gente desagradable y ridícula, con mala apariencia, y creadora de combinaciones desastrosas. Sin embargo, la gran paradoja de la cultura hipster es que, al popularizar su propia tendencia, que consiste en un constante rechazo hacia las modas dominantes y una búsqueda de patrones de vida alternativos, se ha convertido, a sí misma, en todo aquello que rechaza, es decir, en algo mainstream.

El siguiente estereotipo es el Moxo o Moxa. No existe una definición precisa de lo que es este estereotipo, pero usualmente se le atribuyen características despectivas ya que los Moxos son personas que se apegan completamente a la cultura popular, incluso si esta llega a ser corriente o vulgar y aunque seguirla signifique utilizar imitaciones de baja calidad. De cierta forma, todo lo contrario al hípster. Los Moxos son usualmente relacionados con los nacos por ser personajes corrientes o de bajo estatus socioeconómico. Sin embargo, se pueden encontrar en todos los sectores de la sociedad mexicana.

Ahora bien, una de las consecuencias de la normalización de estos estereotipos es el ambiente materialista y consumista en el que las personas que desean encajar en estos estereotipos viven. Ya que, estas personas se ven obligadas a tener que consumir las cosas que estos personajes usualmente consumen, para así poder formar parte de su cultura.

Por ejemplo: Los Hipsters compran un estilo de ropa alternativo, con sombreros de alas, lentes de carey con pasta gruesa, e incluso llegan a consumir comida orgánica u artesanal para encajar en el grupo. De igual manera, los Moxos compran gorras planas y marcas de ropa comerciales. Todo esto representa un gran consumo, al cual también le podemos sumar la música que escuchan y los lugares que concurren.

Como consecuencia, también se tiene un cambio de actitud en las personas por la necesidad de encajar en el grupo. Lo que es increíblemente amplificado o potenciado por las redes sociales. Ya que, compañías especializadas en mercadotecnia, utilizan estrategias para atraer a este tipo de consumidores, como los “influencers”, por los que patrocinan sus productos. Y las personas, ciegas por la necesidad de pertenecer, imitan lo que ven aceptado por los demás en las redes sociales y consumen sus “distintivos”.

Gracias a todos estos esfuerzos para vender y el bombardeo constante de publicidad, las personas empiezan a valorar a las personas por su cosas, ya que estas les permiten ser más aptas para el grupo o no. Lo que resulta en una sociedad meramente materialista. Y el hecho de que existan tantas personas con este tipo de mentalidades como para globalizarlas en estereotipos, nos indica que el problema es algo verídico y palpable.

Otra prueba de esto es que, según el Doctor Jürgen Klaric, especialista en neuroventas, una ciencia especializada en el funcionamiento del cerebro mientras realiza un proceso de compras, “el 85% de la decisión de todo lo que compras en tu vida es inconsciente o subconsciente y solo el 15% restante es consciente”. Lo que comprobó mediante un monitoreo de la actividad cerebral durante varios experimentos. Esto nos demuestra lo propensos que somos a este tipo de conductas consumistas y obviamente la necesidad de encajar agrava esta conducta, por lo que nos convertimos en grandes máquinas de consumo.

De igual manera, existen personas que, de nuevo, por la necesidad urgente de pertenecer a un grupo, llegan a comprar todas las cosas características de un estereotipo aunque no les gusten. Solo por moda o por presión social, pueden llegar a cambiar todo lo que en realidad son y por lo que deberían de valorarse. Y por extremo que parezca este concepto, es algo que podemos ver todos los días. Personas falsas; personas que aparentan ser otras por aceptación.

Lo que de nuevo se ve amplificado por las redes sociales, ya que, las personas utilizan estos medios para aparentar una imagen de tal forma, que pueden llegar a engañar a muchas personas con su falsa identidad, e incluso llegan a engañarse a sí mismas. Y por estos medios, las mismas personas hacen comunidades que premian a las demás personas con “”likes”.

Esto parece ridículo e insignificante, pero según el Instituto nacional de salud estadounidense, existe el desorden de adicción al internet, el cual, consiste en la teoría de que los individuos con depresión, no tienen un número adecuado de receptores de dopamina en el cuerpo, por lo que tienen dificultades para experimentar niveles normales de placer en actividades en las que la mayoría de personas encontraría placenteras. Por lo que buscan, otras alternativas, fuera de lo común, para conseguir mayor sentimiento de placer, lo que puede resultar altamente adictivo. Y las redes sociales son un exceso de interacción social, el cual genera dopamina y al ser utilizada demasiado, pueden llegar a ser adictivas. Cada like, cada mensaje y cada notificación producen dopamina y/o placer.

Conclusión

Ahora bien, junto con todas estas pruebas negativas de los diferentes tipos de estereotipos que hemos analizado (Consumismo y división social). Concluimos que la peor parte del uso de estos en concreto, es que la dignidad de las personas se ve minimizada. Ya que, como pudimos observar a lo largo de la investigación, los estereotipos siempre van a estar acompañados por una gran lista se características que los definen. Y al calificar a una persona con un estereotipo, estamos minimizando todo su ser a esta pequeña lista de características. Somos personas, por lo tanto no podemos ser clasificadas como objetos y los estereotipos hacen exactamente eso. Por lo mismo, al usar estereotipos, materializamos a las personas hasta cierto punto, lo suficiente como para valorarlas. Sin embargo, ninguna persona debería de tener un valor en específico.

Las personas, por el simple hecho de ser seres razonables, siempre van a ser más que una simple lista de características o un estilo o una forma de vestir y consumir. Ya que, nuestros pensamientos, nuestra esencia y nuestros valores no pueden ser clasificados de ninguna forma, debido a que todos tenemos una forma única de ser. Por lo que concluimos diciendo, la forma apropiada de llamar a una persona va a ser siempre, por su nombre.

Bibliografía

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Serna, Enrique(1997). El naco en el país de las castas En Las caricaturas me hacen llorar. 1. México: Terracota.

Freud, Sigmund(2011). Psicología de las masas. 1. España: Alianza editorial.

Klaric, Jürgen(2016). Véndele a la mente, no a la gente. Neuroventas: Una ciencia para vender más hablando menos. 1. Ciudad de México: Ediciones culturales Paidós.