Abuelo

Hace dos años que te fuiste, justo en el aniversario de tu querido Cerro Porteño.

La primera imagen que me viene de vos es aquella en la que te parabas en la entrada de tu casa, con tu pierna recostada por la otra, haciendo casi como un número 4, en el portón de la casita que tenían con Abuela, en Santa Rosa, y en donde crecimos todos o casi todos tus decenas de nietos. Ahí siempre nos esperabas los domingos, y desde ahí nos decías -nos retabas, en realidad- para que ya no corramos más, para que ya no juguemos más, para que ya no seamos tan terribles.

Me recuerdo también de aquellas mañanas de mate dulce, en la cocinita que tenían en esa misma casa. Estabas vos, siempre parado en la puerta y nosotros tomando mate con Abuela y los tíos. También estaba Julio con nosotros en esas mañanas. Pero tío julio decidió adelantarse y luego le seguiste vos, abuelo, y dejaron este vacío que es imposible de llenar hasta hoy.

Igual, vos sabés y tío Julio también sabe, que ustedes están siempre en cada reunión que nos toca hacer. Sé que cada día es más difícil juntarnos todos como antes, pero cada uno de tus hijos te recuerda, como te recuerda cada nieto y cada bisnieto. Los que tuvimos la suerte de verte esperándonos en el portón de aquella casita de Santa Rosa.

Hoy Mamá te sigue llorando. Muchas veces trata de esconderse, para que no la veamos. Pero en casa sabemos que es por vos. Sabemos que es por Tío Julio.

Hoy, a dos años que te fuiste y justo en el aniversario de tu querido Cerro Porteño, dejame decirte que se te extraña todos los días, y que el sentimiento se acentúa en cada cumpleaños, en cada fecha importante, en cada encuentro por año nuevo.

Pero la vida continúa porque sí.

Y tu recuerdo se va a quedar por siempre para mí en cada mirada de Abuela o en cada abrazo de mamá.

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