La hora perfecta
¿Podrán adivinar más o menos qué hora es? En efecto, son las cuatro con nueve de la madrugada. Ya es sábado.
Como diría El Guincho “hace doscientos días que no me sale una línea” y es que ya tenía muchísimo tiempo sin publicar absolutamente nada, lo cual no quiere decir que no haya escrito en estos dos meses, tengo como tres o cuatro borradores que la verdad no estoy segura de si voy a terminar posteriormente porque cuando comencé a redactarlos, lo hice con la emoción del momento, emociones que ya no tengo el día de hoy o por lo menos no con la misma intensidad.
En resumen y sólo para que se den una idea, puedo decir que hace un mes las emociones que gobernaban mi cerebro y mi alma eran la tristeza, el enojo, el coraje, la duda y la decepción. Lo chistoso es que a éstas las precedía el amor y la felicidad, la plenitud. Pero tal vez es como algunos dicen, lo bueno dura poco. No soy debota de esta creencia ya que he tratado de cambiar mi mentalidad y pienso que por muy malo que parezca algo, siempre hay que tratar de sacarle el lado positivo y finalmente quedarte sólo con eso y aprender. Como sea, todas estas sensaciones negativas y nada favorables me atacaron una tras otra y me jodieron totalmente en ese momento; siempre no me fui a Guadalajara, no quedé en la universidad para la que había aplicado, perdí (renuncié) mi trabajo y mi efímero noviazgo se desvaneció de la noche a la mañana, literalmente, por tercera vez. La temprana perdida de un ser querido, de lo cual no pienso hablar.
¿Qué hay de positivo en todo esto?
Empezando por lo último, es que pude llegar a la conclusión de que las personas sí cambian pero sólo para consigo, no para los demás. No se puede ser egoísta en el amor porque si sí lo es, de inmediato pierde esa cualidad que el amor posee. La costumbre es horrible y te consume poco a poco (no lo digo por mí sino por él). No se puede pegar lo que estaba roto, y si sí, no vuelve a quedar igual. Muchas veces se aprende a chingadazos, pero bueno, el chiste el aprender. Yo ya había aprendido en el pasado y lo volví a hacer en esta ocasión.
Respecto a mi trabajo, no me siento tan mal porque mi jefe podía ser un poco hijo de puta de repente, pero también es cierto que es una buena persona y siempre me ayudo cuando se lo pedí. No me queda más que agradecer. Extraño el estudio. Aprendí a perforar.
Por último Guadalajara y la universidad, van junto con pegado. Mi fantasía de mudarme a las tierras tapatías más que nada era por ya irme de mi casa y alejarme un poco de mi familia. Sí, suena súper culero pero es la verdad, ¿qué le hago si así me siento? Me entusiasmaba (y lo sigue haciendo, aunque por ahora no ocurra) la idea de vivir con mi mejor amigo en una ciudad totalmente distinta a la nuestra. Dejar ciertas obligaciones cansadas para adquirir nuevas y a conciencia. Cuando vi mi resultado de que no había logrado conseguir mi lugar en la universidad, como estaba con Alberto no me dejé ver tan afectada (lo cual es curioso porque de inmediato pasó lo que fregó nuestra relación, totalmente ajeno a mí), pero por dentro es como si todo se hubiera estrellado y caído en añicos. Deposité todas mis ilusiones y mis ánimos en eso, simplemente me sentí muy decepcionada.
¿Qué pasó después? La abstracción de lo positivo a toda esa situación de mierda.
Hablé con mi mamá, me ofreció la opción de estudiar un año aquí la universidad y, en caso de querer, volver a intentarlo el próximo el año, si aún tengo los deseos de irme. Así que me inscribí a arquitectura, regresé a la que había sido mi casa durante la preparatoria y comencé mi carrera.
A finales del 2016 por fin pude tomar la decisión de qué era lo que quería hacer con mi vida universitaria. Me detuvo desde la prepa la elección del área por las matemáticas, pero después de casi dos años, a ese punto eso ya me valía madres, me dije que la iba a hacer a pesar de los obstáculos que yo misma pudiera ponerme. Entonces la arquitectura triunfó. Debo confesar que de no ser porque me vi enormemente influenciada por algunas personas como Rubén o Edgar, inconsciente y conscientemente respectivamente, muy posiblemente hubiera desertado por completo la idea de estudiar un carrera que implique el conocimiento matemático.
Entonces, sí, regresé a la UNLA y me estoy enamorando profundamente de todo lo que estoy aprendiendo. Es tanta la demanda de actividad dentro y fuera del salón de clases, que me he mantenido lo suficientemente ocupada como para quedarme estancada en toda esa tristeza que había sentido en las semanas anteriores. Aunque mi vida social se ha reducido considerablemente, no me ha pesado quedarme los fines de semana en mi casa a hacer láminas o dibujos. Estoy muy feliz de sentir que lo que estoy haciendo realmente me gusta, me intriga y me interesa. He estado en un proceso de tener que desarrollar habilidades que yo creía totalmente inexistentes en mí y darme de cuenta de todo lo maravilloso que pueden hacer mis manos en función de mi imaginación y mis conocimientos, estoy fascinada con la capacidad de mi cerebro. Todo es cuestión de actitud y de práctica, mucha, mucha práctica.
En fin, aproveché que estaba haciendo tarea para ponerme a escribir un rato ¡YA ME HACÍA MUCHÍSIMA FALTA!
Gracias por llegar hasta aquí. Espero que tú también estés feliz y haciendo lo que te gusta. Si no es así, pues recuerda que todo es neutral, tú decides que giro darle, pero trata de siempre ver el lado bueno a todo y aprende de ello. Te mando un abrazote y te dejo tres bellas canciones.
Jonny Greenwood es un genio.
Esta canción no sería tan bonita si no fuera por este par de musicazos. Se convirtió en mi favorita en ese trance de la semana en que perdí muchas cosas que realmente quería y la semana en que gané lo que ahora me hace tan feliz. ¡Bellísima!
Jamás me había gustado tanto esta canción hasta que empecé a salir con güero. Se ha convertido en una de mis favoritas y me ha dado mucho en que pensar. Joyita.
