Necesito clavos y martillo: resignación a convivir con el recuerdo.

A principios de abril me quedé pensando en que la mejor manera de superar las cosas era enfrentándome a todo aquel recuerdo físico tuyo que me hiciera llorar. No me malinterpretes, cualquier cosa que me recuerde a ti la tengo atesorada con mucho cariño: los momentos, los lugares, la música, TUS dibujos, las pocas notas o cartas, las fotos, todo de lo que nos reímos juntos, las películas… absolutamente todo lo adoro. Así como te adoro a ti.

Pero la cosa aquí es que ya ha pasado mucho tiempo. Para ser justos, ocho meses en unos cuantos días. Aún hay veces en que doy media vuelta y pareciera que fue ayer cuando decidiste dejarme. Y digo esto porque sigue doliendo y porque sí, tú me dejaste a mí. No te tengo rencor, mucho menos te odio, pues tú nunca me hiciste nada malo. Al contrario, siempre fuiste la persona más dulce y atenta que pudiste ser. Estoy tratando con todas mis fuerzas de ya no darle más vueltas en mi cabeza a la situación. Tratando de no sacar conclusiones, dejar de especular. Ya me perdoné por echarme la culpa, como tú dijiste: fue circunstancial. Y aunque no lo haya sido, ya me cansé de sentirme mal todo el tiempo.

Es difícil no poder cuando se quiere. Es difícil querer y no poder. Así me siento continuamente respecto a ti.

Me acuerdo que fue el día del cumpleaños de Alondra cuando me puse a limpiar y acomodar mi desmadre, entonces me topé con la mini cartita que me diste en mi cumpleaños junto con mis preciosos aretes que, desde entonces, son mis favoritos. La leí (como por millonésima vez) y pensé que era como El Principito, porque lo puedes leer a diferentes tiempos de tu vida y cada vez que eso pase, lo entenderás y lo percibirás de manera diferente dependiendo de la situación por la que estés cruzando en ese momento. ¡Vaya analogía!, pero así me pasa con esa carta. Si hace casi un año me hizo llorar de felicidad y hace siete meses de tristeza, el 12 de abril definitivamente fue por una mezcla de ambas: nostalgia.

La guardé junto con las servilletas en las que te hice dibujar en repetidas ocasiones y la otra notita en papel anaranjado que me hiciste cuando te lastimaste tu pie y no pudiste caminar como por siete mil años. Porque sí, como te dije, todo lo tengo atesorado. Excepto los cacahuates que me compraste la penúltima vez que te vi, esa vez en que lloré en el bosque y después me invitaste un mezcal. Me los comí porque no quería recuerdo de ese día y además porque traía el monchis en todo su esplendor.

Entonces, en la carpeta donde puse todos tus recuerdos, también estaban los retratos que me hiciste. Lloré al verlos, como siempre lo hice después de que terminamos. Me di cuenta de que eran (son) demasiado bellos como para tenerlos guardados y peor aún si lo que hacían era provocarme el llanto. Entonces entendí que tenía que enfrentarme a ello y los llevé a enmarcar, como había sido el plan desde que me los diste.

Ah, el que me hiciste cuando me corté el cabello ya no me lo diste en físico, así que lo tuve que imprimir. Espero algún día puedas darme el original.

Han estado paseándose por la sala de la casa y por los rincones de mi cuarto. Hoy les tocó ese lugar (como se aprecia en la foto), pero cuando ya estén en la pared lucirán muchísimo mejor. Por eso necesito clavos y un martillo, tendré que conseguirlos.

Espero que Guadalajara sea su lugar definitivo. También espero que Emmanuel me tome una buena foto para ponerla junto a ellos.

Aún me dueles, pero me dueles bonito. Estoy en proceso, ya estaré bien un día y voy a sonreír mucho cuando eso pase. Te quiero y admiro por siempre. Te atesoro aquí en lo profundo. ¡Eres un artista!

La autoría le corresponde a José Rubén. Supongo es un autorretrato, pero yo siempre le dije que me recordaba a Damon Albarn. Los dos son hermosos.

Gracias y perdón a todo aquel que llegó hasta aquí, pero la siguiente canción es exclusivamente para él. (Sí, tú, Rubén.)


Esto no tiene absolutamente que ver y de hecho rompe por completo todo lo que acabo de escribirte, pero me dio mucha risa y era del tipo de cosas que me encantaba compartir contigo. Espero te estés riendo también, huevín.
Like what you read? Give Alejandra Bedolla a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.