Rosh hashana, o el legado de romper los huevos

Si hay algo que no puede faltar en nuestras cenas de Rosh Hashaná es la ceremonia de romper los huevos o, en realidad, la de evitar que se rompan.

Es una especie de juego profundamente ligado a nuestras creencias religiosas y valores de pertenencia: la comida.

Hablo de los bohios (así, con i latina como los pronunciamos) y de que a alguien se le ocurrió que quedaban ricos comerlos con medio huevo adentro, como un sandwich de huevo y bohio. Algo con lo que no comulgo pero, como saben, los mandatos familiares se enfrentan luego de años de terapia.

Entonces, como se calcula mínimo dos bohios por persona -aunque algunos arrasen con cuatro o cinco- se calcula también un huevo por cabeza, medio para cada bohio. El centro de la mesa de Rosh Hashaná es una gran fuente de huevos duros.

Y por qué tienen un lugar central? Aquí viene su función como tradición, la única que tenemos esa noche.

El objetivo es elegir el huevo que no se casque/rompa con el golpe de otro. No es azar. La ciencia está en elegir el mejor huevo, el que tiene algo de punta, pero no tanto, el que es grande, pero no panzón, el de cáscara fuerte, pero no tan rugoso. Pobre de aquel que se distrae y elige su huevo entre los últimos y le toca el redondo y rajado, el que ya no tiene chances.

Una vez cada cual con su huevo empieza la hora de la verdad: chocar el huevo con el de al lado intentando que el golpe fracture la cáscara del oponente pero no la propia. El que sale con su huevo intacto del primer duelo se enfrenta al siguiente y así hasta que queda un único ganador, el que puede levantar su huevo entre todos los cachados y disfrutar la victoria (en mi caso la posibilidad de decidir si comerlo o no, porque es el único huevo que está cerrado, a diferencia del resto que está obligado al bohio-sandwichito).

Este año la ganadora fue Mi hermana; el pasado, mi abuelo Tito.

Pienso que podríamos hacer una especie de registro, con foto y nombre, de los ganadores año a año para que los hijos de los hijos de nuestros hijos puedan ver la línea de huevo-ganadores, algo así como una especie de linaje familiar.

Pienso que podríamos inventarle un mito fundacional o relacionarlo con algún concepto bíblico o talmúdico para que esos mismos hijos de los hijos de nuestros hijos no se sientan tan defraudados.

Pienso, en definitiva, que para mí Rosh Hashaná es un poco esto, algo que hacemos año a año y, aunque sea con la idea compartir los bohio-sandwichitos, nos une alrededor de la mesa.

Shana tova!

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