Soñadores Indocumentados

Me siento muy honrado y agradecido al recibir este reconocimiento que me otorga esta noche el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles al lado de el maestro, el poeta de la luz, James Turrell. Nosotros, como cineastas, usamos la luz para revelar nuestros historias. Pero para James Turrell, la luz es la revelación misma, y eso es sublime.

Durante los últimos catorce años, he vivido en la ciudad Los Ángeles (junto a más de dos millones Mexicanos), y he sido testigo de cómo el LACMA, desde que Michael Govan y su equipo llegaron, han cambiado la dinámica cultural de esta ciudad al hacer el arte accesible, divertido y estimulante en una sociedad diversa que, antes de que el LACMA existiera de la manera que existe hoy, carecía de un lugar de reunión en donde cada raza, edad o clase social pudiera compartir un espacio y un centro.

Yo nací y crecí en un lugar al que considero la Roma de América, donde una civilización milenaria esta enterrada debajo de la ciudad más grande del mundo, en uno de los más complejos y apasionantes experimentos antropológicos jamás creados: La ciudad de México.

Como Mexicano, considero el honor que recibo esta noche como un reconocimiento a todo la comunidad Mexicana por su eminente trabajo y su vibrante aportación cultural que ha hecho durante tantos años a la ciudad de Los Ángeles y a los Estados Unidos. He sido muy afortunado en poder filmar películas alrededor del mundo y compartir experiencias humanas con todo tipo de personas, independientemente de nuestro lugar de origen.

Somos las únicos seres en la planeta que queremos y necesitamos vernos a nosotros mismos en el espejo. Como sabemos que somos lo mismo, pero sin embargo somos diferentes, necesitamos compartir. Tenemos que vernos proyectados en diferentes miembros de nuestra especie para comprendernos a nosotros mismos. Y el Cine, es ese espejo. Es un puente entre nosotros y los otros.

Desafortunadamente, hoy por hoy, hay personas proponiendo construir paredes en lugar de puentes. Tengo que confesar que debatí conmigo mismo si hablar o no de un tema tan incómodo esta noche, pero frente a los recientes y repetidos comentarios xenófobos expresados contra mis compatriotas mexicanos, no puedo evitarlo.

Estos comentarios serían inaceptables en caso que estuvieran dirigidos contra otra minoría, no obstante, estos millones de personas resulta no tienen voz ni derecho alguno a pesar de que muchos de ellos han vivido en los Estados Unidos toda su vida.

Estas ideas y comentarios han estado extensamente difundidos por los medios de comunicación masiva sin vergüenza alguna. Además han sido aplaudidos y promocionados por líderes y comunidades dentro de los Estados Unidos.

La base y fundación de todo esto es tan ridícula, ignorante e inflamatoria que pudiera fácilmente ser minimizada a ser un episodio cómico, una farsa digna de la civilización del espectáculo en la que vivimos o simplemente una broma.

Pero las palabras que se han expresado no son una broma. Las palabras tienen un poder real; y palabras similares en el pasado han creado y provocado enormes sufrimientos para millones de seres humanos, especialmente a lo largo del siglo pasado.

Si seguimos permitiendo que estas palabras continúen regando las semillas del odio y difundiendo así pensamientos y emociones inferiores a todos los seres humanos del mundo, no solo la vida de millones de mexicanos y latinoamericanos peligra, sino también la de otros muchos millones de inmigrantes alrededor del mundo que hoy en día sufren podría tener el mismo destino.

No hay ningún ser humano que, por el solo deseo de tener una vida mejor, deba ser nombrado o declarado ilegal, o ser desposeído o considerado desechable.

Yo sugiero llamar a estas personas "Soñadores Indocumentados", tal y como la mayoría de los que han conformado este país lo han sido en el pasado. Y al llamarlos de esta manera, podríamos así entonces, iniciar una conversación humana para poder lograr una solución con la más preciada, olvidada y distinguida emoción que un ser humano puede tener: la compasión.

Como cineasta, como mexicano y más importante aun, como ser humano, agradezco profundamente que el LACMA sea una comunidad inclusiva y abierta que trasciende e invita a la gente y celebra al cine como arte.

Y cuando digo arte, me refiero a lo que verdaderamente el arte es: Una expresión humana, un punto de vista singular, tan valioso como cualquier otro, de un ser humano ordinario.

Es un privilegio poder compartir esto con mi familia y mis mejores amigos y colegas.

Muchas gracias por este honor.

Alejandro G. Iñárritu