La merienda

Mis dos hijos, chica y chico, son adorables, pero un poco tozudos. Será cuestión de la edad, que son todavía pequeños y les falta mucho por aprender, así que decidí enseñarles una cosa.

El otro día les preparé la merienda: un vaso de zumo y un bollo relleno. Tienen la costumbre de observarme cuando preparo algo en la cocina, por lo que me habían visto sacar el exprimidor, las frutas y los vasos.

— Jo, yo quiero zumo de mandarina.

— No son mandarinas, son naranjas — dijo mi hija.

— Son pequeñas, así que son mandarinas — repuso mi hijo.

— Pero la piel no está tan arrugada.

— A ver — interrumpí — , tú dices que son mandarinas y tú que son naranjas. Pues saldréis de dudas pronto.

Zanjé la discusión. Al rato vinieron haciendo guifos. No les gustó el sabor del zumo de pomelo. Aprendieron una valiosa y amarga lección.