El Oso

A Miguel Manríquez lo conocí hace dieciocho años en El Colegio de Sonora. En ese entonces yo hacía mi servicio social en dicha institución donde él se dedicaba a investigar. Nos hicimos amigos de inmediato a pesar de la diferencia de edad (nos separan casi veinte años); y creo que en esto mucho tuvo que ver nuestro profundo amor por la poesía y la literatura, la conversación, las mentiras y la carrilla infinita.

Hace poco, casualmente, terminé de escribir un ensayo en el que hablo de su obra y con motivo de este proyecto volví a hablarle por teléfono después de muchos años. Como suele suceder en estos casos, nos saludamos como si hubiéramos hablado la semana anterior: el tiempo de la amistad es tan relativo como misterioso.

Hace apenas unos días el Instituto Sonorense de Cultura lo acaba de seleccionar para ser homenajeado en la Feria del libro de este año 2017. A mí me dio mucho gusto que así fuera porque creo que lo merece y sé bien que su obra, poliédrica y compleja (dos adjetivos que sé serán de su agrado), aspira a dialogar con tradiciones literarias que trascienden los limites de lo inmediato o lo que sea que esté de moda; Miguel pertenece a una estirpe condenada a la extinción: la de los autores que ofician con serenidad alerta sus rituales de alquimia verbal.

Se dirá que en realidad el mundo tiene urgencias más altas que celebrar a sus poetas, pero yo no estoy de acuerdo. La poesía y el arte en general tienen una función esencial en todas las sociedades; sin el embrujo de las palabras no tendríamos ni memoria ni futuro. Somos lo que recordamos y lo que soñamos, y no existe vehículo mejor para la memoria y los deseos que el lenguaje más vivo de cuantos existen: el poema.

Aprovecho este espacio para felicitar al Instituto Sonorense de Cultura por tan atinada decisión. Sé bien que Miguel estará a la altura de las circunstancias y podrá compartir su experiencia y su particular mirada del fenómeno literario; también sé que en este clase de eventos es en dónde despiertan las vocaciones y los más jóvenes descubren, bien puede ser, un camino por el cual recorrer los días que vienen. Que así sea.