Pensamiento y liberación

Hay algo que me preocupa mucho al observar algunos aspectos de la dinámica social: la ausencia casi total de un pensamiento crítico en grandes sectores de la población. Es como si hubiéramos sido diseñados para acatar sin chistar todo lo que los poderes de la tierra estuvieran dispuestos a hacernos creer; esto es terrible porque implica la perpetuación de un orden de cosas donde una minoría con acceso al control informativo determina lo que es verdadero y lo que es falso.

No existe otro camino para contrarrestar la manipulación que la educación. Me refiero en específico a una educación reflexiva, filosófica, que trascienda el pragmatismo de lo que hoy se estila; cada semana leo en sitios especializados la desaparición de programas académicos del campo de las humanidades. Se dice que eso no es lo que el mercado demanda y que, por lo tanto, se debe desarraigar de las universidades y centros de estudio.

No podemos aspirar a la libertad como individuos si no pensamos de un modo complejo, si no desarrollamos la disciplina y el rigor de analizar los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Pensar es liberarnos y ejercer a cabalidad nuestros deberes de personas.

Para ti que me lees, mi invitación hoy es a cuestionarlo todo. Sé consciente de tu responsabilidad intelectual, busca lecturas estimulantes, encuentra personas dispuestas a dialogar, sal a la calle con ojos nuevos y resiste la inercia de una sociedad que nos empuja a la idiotez y la pereza. Dios nos ha colocado en el interior de la cabeza el arma más poderosa de cuantas hayan existido jamás: el cerebro. Es tu deber usarlo para construir desde la duda y el cuestionamiento constantes; no todo lo que ahora mismo crees que es cierto lo es y cada día que pases bajo la sombra del engaño ha de ser siempre una pérdida, y no sólo para ti, sino también para todos nosotros.

No se encuentra plenamente despierto el que no piensa.

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