Piensa fuera de la caja
Como todos los niños, de pequeño me movía una fuerza poderosa: la imaginación. A donde quiera que volteaba a ver, encontraba mucho más que vida, encontraba prodigios que me hablaban a mí, que descubrían en el interior de mi conciencia una verdad que iba mucho más allá de los conceptos de filósofos o teóricos: era la vida floreciendo siempre, dándose como le da la gana y dónde le da la gana. Recuerdo con emoción mi encuentro con la poesía o la naturaleza en sus sutilezas y delirios.Me supe hombre entre los hombres, mortal entre los mortales, apasionado y vehemente desde la infancia.
El problema viene con los años, con la educación y los corsés que las convenciones sociales imponen siempre. Nos olvidamos de las maravillas y poco a poco nos incorporamos a un mundo hecho a la medida de las causas y los efectos; la lógica mecanicista se nos impone y pasamos de ser artistas a ser simples obreros de una causa perdida: nacer, producir y morir.
La domesticación es tan efectiva que al poco tiempo no necesitamos de carceleros que nos vigilen: nosotros mismos nos volvemos celadores de la verdad impuesta; cuando de pronto tenemos un arranque imaginativo, una voz interior nos convence inmediatamente de lo ridículo que es el soñar. Nos castramos a nosotros mismos. Nos volvemos humanos a la medida del tiempo, no a la medida de lo eterno, que es lo que corresponde.
Vamos por la vida con miedo. Nos asusta lo desconocido, ese territorio sobrepoblado de suposiciones que se extiende hacia adelante. Vamos a tientas y preferimos lo conocido a lo posible; este temor nos obliga a la inmovilidad, a no crecer nunca, a no soñar nunca para no sufrir decepciones y heridas mayores. Una de las consecuencias más terribles de esto es que limitamos profundamente nuestra creatividad: asumimos que lo verdadero es lo aceptado. Piensa por un momento en lo que sucede cuando no hay ideas nuevas, cuando la creatividad permanece en un calabozo: la vida se detiene, deja de expandirse y los problemas que todos enfrentamos, lejos de resolverse, se amplifican y se vuelven más dolorosos.
Sentimos que la vida es lo que vivimos, lo que tenemos; sucede que nos volvemos esclavos de una seguridad tan endeble como nuestra pasión.Aceptamos que estamos destinados a ser tal o cual y que no hay nada que podamos hacer para cambiar nuestro estado actual. “Lo que fue es y será”, parece repetirse esta oscura frase, y si no somos capaces de hacerle frente, es el grillete que nos hundirá en un abismo marino del que no saldremos jamás.
Pensar más allá de las convenciones es asumir con alegría vital el riesgo de fracasar y equivocarnos. No importa lo que suceda, la libertad de crear y abrir sendas nuevas nos llama y nos promete algo mucho más importante que la victoria o los aplausos, la plenitud personal. A eso, no me cabe la menor duda, todos estamos llamados.
Te mando un abrazo.

Si puedes “cliquear” el corazoncito verde, te lo agradeceré orando y flagelándome por la salvación de tu alma.