Mamá, alguien te necesita.

Si la vida me hubiera dado el don de volver al pasado, sin duda regresaría al momento que te hizo más feliz…

Hola madre estoy aquí, escribiendo. Sé que no es usual en mí, pero es una faceta que lo fui descubriendo durante el tiempo, y que no me arrepiento, eso sí, me hubiera gustado haber tomado más atención a las clases de literatura en el colegio, pero en fin.

He cambiado mucho, si me vieras ya sé cuál sería tu pregunta: ¿dónde está mi bebé?, bueno mamá luego de casi seis años sin verte, puedo decirte que sigo siendo el mismo solo con más pelo en rostro (me he dejado crecer la barba, bueno algo parecido a eso).

Sé que no hablo mucho con nadie, es por eso que te escribo para contarte un secreto, y necesito que lo leas con mucha atención.

Tengo miedo… -¿miedo? — sí madre, tengo mucho miedo.

Desde que te fuiste, la vida ha sido muy dura en el sentido que tuve que crecer cuando creía que aún no era el momento. Pasar de ser el niño engreído, a ser un hombre a los 16 años fue muy difícil para mí.

– ¿Si para tus hermanos no lo fue, por qué para ti si?

No quiero dar excusa a nada, no quiero ser el mismo niño inseguro ahora que quiero escribir, no quiero seguir dependiendo de nadie, solo que en los momentos más difíciles te quería a ti, y no estuviste. No pretendo entrar en rencor con nadie, estuve años así y lo único que generó en mí es que me amargara con las personas que me querían, cuando ellas no tenían nada que ver. Volviendo a lo primero, fue difícil, porque fui el menor de todos, el más engreído, el bebé, como siempre me decías.

Pero no todo siempre fue malo, como en toda familia hay tiempos buenos y malos. Tengo unos hermanos que darían la vida por verte aquí de nuevo y cada vez la familia se va agrandando como siempre quisiste. Y yo, te preguntarás, bueno sigo aquí, terminé mi carrera y a la par estuve trabajando, estudiando, buscando mejores opciones de vida y de pronto conocí el amor.

¿El amor? — Esas son cojudeces Alexander Melchor.

Así me llamabas cuando me portaba mal o había algo que no te gustaba, pero te tengo que contar esta etapa en mi vida (que por cierto hasta ahora no me la creo). Encontré el amor, y me comprometí — Alex ¿cómo?, ¿mi bebé?- ya sé mamá, dirás que ha sido muy rápido y todo, pero el día en que decidí hacerlo, me hice una gran pregunta: ¿Para qué esperar, acaso existe un tiempo definido saber que estas con la persona indicada?

Hasta el día de hoy, no me arrepiento de las decisiones que tomé en mi vida, solo me arrepiento en no poder demostrar lo importante que fuiste para mí.

Como te pudiste dar cuenta, en todo el trayecto de mi corta vida, hubo momentos buenos, malos, pésimos y hasta horribles, esos momentos me hicieron crecer como persona pero a su vez, fueron duros vivirlos sin ti.

Aprendí a caminar gracias a ti, aprendí a ser amable gracias a ti, aprendí que tengo mucho amor para dar gracias a ti, aprendí que la vida es bonita si tienes a personas buenas que te rodean gracias a ti, aprendí que mi familia es lo más importante en la vida gracias a ti, aprendí que sin ti no puedo vivir.

Esto es una despedida — ¿Despedida, acaso tú también me dejarás Alexander Melchor?- No mamá, no es una despedida que te tenga que dejar en cuerpo, alma y mente, si no, es que tengo que dejarte ir — ¿Dejarme ir? ¿Cómo es eso?- sí mamá, dejarte ir — Pero, ¿Por qué?- el simple hecho es que ya no quiero ser el niño que no puede avanzar, que extraña a su mamá, que llora cuando la recuerda, te tengo que dejar ir porque quiero crecer, hacer mi vida y no guardar rencor por el tiempo que no te dije “te quiero”. Dejarte ir porque necesito seguir mi camino, dejarte ir porque quiero seguir mi destino, pero eso sí, siempre estarás en mi corazón.

Mamá, alguien no te necesita, escribiendo esto me he dado cuenta que… Yo te necesito.

Te amo mamá…

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