Nueva ciudad, misma mierda

Como cantaba el amigo Paul Kelly:

Every fucking city feels the same

Después de viajar unos años y pasar periodos de entre 2 y 9 meses en diferentes puntos de este ancho mundo, puedo afirmar que es una frase que me viene a menudo a la cabeza.

Supongo que se trata más del modo de vida que lleva cada uno que de la similitud entre ciudades y culturas. Pero no puedo evitar pensar que la tan temida ‘globalización’ quizá esté tocando a mi puerta o me persigue de puerta en puerta a lo ancho del globo terráqueo.

En todas partes encontramos Zaras y Mangos. Y American Outfitters, McDonald’s, comida china, bebidas de soja bajas en lactosa y iPhones de todas las versiones, tamaños y colores. Pero no es esto lo que hace que la canción salte en mi cabeza.

Creo que el detonante son los comportamientos humanos. Nuestra especie, tan dispar y pronta a marcar las diferencias entre unos y otros, se comporta exactamente igual sin importar el color de piel, credo o idioma.

En todas partes encuentras al tipo que te va a estafar. No importa si es un político almeriense casposo o un empresario pakistaní que te vende coches con 300.000km a precio de semi-nuevos.

De todas las clases formas y tamaños me los he encontrado y seguiré encontrando. Es la diversidad del mundo. Pero también son arquetipos de personalidad que esperas encontrar. Que crean una familiaridad en la locura que es viajar continuamente. Te dan una sensación de control y de saber qué esperar cuando estás totalmente perdida en una nueva cultura.

Y luego están los compañeros de trabajo. Los amigos que se convierten en familia a base de risas y llantos. Y es con ellos con quienes, siempre con una copa de vino en la mano, terminas cantando:

Every Fucking City Feels the same