El síndrome de la moqueta.

Cuenta una vieja leyenda que es olerla y quedas automáticamente atrapado. La verdad es que también se sospecha del cuero de los sillones pero no hay evidencias científicas que permitan determinarlo. Lo cierto es que son muy pocos los que no sufren el síndrome y son capaces de permanecer inmunes.

Los efectos no son inmediatos. Al principio son más leves. Comienzan con una perdida de toda capacidad de crítica, continúan con una pasividad sobre lo existente y culminan con una colaboración activa en su mantenimiento.

Quizás lo más llamativo es esa necesidad de darse jaboncito continuo entre los propios afectados, algo tan sorprendente como innecesario. Sorprendente porque jamás lo habrías pensado entre esos sujetos, innecesario porque no está nada claro que para progresar haya que actuar de ese modo.

Pero así es y no hay nada que hacer.
Mientras esté, habrá síndrome de la moqueta.

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