Cuasi nada
Enhorabuena, sapiens: has simplificado la vida
Hemos hecho posible lo imposible: simplificar la vida. Ya ni siquiera se debería definir como “nacer, crecer, reproducirse y morir”, sino como “encender, conectar, interactuar y recargar”. Y ésta es una sucesión que lleva perfeccionándose durante décadas; primero con la televisión, después con el ordenador y finalmente con móviles o, por dios santo, “relojes”. ¿Qué nos ha pasado?
Hemos reducido nuestro quehacer a sentarnos ante una luz y recibir la mayor cantidad de información que nos puedan dar en el menor tiempo posible. Y cuanto más masticada mejor. Lógico, dados los pocos segundos de los que disponemos dentro de nuestras ajetreadas, insulsas y (con perdón) insatisfactorias vidas.
Aunque eso, ahora que lo pienso, convierte en todo un logro el que haya podido encontrar un rato para sentarme aquí, frente a estas 15 pulgadas, y preguntarme qué puñetas estoy haciendo con mi vida. Para darme cuenta de todo lo que (no) he conseguido; de todo lo que (no) soy.
Un cuasi-científico y un cuasi-escritor que también ha reducido su existencia a la mínima expresión.
Cuasi nada.