La pirámide de Maslow digital

Álvaro Olmo
Jun 20, 2016 · 3 min read

Todos conocemos la pirámide de Maslow de las necesidades básicas del ser humano. ¿Y si extrapoláramos esas prioridades a las necesidades digitales? Me refiero, más allá de la necesidad de wifi o la seguridad en internet, puramente al escenario virtual. Como ya comentaba en este post que escribí hace unos meses, el planteamiento parte de la pregunta ¿qué es lo primero que hacemos al despertarnos? Yendo con la cuestión un poco más lejos, y para responder a la pregunta de las necesidades primarias, cuando impartía clases les formulaba otra pregunta a mis alumnos: ¿para qué usamos internet a diario y cuál es el uso principal y más importante que le damos? Y clasificábamos las respuestas por orden de importancia, que no de urgencia.

Los resultados siempre solían ser las mismas: para hablar con amigos o familiares, para mantener el contacto (aun sin hablar), para hacer búsquedas, para estudiar o trabajar, comprar mucho y menos vender, buscar información sobre algo concreto o mantenerse informado a través de noticias, jugar, satisfacer necesidades sexuales o afectivas, compartir fotos, entretenerse, consumir vídeos o música, hacer gestiones bancarias o de la universidad…

Necesidades digitales

Con todas las ideas intentábamos establecer un argumento consistente. Lo primero, era encajar las respuestas dentro de generalidades, de agrupaciones. Después venía la importancia que le dábamos a cada actividad. Siempre quedaba algo así, en orden de mayor a menor relevancia:

  1. Comunicación-Relación: nos quedaba claro que era la función principal de internet en la actualidad. Si bien, esto parecía haber cambiado con el tiempo. Probablemente, con la irrupción de los sistemas de mensajería y, más tarde, de las redes sociales, la comunicación y las relaciones humanas habían ido ganando en fuerza y adquiriendo importancia.
  2. Entretenimiento: a pesar de que las actividades de entretenimiento no estaban nunca entre las primeras respuestas, tras una leve reflexión, llegábamos a la conclusión de que utilizamos mucho más internet para entretenernos que para, por ejemplo, buscar información, respuesta que salía casi automática de la boca de aquel al que le preguntaba. El clásico perder el tiempo podría traducirse como una necesidad imperiosa de entretenerse, aunque no dé buenos resultados. Porque entretenerse es casi todo: cotillear perfiles de las redes sociales, ver vídeos en YouTube, escuchar música en Spotify, jugar online, leer para echar el rato, ver películas en streaming. Y un largo etcétera.
  3. Información: y sí, la necesidad de información también estaba, por supuesto. Pero siempre después de las dos anteriores, al menos. Entendíamos información como actualidad, noticias sobre cualquier tema a nivel local o internacional, no importaba. Más adelante la diferenciaríamos de la necesidad del uso de esa información para estudiar o trabajar.
  4. Trabajo-Estudio: ya son muchas las profesiones que necesitan del uso de internet diario. Y también muchas las metodologías de enseñanza y estudio que requieren del uso de internet para investigar. Basta con pensar en el uso del email como herramienta de comunicación casi indispensable en cualquier empresa para que seamos conscientes de la magnitud y la importancia del uso de las conexiones digitales en el empleo o el estudio.
  5. Comprar: me sorprendía cómo un alto porcentaje de alumnos tenía el ecommerce como una de las opciones de uso diario de internet. Pero así era, y realmente siempre estaba más o menos empatada con la anterior, sobre trabajo o estudios. Desde la compra diaria de supermercado hasta la compra de contenido digital, de ropa, vídeojuegos o artículos de electrónica.
  6. Gestiones varias: cuentas bancarias, solicitudes, citas previas, y cualquier otra gestión que pueda resolverse de forma virtual forman parte de este último grupo. Al ser acciones puntuales, no suponía una prioridad alta entre las funciones que le otorgaban al uso de internet.

Fueron ellos (mis alumnos), y no yo, o ellos conmigo quienes confeccionamos esta lista y la ordenamos. Probablemente haya variaciones personales o circunstanciales, pero era fundamental a la hora de conocer al cliente. ¿Para qué usa internet? ¿Cómo podemos aprovechar este conocimiento? ¿Cómo podemos jugar con sus necesidades básicas digitales y nuestro marketing?

Cada escalón de la pirámide supone una serie de herramientas y canales que los internautas usamos. Es a través de esos canales, mediante la medición correcta de tiempos y el conocimiento previo que tenemos como podemos llegar hasta ellos. Pensando de forma global para llegar a lo concreto.

Álvaro Olmo

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Soy aún mejor en persona. Periodismo, Social Media, Comunicación, Redacción creativa. Algo de filología, teatro, fotografía. Y una pasión: ultimate frisbee.

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