El primer barón de Barataria y la identidad de Castilla-La Mancha

En septiembre de 2016 estalla la última batalla entre el PSOE de Castilla-La Mancha y la dirección federal del partido. “Está loco”, dice de Pedro Sánchez un cargo de la federación regional. El secretario general quiere convocar unas primarias y un congreso exprés, aferrarse a su sillón y convertir la madrileña calle Ferraz en su gueto. Así está el partido que más tiempo ha gobernado España y la región de la meseta sur. Si en la Moncloa dos de los suyos han estado 21 años, en el palacio de Fuensalida acumulan 29. Podemos ha roto el acuerdo de investidura con Emiliano García-Page y desde Toledo sospechan que la decisión no es sólo de los morados.

La región nace, entre los últimos setenta y los primeros ochenta, de la suma de cinco provincias y así, sin una identidad común y con realidades muy diferentes, pasa sus primeros años. El adn lo irán forjando millones de pesetas de publicidad institucional y la presencia permanente de la administración regional. Carreteras, pabellones polideportivos, competiciones escolares, excursiones, camisetas y merchandising vario. Hay que convencer de que el autogobierno existe y llega a las fronteras con Madrid y al interior, a las zonas colindantes con Aragón y a las que pegan con Andalucía, tan diferentes todas.

José Bono es uno de los padres de la criatura. Casi el padre fundador. Nadie descarte su rostro estampado en los montes de Toledo -analogía kitsch del Rushmore estadounidense-. Aunque no es el primero, habrá tres presidentes preautonómicos, es el que perdura. En la presidencia del albaceteño se suceden las victorias por mayoría absoluta. Seis triunfos, seis. 1983, 1987, 1991, 1995, 1999 y 2003. Un año después de la última, deja el cargo para ser ministro de Defensa en el primer Gobierno Zapatero. Ha disfrutado de dos decenios para modelar la región según sus designios. Es el arquitecto y obrero, el diseñador y ejecutor. Ha inventado una manera de ser y estar. Desde Toledo para España y el mundo. Los meridionales, Manuel Chávez en Andalucía, Juan Carlos Rodríguez Ibarra en Extremadura y el propio Bono, se convierten en los barones. Contra Aznar; antes contra Felipe.

José Bono en un mitín en Azuqueca de Henares (Guadalajara) en mayo de 2011./ Basilio (CC)

El mito de las baronías, de los “tres tenores” como les llamarán desde el PP, se fragua después del referéndum de la OTAN y el divorcio con la UGT. Arrecia la lucha entre González y Guerra y en el mediodía ibérico levantan la voz los compañeros que quieren su cuota diferencial. Llueve el dinero europeo. Desde el norte del continente transfieren parte de su riqueza para la modernización agrícola y la construcción de más infraestructuras. Son años de inauguraciones y progreso. Aunque se encallen más de la cuenta asuntos como Cabañeros, Anchuras o la Nacional III. Pero esos litigios refuerzan al presidente cercano, al de aquí. Lucha por lo nuestro, dirá él y ratificarán muchos.

Para mayor gloria se editan dos libros con las andanzas del presidente autonómico. José Bono se presenta y Bono con todos se titulan. Un texto breve acompaña a fotos del álbum personal: infancia en Salobre, primeros pasos en el PSP con Tierno Galván, relación con el terruño, reuniones con otros líderes nacionales e internacionales, viajes al extranjero, tortilla con una ama de casa, charlas con una peña en fiestas y noche en el camión de la basura. Bono cocinando, Bono reprendiendo a Jordi Pujol por el desconocimiento que el molt honorable tenía de la región, Bono diciendo que toreo bueno es el que se hace “con la mano izquierda” y sin ayuda de la espada.

PSOE y Castilla-La Mancha se confundían aquellos años. No se sabía dónde empezaba el uno y dónde terminaba la otra, ni viceversa. Y sorprendentemente, muchos de los que escogían la papeleta del puño y la rosa para elegir alcalde o líder regional se cambiaban a la de la gaviota en los comicios nacionales. Voto dual lo llaman, aunque siempre se haya asociado a Cataluña o País Vasco, tan pluripartisdistas ellas. La ínsula Barataria[1] era diferente. Cosa de dos, de uno solo cuando se trataba del poder en la nueva autonomía.

Nadie explica por qué el PSOE arrasa. No es tan fácil: hay un sentimiento español arraigado y débiles lazos interiores de unión. Guadalajara es la provincia donde peores resultados obtiene (la única enteramente castellana, pueden decir) y Ciudad Real la que más alegrías y mejores porcentajes les ha reportado (la casi plenamente manchega). No hay argumentos mucho mejores que el del clientelismo o la costumbre. Al menos no tan elaborados. Se habla del poder del funcionariado, la dependencia de las subvenciones, el escaso tejido de los medios de comunicación y la importancia del voto rural y los jubilados. El mismo discurso que se emplea en Andalucía y Extremadura o en Galicia y Castilla y León si del PP se trata.

No importa que haya que dirigirse a las agrociudades manchegas más envejecidas o a las pujantes comarcas de la Sagra toledana y el Henares de Guadalajara; tampoco que las primeras mantengan su población desde hace lustros y las segundas parezcan satélites de la popular Madrid. El discurso, el frame, no cambia: mismo marco para los llegados de fuera y quienes residen desde hace tiempo. La distribución de votos lo confirma: en Castilla-La Mancha se les vota en ciudades tanto como en pueblos, en zonas de más edad igual que en áreas más jóvenes; tampoco se observan divergencias significativas por sexos (sí, quizás, por nivel de estudios). Además, los del PSOE siempre te saludan y te preguntan. Lo dicen, lejos de sus compañeros, algunos del PP.

Los socialistas de Castilla-La Mancha dicen que no son como los de allí, entendiendo como tales los que dirigen desde Ferraz o se sientan en la Moncloa. No importa la discrepancia, tampoco aparentar división. Parecen ser los inventores del castellano-mancheguismo o de la castellano-mancheguidad. El PSOE encuentra en la región una cantera infinita de cargos municipales, provinciales y regionales. El rival, cuneros y paracaidistas, según se prefiera denominarles. En AP primero, PP después, los candidatos tienen que explicar su origen y demostrar su vínculo con la tierra. Resulta más difícil lo segundo: los que por aquí concurren no parecen autóctonos.

El centroderecha atraviesa lustros sin opción alguna. Cae alguna alcaldía golosa y alguna diputación, pero no el premio gordo. Y cuando hay alguna opción, como en 1995, Bono y una guerra de egos la desbaratan. Los populares, que presentaron a Isabel Tocino para unas generales y a Adolfo Suárez Illana en unas autonómicas, sufren la tiranía de las urnas. Por qué los otros parecen naturales y los nuestros no, se preguntan simpatizantes y afiliados. Hasta el carisma parece coto reservado del PSOE. El propio Bono, semanas después de barrer a Suárez júnior, se despachará contra él con su argumento fetiche. La retirada, no tomó posesión del escaño, “habla de manera clara y elocuente del cariño que tiene por esta tierra”.

José María Barreda mata al padre. Gana en 2007, la séptima absoluta consecutiva socialista, y ratifica su elección tras tres años en el cargo. Quiere ser más de izquierdas, más social. Dinero había para ello. Bono cruza el Tajo sin aspiraciones mayores. Perdida su oportunidad en la secretaría general, la inesperada victoria de Zapatero en 2004 le alejó de la carrera por la presidencia del Gobierno. Al nuevo presidente regional, del clan de Ciudad Real (si es que existe dicho clan) se le enfrentó María Dolores de Cospedal. La descarada madre soltera, con familia en Albacete y que había sido consejera de Transportes en la Comunidad de Madrid, también pierde.

El único paréntesis es el cuatrienio Cospedal, la lideresa que mientras presidió la Junta era número dos de Génova cuando arreciaban los casos de corrupción y sonaban los nombres de Bárcenas y Correa. Ganó en 2011 y reeditó victoria en 2015 pero su cambio de la ley electoral terminó favoreciendo a la izquierda, que la echó de Fuensalida. Volvió el PSOE, ahora acompañado de Podemos. Emiliano García-Page, alcalde de Toledo los ocho años anteriores, fue investido presidente de Castilla-La Mancha. Heredero de Bono, es el tercer socialista en un cargo cincelado a la medida de un partido ahora en crisis.

Molinos de viento y castillo de Consuegra (Toledo).

[1] Su emplazamiento real está en el término municipal de Alcalá del Ebro, en la provincia de Zaragoza. La Junta ha usado ‘Barataria’ e ‘ínsula Barataria’ para diferentes iniciativas divulgativas.