Guardé unos pañuelos en mi cajón hace unos meses, sólo por si los necesitaba en alguna ocasión; sin imaginar que la ocasión vendría más pronto de lo esperado.

Creo que si le pudieramos preguntar a cualquiera, te responderán que nunca se está preparado para la muerte. Ahora, si le preguntamos a cualquier ser que quería a esa persona, te responderán que ellos menos. Es díficil dejar ir a una persona, más que nada porque la querías y amabas pasar tiempo con esa persona o simplemente la querías por que… sí. Y cuando menos te lo esperas… ¡Boom, hasta luego! Muchas personas lo llaman “amor”, yo lo llamo “egoísmo”. ¿Egoísmo? Porque vamos a extrañar lo que esa persona nos hacía sentir. Tal vez también el amor esté involucrado, claro, pero creo que es un poco más de egoísmo. Sabemos que esa persona por fin está descansando y nosotros aquí llorando y sufriendo. Lo sé, es humano que duela la partida de alguien, pero también creo que debemos alegrarnos por esa persona.

La muerte quizás sea triste para los que no mueren, pero no hay que olvidar que la muerte también es alegre para los que se van.

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