Finales sin historia [Repost Nº14–2015]

No es necesario que esto tenga un final. Créeme cuando te digo que no necesitas saber cómo acaba.

Para ti no he sido más que un símbolo, un nombre que olvidarás al cabo del tiempo. Poco más que una cara que pasó fugazmente a tu lado en cierta etapa, y que se aleja a cada segundo.

Nunca llegarás a saber nada, porque nunca has llegado a estar realmente ahí. No hace falta que me digas que me entiendes, porque, a pesar de lo que te esfuerzas en creer, la realidad es que nunca has estado bajo mi piel.

No tienes que tomarte la molestia de sonreír para hacerme sentir mejor. Nada de esto me hará sentir mejor.

Tendrías que haber visto la expresión en mi cara cuando comprendí que no somos más que un enorme conjunto de hormigas… hormigas que se cruzan unas en el camino de otras y que siguen adelante sin que les importe nada de lo que les rodea. Y lo mejor es que vivimos engañados pensando que somos partícipes en la vida de esas otras hormigas.

Tendrías que haberme visto en el instante en que descubrí que todo era parte de un edificio construído a base de palabras vacías. Ese momento en que perdí la fe no tuvo precio.

Por eso y más no me siento parte de todo esto. Creo que no comprenderé jamás esa tremenda ausencia de implicación real. Esa ‘cara A’ a la que tú llamas “implicación” y a cuya ‘cara B’ yo conozco como hipocresía.

La imagen del alma gemela es fácil de vender. El tener un hombro sobre el que llorar, un oído para confesiones, unos ojos que asientan a todo lo que salga de tu boca… ese tipo de cosas que se supone que todos hacemos por los demás pero que nadie hace ni una vez sin gritarlo después a los cuatro vientos. “Aquí me tendrá para lo que necesite. ¡Soy su sombra y jamás de los jamases le voy a fallar! ¿Pero eso lo sabéis, verdad?”

Porque si no lo saben… no merece la pena.

En algún punto de sus vidas, todas esas caras que te rodean han jugado a ser una mano dispuesta a compartir la carga, un soporte listo para aliviar el dolor… y olvidarlo poco después entre tanta distancia autoimpuesta. Pocas de esas caras se pararon a pensar en ello detenidamente.

Dime, ¿te sientes parte de esto? ¿De verdad lo sientes?

¿Y acaso sentirse parte de esto no es más que contribuir a ese infinito ciclo de autoengaño?

En tu cabeza siempre fluye lentamente la misma idea. Una imagen que intentas olvidar cada vez que sale a la superficie. Una especie de pieza que nunca querrás encajar porque sabes perfectamente lo que eso significa. Sabes que no vas a poder afrontarlo si en algún momento pasa a formar parte de tu consciencia.

Y en tu interior lo sabes perfectamente:

Nunca llegarás a saber nada de mí, porque nunca has querido conocerme.

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