Bajo cero [Repost Nº2 — 2014]

Y mírate ahí, con los ojos posados en las nubes, quizá buscando las palabras adecuadas en medio de las montañas, quizá esperando una respuesta, o huyendo de una.

Abres la boca y el vaho impregna el ambiente helado. Sin nada alrededor, más allá de los picos helados y la distancia. Tan sólo un bosque se vislumbra a unos metros.

Imbécil por creer en palabras vacías, por creer que por un momento pudo ser posible.

Ya nada está bien. Si no quieres verlo, no es mi problema. Ya no.
Desciendes por la pendiente, hasta que comienzas a adentrarte entre los árboles.

Ese de ahí no soy yo. Yo era feliz, creía en tantas cosas… Pero ahora todo es gris.

Comienzas a hacer memoria entre los matices verdosos y las hojas que ahora pueblan el cielo. Pero no quieres seguir recordando. No quieres volver a ese instante.

El instante en que la magia desapareció, cuando el mundo de color comenzó a apagarse.

El instante en que la bondad dejó paso a algo menos humano, más frío y distante.

Ahí dejé de creer, a base de desilusiones y distanciamientos. Si sólo pudiera cambiar esta pesadilla…

Sabes que nada está bien, que nada ha sido un sueño, y que no tiene final.

Ya no me interesa encontrar una salida. Prefiero perderme entre troncos milenarios y destellos de color esmeralda. Al menos aquí no existe el daño ni el dolor. No hay nadie a quien perder.

La poca luz que quedaba comenzó a desaparecer por el horizonte, dando paso a un panorama desolador.

Y es que todos tenemos un final, y un límite al que llegar. Ya no me duele, porque ya no siento nada, porque me cansé de sentir.

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