Recuperando el ayer [Repost Nº5–2014]

Cerrar los ojos no hará que acabe antes. Únicamente impedirá que mires cómo aprieta cada vez más tu garganta, esperando a que te vengas abajo.

En ocasiones puede alterarlo todo. Puede hacerte perder tu esencia mientras aporta una pizca de caos a tu nueva y desconocida rutina.

A veces necesitas mirar atrás y recuperar parte de ti para poder hacer frente a la tormenta de novedades que sacuden tu día a día de una manera tan violenta como inhumana.

El cambio puede ser beneficioso en gran cantidad de ámbitos, pero en determinados momentos, en medio de la lluvia se necesita abrir un paraguas bajo el que refugiarse pensando en el ayer, en lugar de salir cada noche enfrentándote al presente. Dejándote arrastrar al abismo.

Y no hablo de esconder la cabeza entre recuerdos y negativas, sino de mantener valores, costumbres… En definitiva, mantener ese día a día que caracterizaba tu existencia antes de la avalancha de novedades. Al menos en la medida de lo posible.

Los programas de la tele en aquellas tardes de sol anaranjado, las salidas en bicicleta entre caminos verdes, las horas perdidas en la estación del bus, las canciones en modo aleatorio en el reproductor, incluso las largas sesiones de cine cuando te pasabas más de media peli pensando en cuánto tiempo más se podría mantener en pie esa amistad.

Ahora lo único que queda es apretar los dientes y mantener la mente fría mientras atraviesas las llamas en busca de libertad. Ya queda poco camino, y la meta está más cerca de lo que puedes ver. Luego ya llegarán días de sonrisas y reencuentros. Eso seguro.

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