¿Veganismo? No, gracias

El debate respecto al consumo de productos de origen animal no es en absoluto reciente y cuenta con un sinnúmero de aristas que han sido ampliamente investigadas por profesionales de todos los campos. Al respecto se han producido muchos documentales y se han escrito demasiados artículos. Sin embargo, aquellos que se hacen virales, según lo que mi experiencia me ha permitido observar, son los que invitan a continuar con el consumo de carne y que, como este, pretenden desvirtuar al veganismo. El resultado no es otro más que la desinformación de los lectores y el público: se ha vendido una imagen bastante distorsionada del animalismo y se desconocen los efectos ambientales atribuidos a la dieta basada en productos de origen animal.

La causa de todo esto es, probablemente, que no queremos ser molestados. Nadie desea que se le cuestione su modo de vida o se le saque de su zona de confort, por lo que se buscan razones para no hacerlo. Eso es perfectamente comprensible, pero mal actúan quienes alegan la existencia de una aparente superioridad intelectual, y luego dan la espalda a la información que la ciencia nos ofrece. Sea entonces éste el momento para acabar de una vez por todas, de una manera bien sustentada, con el veganismo.

Los argumentos que se esgrimen para un cambio de dieta, dejando de lado el sufrimiento animal, se dividen en 5 principales: 1) se emiten demasiados gases de efecto invernadero a causa de la ganadería; 2) se desperdicia mucha más agua en la producción de carne que en la de alimentos de origen vegetal; 3) la ganadería es la principal causa de deforestación en el mundo; 4) con la dieta actual se acentúa la crisis alimentaria que se espera en las décadas venideras; 5) la dieta que llevamos actualmente es nociva para la salud.

Dicho esto, debo hacer una confesión. Le mentí, no es mi intención desvirtuar al veganismo. Lo he hecho para captar su atención pues la experiencia me ha mostrado que nadie quiere conocer algunas verdades incómodas. Lo entiendo, yo he estado ahí. Yo también me he burlado de vegetarianos. Pero quisiera contarle un par de cosas que he aprendido incluso después de hacerme vegano. Lo cierto es que tomé esa decisión por compasión con los animales no humanos, pero no será este el momento de hablar de ellos. Prometo no hablar del sufrimiento animal. Si usted me lo permite, quisiera exponer los efectos ambientales del consumo de carne -no sería tan hipócrita como para hablar de la salud siendo que consumo alcohol más o menos seguido, aunque sí tiene sus beneficios-.

En informe de la FAO de 2006 (Livestock’s Long Shadow), se señala a la ganadería como responsable de una emisión de gases de efecto invernadero incluso mayor que la del sector del transporte a nivel global. En efecto, esta genera enormes cantidades de CO2, óxido nitroso y metano, siendo estos dos últimos mucho más nocivos para el medio ambiente que el primero. El origen de estos gases se encuentra en el estiércol, el amoníaco y el sistema digestivo del ganado. A esto debe sumarse que con la gran deforestación de la que es responsable, se elimina mucha vegetación que podría ayudar a combatir dichos gases, lo cual nos lleva al siguiente punto. El estudio de la ONU destaca el uso desmedido de terrenos que la ganadería demanda: representa el 70% de las tierras sobre las que resulta viable la agricultura, el 30% de la superficie de tierras del planeta, y el 70% de los terrenos que alguna vez fueron forestados en América[1].

Podría pensarse que esta deforestación es justificada en la medida en que al hacernos todos veganos igualmente aumentaría la deforestación por los cultivos. Nada más erróneo. Está claro que al destinar las tierras para cultivos se generarían más alimentos, y para la muestra un botón: en Colombia se destinan 4 veces más tierras a la ganadería que al sector agrícola, y sin embargo éste último produce más de 10 veces el peso en alimento que se produce en carne al año en tan sólo 22 de los 32 departamentos del país (SIPSA, 2012; Contexto ganadero, 2014; DANE, 2014). Es más, en artículo de la edición de marzo de la revista National Geographic se aseguró que con semejante cambio de dieta se podría solventar la crisis alimentaria futura sin tener que talar ni un solo árbol adicional.

Finalmente, la cantidad de agua necesaria para producir un kilo de carne es sumamente desproporcionada e impactante. Como es de esperar, cada estudio arroja resultados diferentes, pero para que se haga una idea de las magnitudes que se manejan daré un ejemplo: la National Geographic estima que se requieren 3.600 galones de agua para producir un solo kilo de carne. Al final dejaré un link a tal estudio, el cual se presenta de una forma muy interactiva para comparar esta cantidad con la requerida por otros productos.

Como puede ver, me he esforzado por ser sumamente conciso, y ello lo he logrado sacrificando muchísima información, la cual podrá ampliar viendo unos cuantos documentales que mencionaré al final. Pero hay algo más, algo muy importante que mal haría en omitir, y acá tendré que disculparme de nuevo por mentirle. Hay animales no humanos involucrados que padecen mucho dolor. No hablo solamente del momento en que son sacrificados –lo cual ya es bastante terrible-, sino que también son descornados, marcados con hierros al rojo vivo, separados de sus madres, castrados –claramente sin anestesia-, constantemente golpeados para llevarlos a los lugares deseados, despicados, y encerrados en espacios reducidos o sobrepoblados en muchas ocasiones que no están al alcance de nuestros ojos.

Yo le aseguro que estos casos son muchísimo más frecuente de lo que creemos o quisiéramos creer, aun cuando estas medidas varíen tanto dependiendo del ganadero o incluso del país. Muchas de ellas me constan, pues mi abuelo fue propietario de una finca en la que había pollos, reses y cerdos. He visto al ganado ser golpeado, marcado, y castrado, además conozco los galpones en que los pollos son confinados. Es algo muy fuerte para quienes no estamos acostumbrados. Incluso recuerdo a mi abuelo decirme que no gritara cerca de los galpones, pues las gallinas están tan nerviosas que pueden morir ahogadas por el susto.

No me creo más que usted por ser vegano. Durante 23 años no lo fui, y no creo haber sido menos que nadie durante ese tiempo. Como alguien que considera el determinismo absoluto como un hecho, mal haría en pensar que una cuestión como esta me ponga en un grado superior a otro humano. Es más, la primera vez que vi el popular reproche que se nos hace a los animalistas de creernos superiores quedé pasmado. No podía creerlo, pues lo leí en un comentario en un video en youtube en el que se mostraba un caso dramático de maltrato animal. No me hice vegano por sentirme superior, sino por la innecesaria violencia que se presenta en el mundo y que se atestiguaba en aquél video.

Si a pesar de esta información, más la que haya obtenido antes o proceda a revisar, sigue firme en permanecer con el estilo de vida que lleva por la fuerte convicción de que es lo correcto, le daré unos datos y consejos para evitar que caiga en confusiones en las que muchos (incluyéndome) hemos caído:

1. Las plantas no sienten dolor. Eso es sencillamente imposible pues carecen de un sistema nervioso. Lo máximo que pueden ofrecer son reacciones mecánicas ante ciertos estímulos. Esto, por cuanto no poseen un sistema que les permita llevar a cabo el proceso de nocicepción (mediante el cual se codifican los estímulos recibidos para ser interpretados como dolor), de neuronas, y de órganos que interpreten estas señales. En mi pequeña investigación tan sólo pude encontrar tres personas que sostienen que las plantas podrían (nótese que es especulación) llegar a sentir algo, a su manera, similar a la función del dolor en el reino animal, y se cuidaron en aclarar que en ningún caso sería igual a este.

En cambio, encontré un documento titulado Plant neurobiology: no brain, no gain? redactado por 33 científicos de diferentes universidades y países cuestionando que las plantas puedan poseer nervios, sinapsis, o un cerebro que les permita localizar sensaciones. No sobra, en todo caso, aclarar que existen infinidad de artículos en contra del vegetarianismo que proponen la capacidad de sentir dolor de las plantas, más no remiten a las fuentes, o, al acudir a estas, se evidencia la manipulación de la información y su extrema simplificación. No porque se presenten reacciones quiere esto decir que se dé un proceso mental de toma de decisiones, autoconsciencia, o de decodificación del dolor.

2. Sepa que es perfectamente posible ser vegano y estar saludable. Es fácil encontrar las proteínas y demás nutrientes necesarios en el reino vegetal. Le doy un ejemplo muy diciente: Patrik Baboumian, quien ostenta varios récords mundiales en pruebas de fuerza, y ganó el título del hombre más fuerte de Alemania en el 2011, es vegano. Yo, por mi parte, he sido sometido a examen de sangre tras dos años de veganismo, y el cuadro hemático no arrojó resultados que lleven a sospechar una posible deficiencia nutricional de ningún tipo.

3. No justifique la violencia animal que se presenta en las cadenas de producción de alimentos u otros productos, si es de esas personas que le huyen a los videos en los que se exponen el dolor al que se ven sometidos, pues estaría hablando de algo que, de hecho, no conoce, además de hacerlo un poco hipócrita.

4. Ser vegano puede ser tan costoso como el sujeto lo desee, de la misma manera en que lo sería ser omnívoro o comprar productos de origen animal. Cada quien se da el lujo que quiera y pueda, pero nada más barato que arroz y leguminosas, por dar un ejemplo.

5. No porque los cavernícolas no fueran veganos deba usted continuar con esta tradición. Siéntase libre de tomar una decisión autónoma. No deje que sus antepasados interfieran en su vida.

6. Gracias a la teoría que ha sido construida a través de siglos de estudios, hoy en día usted es considerado tanto un sujeto moral como un objeto moral, a diferencia de otros animales que, en general, sólo son considerados objetos morales. Esto, para decirle que no porque un animal de otra especie haga algo, quiera decir que usted está moralmente facultado para hacerlo.

Para muchos es difícil hacer cambios significativos en sus formas de vida, y para otros puede resultar más sencillo. Eso es comprensible. Yo, por mi parte, aún no he dado el paso de usar más la bicicleta. Pero el que algo nos resulte difícil no es justificación para no intentarlo hasta lograrlo. Lamento mucho haberle mentido, pero espero que este texto haya resultado ilustrativo de alguna forma e invite a generar pequeños cambios en nuestras vidas que lleven a una revolución más grande, y le prometo usar más la bicicleta de ahora en adelante.

· Información interactiva sobre el uso de agua en diferentes productos (National Geographic): http://environment.nationalgeographic.com/environment/freshwater/embedded-water/

[1] Henning Steinfeld, Pierre Gerber, Tom Wassenaar, Vincent Castle, Mauricio Rosales, Cees de Haan. “Livestock’s long shadow”, 2006. FAO.

*Artículo escrito por Camilo González, miembro de AnimalUR.

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