¿Quo vadis feria de arte online?

Reflexiones sobre la feria de arte en el contexto 2.0

La “virtualización de una feria de arte” lleva a una serie de reflexiones vinculadas a la rigidez estructural del mundo del arte frente a las posibilidades del medio online.

fffAdaptación de una imagen original de BlinkenArea.org

La traducción literal del referente físico

VIP Art Fair fue publicitada, en su nacimiento el año 2011, como la “primera feria virtual de arte del mundo”. Y es que sus creadores, una fusión de galeristas neoyorquinos y emprendedores de Silicon Valley, lo tenían todo pensado para parecerse al máximo a una feria de arte tradicional: diferentes tamaños de galería en función de la “importancia”, secciones (artistas emergentes, solo projects, etc.), visitas guiadas a cargo de artistas y comisarios, vídeos con entrevistas que sustituían los programas de conferencias, etc.

El éxito del proyecto, que se presentaba como un buen sistema para abrir campos al mundo del arte, parecía garantizado. Aun así, sólo se realizaron dos ediciones de VIP Art Fair, que fue absorbida por ArtSpace en 2013. Y “la primera feria virtual” y, por lo tanto, su web desaparecieron.


Hacia un modelo más flexible

Por su naturaleza, el contexto digital ofrece un formato de feria más democrático y accesible para con el gran público y más adecuado para atraer un nicho de coleccionistas sin explotar: los coleccionistas más jóvenes, habituados al uso de las nuevas tecnologías.

Adaptación de una imagen original de Vasco De Bondt Moyson

Pero, a pesar de ofrecer ciertas características de la web 2.0 (la utilización de “marcadores” para configurar rutas, la posibilidad de chatear con las galerías o la interacción a través de las redes sociales) a “la primera feria virtual” le faltaba una parte social fundamental, la de los cócteles, las cenas y las charlas “out of the record” de la feria tradicional.


Un formato “todo-terreno”

A estas alturas del mundo 2.0, parece lógico pensar que lo más acertado es tener un pie en el plano físico y un pie en el plano virtual. Y este es el modelo que practica Artsy.

La neoyorquina The Armory Show fue una de las primeras grandes ferias que se lanzó a crear una versión reducida de la feria en esta plataforma digital. Con la colaboración de comisarios de renombre que recorrieron la feria neoyorquina antes de su apertura al público general, Artsy creó una selección personal de las obras que le parecían más interesantes.

Sección de “Ferias” de Artsy

Con un diseño web muy cuidado, Artsy no ofrece mucho más de lo que prometía ser VIP Art Fair, pero presenta una gran diferencia: no posibilita la compra directa, si no que invita a contactar con las galerías para consultar precios y realizar las compras. Un formato que no dista mucho de Pinterest u otras plataformas de “marcadores” pero que, de alguna manera, garantiza la calidad de la selección de piezas.


La feria como base de datos

Más allá de sus intenciones iniciales, la feria online es, en esencia, un proyecto comisariado por varios profesionales (con obras de arte de mucha calidad) que sintetiza la actividad online de muchas galerías, además de establecerse como una valiosa base de datos de usos y costumbres del mundo del arte, como plantea el crítico de arte y comisario Pau Waedler.

Un buen ejemplo de ello son las aplicaciones para smartphones que funcionan, cada vez más, como catálogo de las ferias. Véase por ejemplo, ya que justo está celebrándose este fin de semana, la completa guía de ARCOMadrid que constituyen tanto su versión web multidispositivos como su aplicación para smartphones.


La cuestión fundamental parece, pues, si es suficiente el cambio de medio (del físico al digital) para que un evento se convierta en 2.0. O si, como todo parece indicar, se requiere también de un cambio en la concepción del proyecto que se adecue al lenguaje y características propias del nuevo medio.

Si VIP Art Fair o Artsy han establecido unos precedentes, todo parece indicar que hay aún mucho camino por recorrer.