Escribir, como medida de lo que ya no soy


Han pasado años, muchos, desde que dejé de escribir. Solía hacerlo con regularidad y siempre para mí. Escribir consistía en un ejercicio, en una especie de búsqueda, en una forma de explorarme y explorar así lo que tenía alrededor. Era también una forma de la esperanza: la promesa del descubrimiento.

Con una pluma fuente que había comprado en Sanborns escribía sobre una libreta roja de pasta dura. Me gustaba hacerlo ya llegada la noche, en la tranquilidad de mi recámara. Siendo zurdo escribía al revés, de derecha a izquierda, invirtiendo las letras con la habilidad que había adquirido con algo de práctica tiempo atrás, solo con la clara idea de no manchar las hojas mientras arrastraba la mano sobre el papel -cosa que por lo regular pasaba cuando escribía de manera convencional- . Así lo hice durante algunos años, durante los cuales se fueron acumulando palabras y páginas.

Cuando dejé de escribir no había teléfonos inteligentes y el internet era más bien un lujo, tan lento como inaccesible. Por supuesto que realicé algunos intentos para retomar al escritura. Abrí incluso un blog en wordpress y durante un tiempo escribí opiniones sobre cosas que pasaban. Incursioné brevemente -que es mucho decir- en un insipiente wiki-activismo social, por decirle de alguna manera.

Pero en realidad esos intentos eran ya otra cosa. Estaban muy lejos de parecerse a mi temprana experiencia -aunque eso lo entiendo hasta ahora- , pues al hacerlo lo que intentaba era más bien conectarme con otros y ya no más conmigo.

Fue hasta hace apenas unos días que pensé en volver a hacerlo. Tal vez este nuevo intento sea distinto, como yo después de todo este tiempo.