Glosario Político

Ejercicio de inteligencia colectiva


Índice:

Anarco-capitalismo

Banóptico

Burocracia

Conflicto

Democracia

Dominación

Elecciones limpias

Esquema institucional weberiano

Estado de Derecho

Equilibrio de poder

Fortuna

Legitimidad

Liberalismo clásico

Liberalismo moderno

Liberalismo contemporáneo/ Neoliberalismo

Líder carismático

Partidos de masa

Poder

Política

Realismo político

República

Socialismo

Virtú

Anexo I: “La política vs. Lo político”

Anarco-capitalismo: Considera que el Estado debe ser reemplazado en su totalidad por espacios competitivos gerenciados por el sector privado. El tipo de organización imperante en esa sociedad sería espontánea, no coercitiva y autónoma, y estaría basada en un orden voluntario y cooperativo. Según David Friedman, no existiría servicio que el mercado no pueda proveer de mejor manera que el Estado. Ninguna actividad quedaría exenta, ni siquiera la legislativa o la referida a la seguridad, ya que las mismas dejarían de ser un bien público, por lo que cada individuo compraría su propia legislación o su propia protección. (ver Liberalismo contemporáneo-Escuela de Chicago).

Banóptico: Didier Bigo menciona la variante del <<banóptico>> (ban, exclusión) para aplicar el concepto a los marginales globales. Lo que propone el académico es utilizar el término <<banóptico>> para indicar cómo las tecnologías de elaboración de perfiles se utiliza para determinar quién debe ser objeto de una vigilancia estricta. Pero este planteo tiene su base en un complejo análisis teórico de cómo una nueva <<(in)seguridad globalizada>> está emergiendo de las actividades coordinadas de los <<gestores de la preocupación>>, cómo la policía, los agentes de aduanas y las compañías aéreas. Las burocracias transnacionales de vigilancia y control, sean de negocios o políticas, trabajan ahora a distancia para rastrear y controlar los movimientos de la población. En conjunto, estos discursos, prácticas, construcciones físicas y normas forman un complejo aparato interconectado, o lo que Foucault llamaba un dispositif. El resultado no es un panóptico global sino un <<banóptico>>, combinando la idea de <<exclusión>> de Jean Luc Nancy en el sentido en que la desarrolló Agamben, con la idea de <<óptico>> de Foucault. Su dispositif muestra quién es aceptado y quién no, creando categorías de personas excluidas no sólo por un determinado Estado-nación, sino por un conglomerado amorfo y no unificado de poderes globales. Y ese conjunto opera virtualmente, utilizando bases de datos interconectados, para canalizar los flujos de datos.

Didier Bigo sostiene que hoy en día no existe ninguna manifestación centralizada del diseño panóptico y que si existe el dispositif es de modo fragmentado y heterogéneo. Actúa a través del Estado y de entidades corporativas, que junto con las demás agencias <<contribuyen a reforzar la informática y los datos biométricos como modos de vigilancia centrados en los movimientos de los individuos de un país a otro>>. Para Bigo, esta situación constituye una forma de inseguridad a nivel transnacional (y no un panóptico en absoluto). Y dentro de ella, Bigo analiza los discursos (riesgos y grados de amenaza, enemigos interiores, etc), las instituciones, las estructuras sobre las que se asienta (desde los centros de detención hasta las puertas de embarque de los aeropuertos), las leyes y las medidas administrativas que singularizan algún grupo para aplicarle un tratamiento específico. La función estratégica del diagrama del banóptico consiste en determinar una minoría <<excluida>>. Y sus tres elementos constituyen un poder excepcional en el seno de las sociedades liberales (el estado de emergencia que se convierte en regla), la selección (que excluye a ciertos grupos, o a categorías enteras de personas excluidas, por su comportamiento social futuro) y la normalización de los grupos no excluidos (mediante la creencia en la libre circulación de bienes, capital, información y personas). El <<banóptico>> actúa en los espacios globalizados que superan el Estado-nación, por lo que los efectos del poder y la resistencia ya no se dan sólo entre el Estado y la sociedad.

Según Zygmunt Bauman el banóptico es sólo un modo de pensar la vigilancia, en el que los instrumentos de vigilancia se dedican a <<mantener lejos>>, en vez de <<mantener dentro>>, como hacía el panóptico, y que se nutre y crece con el imparable crecimiento de las preocupaciones securitarias, y no de la necesidad de disciplinar, como era el caso del panóptico.

En primer lugar, el banóptico impide el acceso a todos aquellos que no poseen ninguno de los dispositivos individualizados de vigilancia (como la tarjeta de crédito, smartphone, etc.), es decir, a aquellos de los que no se puede esperar que practiquen esa vigilancia por su propia cuenta. Estos individuos (mejor dicho, categoría de individuos) deben ser <<asistidos por el poder>>, ayudados a comportarse de acuerdo con los modelos de comportamiento de los <<espacios defendibles>>.

Otra función de los dispositivos banópticos, no menos importante, es detectar cuanto antes a aquellos individuos que muestran signos de no querer comportarse como es debido o que planean abrir una brecha en esos modelos.

Burocracia: Según Weber es el “instrumento de la socialización de las relaciones de dominación; la victoria del cálculo y la planeación centralizada: de la organización sobre el individuo”. Es un tipo de organización que se funda en el saber especializado, lo cual le otorga el carácter racional que la identifica y la diferencia de otros tipos de dominación en la medida en que es técnicamente superior a estos. La burocracia es indiferente, en su esencia a la naturaleza del régimen económico y social, porque está desprovista de cualquier finalidad histórica y ha sido definida de manera puramente formal como un tipo, entre otros, de organización. Tiene una visión pesimista acerca del proceso de racionalización burocrática, lo considera como un mecanismo deshumanizante más que liberador. La única salida para esta “cosificación” o “deshumanización” de la dinámica social causada por la racionalización burocrática se encontraba en la acción disruptiva de los líderes carismáticos que aparecerían, cada tanto, revolucionando y redefiniendo pautas y valores. La clave del proceso histórico se ubicaría en un juego dialéctico entre carisma y burocracia.

Conflicto: En Maquiavelo entendido como la desunión entre los grandes y el pueblo es lo que permite que se realice leyes más justas y por lo tanto se sostenga un régimen más estable.

Democracia: Guillermo O´Donnell advierte que la lógica de asignar calificativos al término “democracia” implica que se presupone que este término tiene un significado claro y consistente, que luego es parcialmente modificado por esos calificativos. Según esto, lo único que varía y puede originar vaguedad o ambigüedades son las categorías agregadas o sustraídas de ese significado nuclear. A este problema se le añade otro de índole histórico-contextual, ya que prácticamente todas las definiciones de la democracia que aparecen en la bibliografía son una destilación de la trayectoria histórica y la situación actual del Noroeste, pero las trayectorias y la situación de otros países que hoy pueden considerarse democráticos difieren notablemente de la de aquéllos. El autor afirma que las actuales teorías de la democracia necesitan ser revisadas desde un punto de vista analítico, histórico-conceptual y jurídico.

La definición minimalista (o procesalista) de la democracia, considera que “la democracia es un método político, un cierto tipo de arreglo institucional para arribar a decisiones políticas, legislativas y administrativas. Schumpeter agrega que, para que exista una libre competencia en procura de votos libres, deben cumplirse ciertas condiciones ajenas al proceso electoral mismo. Afirma que “Si, al menos al principio, todos son libres de competir por el liderazgo político presentándose ante el electorado, en la mayoría de los casos esto implica una dosis considerable de libertad de palabra para todos. Cuando Schumpeter repasa su definición y otro enunciado emparentado con ella, según el cual “la función primordial del electorado es generar un gobierno, también es su función derribarlo. Es decir que una elección no es un acontecimiento puntual, sino un procedimiento para elegir y derribar gobiernos a lo largo del tiempo.

Schumpeter enumera varias “condiciones para el éxito del método democrático”: 1) un liderazgo apropiado; 2) la amplitud de las decisiones de política pública no debe ser excesiva; 3) la existencia de una burocracia bien capacitada, que goce de prestigio y tradición, dotada de un fuerte sentido del deber y de un no menos fuerte espirit de corps; 4) los dirigentes políticos deben ejercitar un alto grado de autocontrol democrático y respeto mutuo; 5) debe haber asimismo “un buen grado de tolerancia para las diferencias de opinión; 6) Todos los intereses que importan deben ser prácticamente unánimes no sólo en su adhesión al país sino también a los principios estructurales de la sociedad existente.

Adam Przeworski: “La democracia es un sistema en el que los partidos pierden elecciones. Hay partidos, o sea, división de intereses, valores y opiniones; hay competencia regulada. Samuel Huntington, define la democracia como un sistema político que existe “en la medida en que sus líderes más poderosos son seleccionados a través de elecciones limpias, honestas y periódicas en las que los candidatos compiten libremente por los votos y virtualmente toda la población adulta puede votar. Análogamente, Giuseppe Di Palma nos dice que la democracia se basa en el sufragio libre y limpio en un contexto de libertades civiles, así como en la existencia de partidos competitivos, en la selección de candidatos alternativos para los cargos y en la presencia de instituciones políticas que regulan y garantizan el papel del gobierno y de la oposición. Si bien Giovanni Sartori centra su atención no tanto en las elecciones como en un “sistema de gobierno limitado por los derechos de las minorías”, añade que para que exista una democracia es preciso que haya “una opinión pública autónoma y una estructuración policéntrica de los medios de comunicación y su interacción competitiva”.

Democracia realista: En la medida en que las definiciones que se denominan minimalistas se centran en las elecciones y ciertas condiciones concomitantes, enunciadas como libertades o garantías necesarios y/o suficientes para la existencia de este tipo de elecciones, hace que tal pretensión sea califica como definiciones realistas, no minimalistas.

Hay otras definiciones que también pretender ser realistas pero no califican como tales porque enuncian características que no se encuentran en ninguna democracia existente o porque proponen atributos excesivamente vagos. En primer lugar está la democracia etimológica, postulando que el que “gobierna”, de alguna manera, es el demos, el pueblo o la mayoría de la población. En segundo lugar, hay otras definiciones que intentan sortear esta objeción conservando la noción básica del demos como agente. Por ejemplo, Philippe Schmitter y Terry Lynn Karl afirman que “la democracia política moderna es un sistema de gobierno en el cual los gobernantes son responsabilizados por sus acciones en la esfera pública por los ciudadanos, quienes actúan indirectamente a través de la competencia y cooperación de sus representantes electos.

Robert Dahl acuñó uno de los términos más importantes dentro de las definiciones realistas. El término poliarquía permite diferenciar la democracia política de otras formas y ámbitos de la democracia. En cuanto a su estructura, es común a la de otras definiciones realistas. La poliarquía presenta los siguientes rasgos: 1) Funcionarios electos: El control de las decisiones oficiales sobre la política pública es otorgado por la constitución a los funcionarios electos. 2) Elecciones libres y limpias. 3) Los funcionarios electos son elegidos y removidos de sus cargos por medios pacíficos, en elecciones frecuentes llevadas a cabo con ecuanimidad, en las que la coacción es comparativamente poco común. 4) Prácticamente todos los adultos tienen el derecho a presentarse para ocupar cargos públicos. 5) Libertad de expresión. 6) Información alternativa, incluído el hecho de que existan fuentes alternativas de información y sean protegidas por la ley. 7) Autonomía de asociación. A fin de concretar sus diversos derechos, incluidos los de la lista anterior, los ciudadanos tienen también derecho de crear asociaciones u organizaciones relativamente independientes, entre ellas partidos políticos independientes y grupos de intereses.

Definiciones prescriptivas de la democracia: nos dicen poco sobre dos asuntos importantes: en primer lugar acerca de cómo caracterizar a las democracias realmente existentes -o si, según tales teorías, debe o no considerárselas democracias- y en segundo lugar, cómo mediar la brecha entre las democracias definidas de manera realista y de manera prescriptiva.

Seyla Benhabib señala que la democracia es “un modelo para organizar el ejercicio público y colectivo del poder en las principales instituciones de una sociedad sobre la base del principio que las decisiones que afectan el bienestar de las colectividad pueden considerarse el resultado de un procedimiento de deliberación libre y racional entre individuos considerados moral y políticamente iguales entre sí”. Mientras que Jurgen Habermas sostiene que la caracterización y legitimación de la democracia y del derecho democrático se basa en la existencia de una esfera deliberativa no impedida, que en la práctica es extremadamente difícil de encontrar. Habermas (1996: 68) afirma que “el elemento central del proceso democrático es el procedimiento de la política deliberativa. En otro texto (1996: 107) sostiene que las únicas normas de acción válidas entre las cuales se encuentran las que establecen un procedimiento para la elaboración legítima de las leyes, son aquellas con las cuales todas las personas afectadas por ellas podrían concordar como participantes en discursos racionales. Recientemente Rawls (1997: 770) propuesto una definición de la ley legítima y, por implicación, de la democracia que también tiene el inconveniente de proponer condiciones hipotéticas sin enunciar sus condiciones de posibilidad ni las consecuencias de que tales condiciones estén ausentes: “Cuando en lo relativo a una cuestión constitucional fundamental o a una cuestión de justicia básica los correspondientes funcionarios gubernamentales actúan obedeciendo la razón pública, y cuando todos los ciudadanos razonables se autoconciben idealmente como legisladores que atienen a la razón pública, la legislación que expresa la opinión de la mayoría es una ley legítima. No obstante, esto no implica que una esfera idealizada o hipotética de deliberación pública deba convertirse en un componente de la definición o en un requisito de la democracia.

Dominación: En Weber se entiende como la probabilidad de que un mando con contenido determinado sea obedecido por un conjunto de personas, lo que remite inmediatamente a la idea de eficacia y autoridad. Es un tipo de poder legítimo. “Una asociación de dominación debe llamarse asociación política cuando y en la medida en que su existencia y la validez de sus ordenaciones, dentro de un ámbito geográfico determinado, estén garantizados de un modo continuo por la amenaza y aplicación de la fuerza física por parte de su cuadro administrativo.

Elecciones limpias: Según Guillermo O´Donnell, elecciones limpias son aquellas que son competitivas, libres, igualitarias, decisivas e incluyentes, y en las que pueden votar los mismos que, en principio, tienen el derecho de ser elegidos, o sea, los que gozan de ciudadanía política. Si las elecciones son competitivas, los votantes tienen ante sí por lo menos seis opciones: votar por el partido A; votar por el partido B; no votar; votar en blanco; emitir un voto nulo; o adoptar algún procedimiento aleatorio para determinar cuál de las opciones anteriores podrán en práctica. Además, los dos partidos (como mínimo) que compiten deben contar con razonables oportunidades para hacer conocer sus posiciones a todos los votantes, potenciales y efectivos. El voto también debe ser libre, en el sentido de que los ciudadanos no son coaccionados al votar ni al tomar sus decisiones acerca de a quién votar. Para que la elección sea igualitaria, todos los votos deben computarse igualmente y sin fraude, independientemente de la posición social y otras calificaciones de cada votante. Por último, las elecciones deben ser decisivas, en varios sentidos: En primer lugar que los ganadores puedan ocupar los cargos correspondientes. En segundo lugar que los funcionarios electos, basándose en la autoridad que normalmente se asigna a sus cargos, puedan tomar las correspondientes decisiones de política pública. En tercer lugar, que esos funcionarios concluyan sus mandatos en el plazo y/o en las condiciones estipuladas por el correspondiente marco institucional. Que las elecciones sean competitivas, libres, igualitarias y decisivas implica, como dice Przeworski, que los gobernantes pueden perderlas y que deben acatar el resultado. O´Donnell hace hincapié en que los atributos recién especificados nada dicen sobre la composición del electorado. Ha habido democracias oligárquicas, con sufragio limitado, que satisfacían los atributos arriba enunciados. Sin embargo, como consecuencia de los procesos históricos de democratización de los países del Noroeste y de su difusión a otros países, la democracia adquirió otra característica, la inclusividad: el derecho a votar y a ser elegido fue ganado, con pocas excepciones, por todos los miembros adultos del respectivos país. De ahora en más, elecciones limpias hace alusión a las que reúnen las condiciones de ser libres, competitivas, igualitarias, decisivas e incluyentes.

Esquema institucional weberiano: La reconstrucción en sentido estricto del sistema político, sostenido sobre un pacto estatal en el que puedan equilibrarse la burocracia (civil y militar), los partidos políticos, los grupos de intereses y la institución presidencial, en un contradictorio juego plebiscitario, representativo e impersonal. Va a intentar establecer un equilibrado entre el poder cesarístico del jefe y los aspectos liberales representados en el parlamento.

Estado de Derecho: Hayek describe a los gobiernos socialistas (Estado Colectivista) como intervenciones autoritarias de algunos individuos en la economía y en la esfera social en general, donde se designan privilegios legales para unos pocos, instaura una moral propia como la norma en general y por lo tanto oprime al individuo y su capacidad de diferenciación y crecimiento. Considera que en el Estado de Derecho, le pone un fin a los privilegios de unos pocos y por sobre todas las cosas sostiene que la libertad económica es el requisito previo para cualquier otra libertad. Para Hayek el Estado de Derecho somete todas sus acciones a normas fijas y conocidas de antemano, normas que permiten a cada uno prever con suficiente certidumbre cómo usará la autoridad en cada circunstancia sus poderes coercitivos y disponer los propios asuntos individuales sobre la base de este conocimiento. Dentro del mismo el individuo conoce las reglas de juego y es libre de preocuparse por sus propios fines y deseos personales, seguro de que los poderes del Estado no se usarán deliberadamente para frustrar sus esfuerzos.

Equilibrio de Poder: El concepto de equilibrio de poder está cargado de ambigüedad. Muchos estadistas han buscado una superioridad unilateral más que un equilibrio bilateral objetivo con su rival principal. Sin embargo, es posible teóricamente concebir al equilibrio de poder como una situación o condición, como una tendencia universal o ley del comportamiento del Estado, como una guía para el arte de gobernar, y como una forma de mantenimiento del sistema característica de ciertos tipos de sistemas internacionales. En la medida en que pensemos en términos de equilibrio más que en superioridad, estos cuatro usos no necesitan ser incoherentes entre sí.

Concebida como una situación o condición, el equilibrio de poder implica un acuerdo objetivo en el cual hay una satisfacción relativamente generalizada con la distribución del poder. La tendencia universal o ley describe una probabilidad y le permite a uno predecir que los miembros de un sistema amenazado por la emergencia de un #perturbador del equilibrio” -es decir, una potencia aparentemente inclinada a establecer una hegemonía internacional- formará una coalición que que la contrarreste. El equilibrio de poder como guía política prescribe a los estadistas que quieran actuar “racionalmente” que deberían mantener una vigilancia eterna y estar preparados a organizar una coalición contrapuesta contra el perturbador del equilibrio. El equilibrio de poder como sistema se refiere a una sociedad multinacional en la cual todos los agentes esenciales preservan su identidad, integridad e independencia a través del proceso de equilibramiento.

En teoría, el equilibrio ayudaba a preservar la paz y la identidad de los estados miembros, pero en la práctica la política del equilibrio de poder a veces ha llevado a la guerra y a la división de agentes “menos esenciales”. Pero mantener la paz y preservar a todos los miembros menos intactos se subordinaba a las metas más fundamentales de preservar el sistema multiestatal observando la máxima expresada por Friedrich Gentz: “Que si se quiere que el sistema de los estados de Europa exista y se mantenga a partir de esfuerzos comunes, ninguno de sus miembros puede volverse nunca tan poderoso como para poder coaccionar a todo el resto”

Nicholas J. Spykman es un crítico de la teoría clásica del equilibrio de poder, sostiene que la verdad del asunto es que los estados están interesados sólo en un equilibrio (desequilibrio) que está a su favor. No un equilibrio sino un margen generoso es su objetivo. No hay seguridad verdadera en ser exactamente tan fuerte como un enemigo potencial; hay seguridad sólo en ser un poco más fuerte. No hay posibilidad de una política exterior positiva sólo si hay un margen de fuerza que pueda ser libremente utilizado.

Hans J. Morgenthau sostiene que el sistema de muchos estados que impide que un solo Estado adquiera dominio universal se ha preservado sólo al precio de guerras frecuentes y costosas. Encuentra el equilibrio de poder: a) Incierto porque no existe ningún medio totalmente confiable para medir, evaluar y comparar el poder; b) Irreal porque los hombres de Estado intentas compensar su incertidumbre apuntando a la superioridad y c) Inadecuado para explicar la sobriedad nacional durante la mayoría de los años que van de 1648 a 1914, porque no le da crédito a la influencia moderadora de la unidad intelectual básica y el consenso moral que entonces prevalecía en Europa.

Ernst B. Haas sostiene que usar el equilibrio de poder como guía política supone un alto grado de flexibilidad en la toma de decisiones a nivel nacional. El líder político vigilante debe comprometerse en un constante cálculo de poder y estar listo a entrar en una coalición compensatoria, al margen de diferencias ideológicas, intereses económicos y actitudes políticas internas. Hass ha cuestionado el grado hasta el cual los encargados de trazar políticas, especialmente en los países democráticos, pueden disfrutar del tipo de flexibilidad que la teoría del equilibrio de poder parecería exigir.

Kenneth N. Waltz ha defendido la teoría del equilibrio de poder contra los críticos que, en su opinión, han malentendido ciertos puntos esenciales. Toda teoría, aduce, debe empezar con ciertos presupuestos. Supone que los estados son agentes unitarios que buscan, como mínimo preservarse y, como máximo, dominar a otros si ello es posible. Se esfuerzan por lograr sus objetivos a través de esfuerzos interno (capacidades) y esfuerzos externos (reforzando alianzas y debilitando la del adversario). Entonces agrega la condición de que los estados están funcionando en un sistema de autoayuda sin ningún árbitro superior. Aquellos que no se ayudan a sí mismos, se verán en posición desventajosa. En la teoría del realismo estructural de Waltz, el equilibrio de poder está arraigado inevitable y necesariamente en el sistema internacional de los estados. Para Waltz, la tendencia hacia el equilibrio es automática, al margen de si “algunos o todos los estados conscientemente apuntan a establecer y mantener un equilibrio, o si algunos o todos los estados apuntan a un dominio universal. Si los resultados que han de surgir (es decir, equilibrio) dependen de algunos o todos los estados que conscientemente trabajan en favor de él, entonces la política internacional puede ser explicada por teorías del trazado de políticas nacionales burocráticas y una teoría del equilibrio de poder internacional no tendría nada que explicar. Waltz quiere una teoría aplicable al sistema internacional, al margen del comportamiento de los estados particulares.

Fortuna: Según Maquiavelo es la suerte, el azar, los elementos que los hombres no pueden controlar ni entender y que sin embargo son determinantes para sus empresas. El éxito siempre está condicionado en alguna medida por la fortuna, que no es más que el nombre de lo imponderable, lo que excede la capacidad del hombre.

Legitimidad: En Weber es el fundamento principal del poder político, ya que transforma un poder de hecho (coacción violenta) en un poder de derecho; de modo tal que la obediencia logra manifestarse en términos de relaciones de derecho: el derecho de los gobernantes a mandar y la obligación de los gobernados de obedecer.

Liberalismo clásico: Locke es uno de los mayores exponentes del movimiento donde la sociedad es vista como una entidad autosuficiente y auto-organizada a través de mecanismos libremente escogidos. Se pone un fuerte énfasis en las libertades civiles, es decir, el derecho a la vida, a la propiedad privada, a la libertad de palabra y de movimiento. Una de las mayores características es la desconfianza al poder político, ya que consideran que se ejerce de forma discrecional, por eso políticos y teóricos de la época comenzaron a diseñar instituciones para limitar las capacidades de gobierno a través de la elección de autoridades, separación de poderes y mandatos por un tiempo limitado.

Liberalismo moderno: Los grandes exponentes son Hegel, Mill y Tocqueville. A diferencia del liberalismo clásico, se comienza a tener en cuenta el ascenso de la democracia, entendida como un hecho social impulsada por sobre todas las cosas por el surgimiento de un nuevo actor político: las clases populares. Tanto los teóricos como los políticos desconfiaban de la autoorganización de las sociedades. Como el mercado tiene reglas y autoridades, la meta principal del Estado sería cohesionar a una sociedad que liberada a sí misma, se fragmentaría. El carácter contradictorio de las clases, genera disputas y consecuentemente se elaboran canales para resolver los conflictos: formas institucionales democráticas que posibilitan la cohesión social. Lamentablemente esto no significa que los órganos decisorios van a estar en manos de las capas mayoritarias, sino que las clases dirigentes van a escuchar, procesar y moldear las demandas de los sectores más bajos. A través de la educación busca reorientar sus intereses dentro de la sociedad.

Liberalismo contemporáneo/ neoliberalismo: Se presenta como una contradicción al modelo planteado por el liberalismo moderno, está más cerca del liberalismo clásico. Mientras que el liberalismo moderno se concentra en la desigualdad, para el neoliberalismo la desigualdad es el eje dinámico para fomentar la competencia dentro de la sociedad.

Si bien Locke y Montesquieu no tenían tanto aprecio por la democracia, notaron la necesidad de convivir con ella. En cambio el neoliberalismo considera a la democracia como un instrumento para elegir dirigentes, es decir que tienen una visión instrumentalista acerca de la democracia. Las sociedades libres requieren orden y pluralidad, pero esos valores no se desprenden de la democracia según el liberalismo contemporáneo. Sostienen que la intervención del Estado en la economía genera ineficiencias que tienden a agravarse cuando se intenta corregirlas con nuevas intervenciones, cuando el Estado interviene, limita la libertad de los individuos. En neoliberalismo quiere un Estado fuerte y eficaz para garantizar el orden de una economía de mercado, es decir, para corregir al mercado real y acercarlo al mercado ideal.

Se pueden identificar 4 Escuelas sobre neoliberalismo: la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, la Escuela de Virginia y el Libertarianismo:

1) Uno de los mayores exponentes de la Escuela Austríaca fue Carl Menger, quien pensaba que el valor era algo subjetivo a partir de la forma en que ayudan a satisfacer las necesidades, no estaba de acuerdo que el capitalismo era una etapa histórica que podía ser superada y afirmaba que la economía poseía leyes universales, independientes de las sociedades y gobiernos . Por otro lado Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser enfrentaban una paradoja la propiedad privada y la competencia por requisitos para generar riqueza a los individuos, pero también un obstáculo para alcanzar el máximo de utilidades posibles. Böhm-Bawerk propone pequeñas intervenciones por parte del Estado, mientras que Wieser sostenía que la solución era por medios institucionales, no políticos.

Durante el Siglo XX, amplios sectores europeos coincidieron con el diagnóstico marxista e impulsaron medidas que fueran correlativas al capitalismo: leyes antimonopólicas, instauración de salarios mínimos y la asignación de subsidios para industrias emergentes. En contraposición, Mises veía a esas medidas como peligrosas y se mostraba tajante en la necesidad de mantener al sistema capitalista libre de interferencias socializantes. Las leyes económicas son verdades inapelables. Hayek sostenía que el mercado es una institución eficiente, y por eso critica las medidas anticíclicas del keynesianismo. Afirmaba que Keynes llegaba a conclusiones erróneas porque usaba análisis agregados en lugar de concentrarse en microfundamentos.

Hayek aseguraba que la intervención estatal genera una suba de la inflación y la adopción de una política autoritaria, en su libro “Camino a la servidumbre” augura que todo el mundo se encontraría esclavizado por las ideologías colectivistas. Para el autor, el mercado es eficiente y permite la maximización de la libertad humana. Un individuo era libre en tanto pudiera elegir sus fines y los medios sin ser coaccionado intencionalmente. Sin embargo reconocía que el mercado era insuficiente para garantizar el orden social,por eso se debería adoptar reglas que llegaran a nosotros a través de usos, costumbres y tradiciones. El gobierno es necesario como proveedor de algunos bienes públicos puros y como garante de la vigencia del orden legal que le permite funcionar al mercado. Un Estado mínimo es indispensable, ya que su rol no es crear leyes sino mantener, clarificar y hacer cumplir las normas de la tradición. Al final de su libro el autor llegó a reconocer que un gobierno militar que impusiera un orden neoliberal daba como resultado una sociedad más libre que un gobierno democrático que pudiese poner en riesgo al mercado.

2) A los economistas que integraban la Escuela de Chicago también los identificaban como monetaristas. Sus mayores representantes eran Knight, Viner, Stigler y Friedman. El ejercicio de la libertad descansa en las instituciones capitalistas y consideraban que las posturas socialistas eran lesivas no sólo a las libertades del mercado, sino también a las libertades civiles. A diferencia de los austríacos creían que había algunos tipos de intervención más nocivas que otras, por ejemplo la reglamentación sobre el salario mínimo, la enseñanza pública y el control de los precios de los alquileres. Consideraban que lo más peligroso para el sistema liberal y capitalista era la emisión monetaria y el sistema de seguridad social.

Según Friedman, el gobierno no debería aumentar la masa monetaria para afrontar las reivindicaciones salariales o sociales de la población, sino actuar de un modo previsible, elevando la emisión de dinero de una forma sostenida pero lenta. Lo preocupante de la seguridad social es el aspecto cultural, la idea de una protección de la cuna a la tumba, disminuye los incentivos diferenciales por mérito y esfuerzo. No es sólo una fuente de inflación y déficit público. La manera de evitar las intervenciones nocivas es estableciendo reglas, sobre todo monetarias, permanentes y estables que esten por encima de dos decisiones políticas.

3) La Escuela de Virginia es un modelo político-institucional de alto contenido normativo. Los individuos son agentes auto-interesados, que tienen preferencias que pueden ser ordenadas de forma consistente y que actúan adecuando medios a fines. Todos tienen derecho a decidir en forma autónoma qué es lo que consideran valioso en el mercado, donde pueden entrar para conseguir ventajas o salir si no las consiguen.

Buchanan, fue uno de los mayores exponentes. A través de una comparación con el estado de naturaleza hobbesiano, propone una comunidad que negocie su ingreso mediante una suerte de contrato con dos estados: a) De protección (que requiere que todos los miembros se rijan por la regla de unanimidad y se encargue de racionar las básicas de conducta). b) De provisión o productivo (tiene por objeto proveer bienes públicos que los individuos no pueden costear individualmente.

4) Libertarianismo: Se caracteriza por mezclar medidas económicas heterodoxas y políticas públicas activas progresistas. El egoísmo supone el ejercicio de tres virtudes: la racionalidad, la productividad y el orgullo. Lo que distingue el capitalismo norteamericano de otros sistemas es que da a los hombres el derecho a ser egoístas. Para asegurar ese derecho es necesario que se prohíba el empleo de la fuerza y para ello es necesario que se incorpore un gobierno cuya única función sea proteger el derecho al egoísmo. Nozik sostenía que los impuestos son el equivalente al trabajo forzoso. Los impuestos son injustos porque las personas tienen un derecho absoluto y exclusivo sobre su propiedad. Ese derecho viene de la propiedad que tienen sobre su cuerpo los seres humanos. Para el neoliberalismo, son dueños exclusivos de su cuerpo y son los únicos que pueden decidir qué hacer con su cuerpo. Si tenemos derecho a nuestro cuerpo. La libertad neoliberal es siempre una libertad en términos negativos, como ausencia de impedimentos impuestos de forma voluntaria o consciente. Igualdad no es lo mismo que libertad.

Líder carismático: Weber describe el dominio carismático como el más inestable puesto que depende de la presencia de factores extraordinarios en la medida en que se asienta en la autoridad del don de la gracia (carisma), la confianza y la devoción absolutamente personal en la relación, el heroísmo y otras cualidades de dirección individual. El dominio carismático es ejercido por el profeta, el guerrero electo, el gobernante por plebiscito, el gran demagogo o el jefe de un partido político.

Poder: En Weber se entiende como la probabilidad de imponer la voluntad propia en una relación social contra cualquier tipo de resistencia por parte de otros participantes de esa relación. Resulta que el poder es socialmente amorfo, hay infinitas situaciones y relaciones sociales donde se puede imponer la voluntad sobre otros. La distribución del poder no depende únicamente de la determinación económica, sino que se trata de un proceso más complejo que articula distintos órdenes de la realidad social además del económico.

Política: Cuando Maquiavelo promueve la autonomía de la política frente a otros órdenes, y en especial frente a la moral, está privilegiando la visión de la política como una actividad relacionada con el logro y la conservación del poder, y ella lleva a que pueda y deba ser analizada con un método propio. La política se seculariza al independizarse de los preceptos religiosos referidos a lo aceptable en los comportamientos humanos y este es un hecho muy innovador, propio de una mente renacentista. Esto significa que la política no puede juzgarse con criterios ajenos a ella misma. En Maquiavelo la política es tan relevante porque existe un estado de guerra latente entre los hombres y porque entre ellos hay relaciones de poder permanentes que generan tensiones. Existen hombres más proclives a dominar y otros más interesados por no ser dominados, y esta división es la que va a darse entre los “grandes” y el “pueblo”. Los grandes son los políticos que buscan ampliar su poder sobre los otros. Los miembros del pueblo son los que sólo pretenden que existan límites a esa dominación, los objetivos del pueblo son más elevados que los de los grandes.

A partir de la secularización de la política que se produce en el renacimiento temprano, surgen, por cierto, nuevas necesidades de justificación de lo político más allá de la legitimidad religiosa. Tomás Moro expresa esta nueva necesidad y logra plasmarla en la segunda parte de su obra, donde ofrece su visión de una sociedad ideal en la que la propiedad privada es abolida junto al ejército y a la intolerancia; donde el bienestar común en estas condiciones podría ser alcanzado.Sin embargo, entre estos términos se genera una tensión insostenible, porque los ejércitos existen a partir de la propiedad privada y de la concentración de la riqueza. Por lo demás, la cuestión del bien común autogenerado como una tendencia natural de toda sociedad humana queda cuestionada a partir de la existencia del ejército y del uso de la fuerza; porque si, en verdad, el bien común se constituye a sí mismo, los ejércitos no hubieran tenido jamás razón alguna para existir. La construcción de la utopía se basa en la confianza otorgada a la inclinación “naturalmente” buena del hombre

Realismo político: En Maquiavelo se opone a la visión idealista que prevaleció desde Platón en adelante y se construye a partir de dos pilares: El primer pilar es la historia, la cual es clave para comprender la política y un objeto de estudio ineludible para el político. La historia es considerada como las circunstancias que rigen y condicionan el accionar del político, ergo proporciona el marco en el cual se ejerce la virtú y la fortuna. El segundo pilar es la concepción antropológica negativa: “los hombres son ingratos, cambiantes, simuladores, cobardes frente al peligro, ávidos de ganancia”. Es decir el hombre es malo y una fuente de inestabilidad y conflicto constante.

República: Para Maquiavelo la República es el régimen virtuoso en el sentido clásico del humanismo cívico, es el régimen que permite la realización del vivere civile-de una forma de vida dedicada al interés cívico y al ejercicio de la actividad política del ciudadano- y en esta vida dedicada a la acción, posibilitada por la República, que el hombre puede aspirar a alcanzar los más altos valores a los que puede pretender. La República no sólo es la ciudad virtuosa en el sentido en que lo entiende el humanismo cívico, sino que es también la forma política más propicia para hacer frente a los golpes de la Fortuna, más apta para hacer gala de virtù. Es decir, la República sería, según las enseñanzas de Maquiavelo, no sólo la ciudad más adecuada a la naturaleza moral del hombre, sino también idealmente la más conforme a la naturaleza de la cosa política. la división social es propia del orden político y, por lo menos en lo que respecta a Roma, esa división social no sólo la ha conducido a darse leyes favorables a la libertad sino que es considerada como la causa principal de la libertad de Roma. Las lecturas contemporáneas de Maquiavelo han hecho hincapié con razón en lo que parece ser una de las grandes innovaciones no sólo respecto del pensamiento clásico en general, sino de la tradición humanista: la connotación positiva de la división social, de la discordia, para la estabilidad del régimen.“En toda República hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos”, dejaba entrever una postura de tipo más universal: la división es consustancial con la república, y sobre la tramitación adecuada de esta división se asienta la libertad.

Socialismo: Weber no consideraba que el sistema capitalista pudiera ser trascendido por un nuevo orden social. El Socialismo promulga un mayor control racional sobre la conducta económica, el resultado sólo podía generar una expansión de la burocratización, no su liberación. El socialismo no sería una “dictadura del proletariado”, sino una “dictadura del funcionario”.

Virtú:En Maquiavelo es la capacidad del político para aprovechar las circunstancias con sentido de oportunidad, leyendo la historia y midiendo los tiempos, eligiendo el momento adecuado para la acción política, y utilizando todas las herramientas a su alcance para cumplir con su objetivo de éxito. El virtuoso es el político que logra alcanzar sus objetivos y para eso cuenta con dos herramientas esenciales: la fuerza y la astucia, que son representadas en El Príncipe por la imagen del león y el zorro. El príncipe debe saber combinar lo característico de cada uno de estos animales, pues sólo a partir del uso de ambas cualidades puede efectivamente convertirse en un individuo virtuoso. El que sólo usa la fuerza o la astucia está despreciando un enorme potencial y en consecuencia no va a tener la suficiente capacidad para actuar e imponerse en un mundo conflictivo donde se debe recurrir a todas las herramientas para lograr el éxito.

Anexo I: “Lo político vs. la política”[1]

En primer lugar la cultura política occidental ha estado atravesada por una tensión de origen entre lo político (como instancia antropológicamente originaria y socialmente fundacional, es decir, como espacio de una ontología práctica del conjunto de los ciudadanos como todavía se la puede encontrar en la noción aristotélica de zoon politikon) y la política (entendida como ejercicio de una profesión específica en los límites institucionales definidos por el espacio del Estado jurídico. En segundo lugar se desarrollará la tensión entre lo político y la política a partir del surgimiento del capitalismo.

I. En la polis democrática de Atenas existían dos modelos de política que entraban en conflicto:

- El aristotélico: de la mano de Sócrates y Platón.

- El democrático: junto a los sofistas.

Esto es, lo político como expresión de las fuerzas democráticas de la sociedad ateniense se enfrentará a la política como expresión elitista de las fuerzas tradicionales y aristocráticas que pujan por excluir al pueblo del manejo del Estado.

Durante la llamada sociedad “Homérica”, la división social del trabajo y la estratificación de clases estaban fuertemente identificadas con los principios triviales, los cuales funcionaban como soportes del poder aristocrático en la medida en que los lazos de parentesco y la organización jerárquica del oikos operaban como criterios excluyentes de gobierno. Aunque se reunían ocasionalmente en una Asamblea para resolver problemas comunes, la comunidad más allá del ámbito doméstico era de importancia secundaria ya que la mayor parte de los asuntos relevantes eran de carácter privado y se resolvían entre parientes y amigos. Lejos de ser una “sociedad política”, los pater familiae o jefes de las respectivas familias formaban una suerte de “club” donde prevalecían la ley tribal y las costumbres de parentesco. La progresiva politización de la sociedad griega tuvo que ver con el desplazamiento de dichos principios tradicionales.

La progresiva democratización de la polis (las reformas de Solón y Clístenes) no fue el producto de desinteresadas concesiones de la aristocracia hacia las clases bajas sino más bien de un proceso de rebeliones y conquistas populares. El surgimiento de la polis significaba básicamente que la comunidad cívica había reemplazado a la clase dominante aristocrática como fuente única y exclusiva de la ley, la justicia y el mantenimiento del orden social, al mismo tiempo que el gobierno de la ley reemplazaba a la voluntad arbitraria de la aristocracia propietaria. En este sentido que el triunfo de los principios políticos y la democratización de la sociedad eran simplemente diferentes aspectos de un mismo proceso.

Lo político se trata de una nueva forma de asociación distinta a las formas tribales y/o patriarcales. En un sentido estricto, estas últimas no son “políticas” ya que existen relaciones políticas allí donde el parentesco y las costumbres, han sido reemplazadas por lazos cívicos, una organización territorial y el gobierno de la ley ya no la costumbre como principio ordenador de las relaciones sociales. Cuando los vínculos de mando y obediencia se estructuran en el marco de una ley que es producto de las deliberaciones de un cuerpo de ciudadanos y donde, por lo tanto, la razón y la persuasión, más que la violencia, son concebidas como la “esencia del orden social”.

Aplicar el término de “sociedad esclavista” a la democracia ateniense presenta ciertos problemas ya que implicaría asumir que la mayoría del trabajo y la producción era realizada por esclavos y que, en consecuencia, la división entre las clases productoras y las apropiadoras se correspondía con la división entre ciudadanos y una clase trabajadora de esclavos sometidos. Esto es erróneo ya que, la mayor parte de los ciudadanos debía trabajar para vivir. El carácter novedoso de la democracia ateniense es que en Atenas surgió una nueva forma de organización que unió a los propietarios de tierras y a los campesinos en una comunidad cívica y militar, marcando así una relación totalmente nueva entre apropiadores y productores. En la comunidad cívica la pertenencia del productor significó un grado de libertad sin precedentes frente a los modos de explotación tradicionales. Si bien la división entre demócratas y oligarcas en Atenas nunca coincidieron estrictamente con una división entre clases apropiadoras y productoras, se manifestaron como tensión entre los ciudadanos para los cuales el Estado hubiese servido como medio de apropiación y aquellos para los cuales servía como protección contra la explotación. En este sentido, se puede identificar a lo político como democratización en la medida en que se instituye como fuerza que limita la explotación de una clase sobre otra.

La mayor parte de la teoría y la filosofía política ha tendido a distorsionar la historia de la polis ateniense al asumir, junto a Hegel, que la esencia de la polis hay que encontrarla en el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles. Por el contrario, dichos filósofos e ideólogos de la aristocracia griega no expresaron más que una reacción conservadora y elitista frente a la invasión del hombre común en los asuntos públicos. De ahí los mitos de la “decadencia de la polis”. Lejos de tratarse de pensadores abstractos, involucrados en una búsqueda desinteresada de la Verdad, sus filosofías no contienen doctrinas puras, sino una fuerte ideología anti-democrática. La literatura Ateniense de la época da suficientes evidencias de este carácter anti-político de las clases terratenientes al caricaturizar la participación política como un signo de corrupción y degradación moral. Ante los ojos aristocráticos, la política se había convertido en el ámbito donde residían los vulgares y mediocres y, por lo tanto, ser un buen aristócrata implicaba retirarse de la arena política. Tanto Sócrates como Platón, reconocían y condenaban dicho abandono de la arena política como la degradación propia de la aristocracia, y en reiteradas ocasiones Sócrates criticó su actitud anti-política. Pero ambos estaban convencidos de que los valores de la nobleza podían y debían ser reformados de modo tal de constituir nuevamente los fundamentos de la vida social ateniense.

En el diálogo Protágoras de Platón, lo que está discusión es si el “hombre común”, el trabajador, está calificado o no para gobernar. Sócrates pone en duda la virtud de los “hombres del vulgo” para gobernar, su definición de la virtud política y la justicia se construye sobre una analogía con las artes prácticas y en la idea de la especialización y el trabajo experto. Que la esencia de la justicia y el Estado radique en que cada uno ocupe el lugar que le corresponde dentro de la naturaleza, como se puede ver en la República, tiene que ver fundamentalmente con la división social dentro del trabajo entre gobernantes y productores que en definitiva excluye a los trabajadores de la política.

Protágoras expone a través del mito de Prometeo, el principio democrático por el cual todos los miembros de la polis tienen derecho a hacer las leyes, y ésta es ni más ni menos que la condición de existencia misma del Estado y la definición de lo político: ya no un tipo especial de conocimiento reservado a unos pocos sino el arte universal de la vida en común. El telos democrático se funda en los principios de homoioi e isegura puesto que ricos y pobres, terratenientes y campesinos, nobles y artesanos acceden por igual a la palabra y el poder. En contraposición, tanto para Sócrates como para Platón, las opiniones no son todas iguales, ya que la opinión de un carpintero no puede ser igualada a la de un filósofo. Es más, hay opiniones que poder definición son falsas y otras verdaderas, de modo tal que hay opiniones calificadas para resolver asuntos de estado y otras que no. Por el contrario, para Protágoras, si todos los ciudadanos no estuvieran calificados para opinar sobre los asuntos que los competen directamente, no habría sociedad posible.

El proceso de aprendizaje comunitario que expone Protágoras es el mecanismo por el cual la comunidad de ciudadanos transmite sus conocimientos colectivos, sus prácticas y valores. En definitiva, es este proceso de aprendizaje social lo que define a la polis en sí misma como una práctica ontológica de los ciudadanos. Los verdaderos maestros no son los sofistas sino las leyes mismas, las normas morales son convenciones y no verdades absolutas, generadas por el conocimiento colectivo que posee la comunidad. Por el contrario, Sócrates y Platón el aprendizaje y el conocimiento político es sustituido por una concepción más elevada de virtud como conocimiento filosófico, ya no como el acceso privilegiado a verdades universales y absolutas.

Protágoras profundiza su argumento democrático en otro de los diálogos de Platón, Teeteto, donde afirma que el “hombre es la medida de todas las cosas”. Esto involucra dos premisas fundamentales para la comprensión de lo político:

1- Asumir que el hombre es la medida de todas las cosas implica desterrar a la naturaleza y sus verdades inmutables como principio de autoridad o fundamento último del orden político y social.

2- Si el hombre es la medida de todas las cosas, todas las opiniones tienen el mismo valor y por lo tanto la única posibilidad de construir política es a partir del debate y el consenso. Esto significa que el orden político y sus leyes son convenciones y no mandamientos de la naturaleza.

Esto escandaliza a Platón, que identifica a ese exceso de “subjetivismo” como el preludio para la anarquía. Para Platón sólo los filósofos-políticos están calificados para gobernar puesto que sólo la filosofía permite el método más adecuado para acceder a las verdades absolutas de la naturaleza y por lo tanto son los mejores calificados para encontrar las mejores leyes que requiere la ciudad. La Naturaleza es la que designa a los mejores hombres para gobernar. Cuando afirma que “La justicia es que los superiores gobiernen sobre los inferiores”, está invirtiendo la definición de Protágoras acerca de la condición de existencia del Estado. La justicia consiste no en el igual acceso a la ley sino en no alterar las jerarquías que la sabia naturaleza ha establecido entre los hombres.

II. Los orígenes del capitalismo

El desplazamiento de lo político por la política no es un invento del capitalismo, pero sólo es capitalismo ha tenido que hacer de él un principio práctico en el momento en que las “masas” entran a la vida pública y el poder ya no puede sostenerse sólo por las “coacciones extra-económicas” que caracterizan a las sociedades pre-capitalistas.

En el sistema capitalista, las condiciones para la competencia y la maximización de ganancia son las reglas básicas de la vida social. Debido a estas reglas, es un sistema dirigido fundamentalmente a desarrollar las fuerzas de producción y a mejorar la productividad del trabajo a través de medios tecnológicos. Es un sistema en donde el grueso del trabajo de la sociedad es llevado a cabo por quienes no son propietarios de los medios de producción y que por lo tanto se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario que les permita acceder a los medios de subsistencia. Según Marx el objetivo básico del capitalismo es la producción, la expansión del capital y la extracción de plusvalía. Por el contrario, para el liberalismo, el capitalismo es explicado como una oportunidad de maximizar ganancias. Siguiendo la línea liberal, las fuerzas del mercado son aquellas fuerzas impersonales que obligan a los actores económicos a actuar “racionalmente”. Pero lejos de esto, el rasgo distintivo y dominante de la sociedad capitalista no es la oportunidad, sino la compulsión.

El capitalismo no surgió como una simple extensión y ampliación del trueque y el intercambio de mercancías, sino a través de una radical y completa transformación en las más básicas relaciones y prácticas sociales. Lo característico de las sociedades pre-capitalistas es que los campesinos productores siempre se habían mantenido en posesión de los medios de producción, especialmente a través de los derechos que tenían sobre las tierras comunales y de esa manera tenían un derecho directo a los medios necesarios para su supervivencia y reproducción. Cuando el excedente económico era apropiado, era a través de la coerción directa ejercida por los terratenientes o los Estados dada la superioridad que les confería su poder militar, político y jurídico. En cambio, en las sociedades capitalistas, el excedente del trabajo es apropiado por medios puramente económicos. La explotación en las sociedades capitalistas, la explotación no descansa directamente en las relaciones de dependencia jurídica o política, sino que se basa en una relación contractual entre productores “libres” y un apropiador que tenga propiedad absoluta sobre los medios de producción.

Todo esto no significa que la dimensión política sea ajena a las relaciones capitalistas de producción, sino que la esfera política en el capitalismo tiene un carácter especial porque el poder coercitivo que respalda la explotación capitalista no está manejado directamente por el apropiador y no se basa en la subordinación política o jurídica del productor o a un amo. Los poderes del apropiador ya no implican la obligación de llevar a cabo funciones sociales y públicas, de ahí que “en el capitalismo existe una separación total entre la apropiación privada y las obligaciones públicas”. Mientras el señor feudal era un amo económico y político a la vez, el capitalistas y el obrero en las sociedades modernas son políticamente iguales y económicamente desiguales. De este modo, lo que define la especificidad histórica del capitalismo es la separación y diferenciación de lo político y lo económico como esferas autónomas.

El concepto moderno de ciudadanía puede ser más inclusivo y universalista que el ateniense, más indiferente a las particularidades de parentesco o etnia, pero al mismo tiempo implica una mayor distancia entre “el pueblo” y la esfera de acción política, una conexión menos inmediata entre la ciudadanía y la participación política. Es decir, la ciudadanía en el capitalismo puede ser más expansiva e inclusiva que la ateniense, pero también puede ser más abstracta y más pasiva.

El desplazamiento de lo político por la política:

El capitalismo promueve una nueva distinción entre dirigentes y trabajadores. En los términos de Manin, la democracia representativa no es una forma indirecta de democracia ya que los fundadores del gobierno representativo niegan que en ese régimen la voluntad popular sea puesta en situación de gobernar, ni siquiera de manera indirecta. Las tres revoluciones modernas: inglesa, francesa y americana, van a contribuir de distinta manera al establecimiento de la “soberanía popular” a través de un paradójico proceso en el cual “para institucionalizar un modelo de orden ser debía descontar de la República, la acción espontánea, “constituyente”, de aquello mismo que hace necesaria la existencia de un orden (cualquiera): el demos, el pueblo.

El primer paso hacia el gobierno representativo fundado en la “soberanía popular” hay que rastrearlo en el caso de la Revolución Gloriosa en Inglaterra, el cual pone de manifiesto que la democracia moderna no se originó con el acceso de las clases subordinadas al poder y la creación en particular de esa formación sin precedentes, el ciudadano campesino, sino en el ascenso de las clases con propiedades en la transición del feudalismo al capitalismo. La Revolución Gloriosa no era la declaración de un demos sin amo sino la de los amos mismos, que afirmaban sus privilegios feudales y la libertad del señorío frente a la Corona.

Hasta el siglo XIX, la representación no requería el voto popular, y el consentimiento popular de las decisiones parlamentarias se entendía más bien como una “representación virtual”. La supremacía parlamentaria habría de actuar en contra del poder popular incluso cuando la nación política dejó de estar restringida a una comunidad relativamente pequeña de terratenientes y cuando el concepto de “pueblo” se amplió para incluir a la “multitud”. Cuanto más incluyente se ha vuelto el “pueblo” más han insistido las ideologías políticas dominantes en despolitizar el mundo fuera del parlamento y deslegitimar la política “extra-parlamentaria”. Gracias a esto, los ingleses pudieron conformarse largo tiempo con celebrar los avances del parlamento sin proclamar la victoria de la democracia.

Los argumentos de la división del trabajo entre dirigentes y productores también aparecerían durante la Revolución Francesa de la mano de Siéyés, para quien la política de los representantes se había vuelto no sólo una forma preferible sino deseable en contraposición a la política popular. En este caso la superioridad del gobierno representativo se debía a que se trataba de la forma política más adecuada para las sociedades de mercado en las que los individuos están, ante todo, ocupados en producir riquezas. Se argumentaba que los ciudadanos ya no tienen el tiempo necesario para ocuparse de los asuntos públicos y deben, mediante una elección, confiar el gobierno a individuos que consagren todo su tiempo a esa tarea. El papel de los representantes no consiste en transmitir la voluntad de sus electores, ni anunciar el deseo de los representados sino en deliberar y votar libremente con las “luces” de la Asamblea.

La Revolución Americana de 1776, sobre todo los argumentos de los Federalistas en la redacción de la Constitución Americana de 1787 los que dieran el paso decisivo en el desplazamiento del demos del poder efectivo. En un contexto donde el impulso hacia la democracia masiva era ya muy fuerte, los federalistas enfrentaron a la tarea sin precedentes de preservar lo que pudieran de la división entre la masa y la élite en el marco de un derecho político cada vez más democrático y una ciudadanía cada vez más activa. Los redactores de la Constitución se embarcaron en el primer experimento de diseñar un conjunto de instituciones políticas. En el planteo de los federalistas, la democracia se sustenta en la representación. Madison explicaba que la representación consistía en “refinar y ensanchar las opiniones públicas haciéndolas pasar por el tamiz de un cuerpo elegido de ciudadanos cuya sabiduría pueda discernir mejor el verdadero interés de su país y cuyo patriotismo y amor por la justicia sean los menos susceptibles de sacrificar ese interés a consideraciones efímeras y parciales”. Para Madison, el fin último del gobierno representativo era poner a los gobernantes en condiciones de resistir las “pasiones desordenadas” y las “ilusiones efímeras” del pueblo. Como explica Manin, en este caso, la superioridad de la representación consiste en abrir la posibilidad de una separación entre la voluntad pública -superior y racional- y la voluntad popular -inferior y pasional o irracional-. En definitiva, si la representación tiene como propósito actuar como filtro de las opiniones populares, se ha vuelto la antítesis misma del concepto de isegoria que definía a la democracia ateniense. De esta manera, la democracia estadounidense estableció una definición de democracia en la que la transferencia de poder constituía no sólo una concesión necesaria en cuanto al tamaño y la complejidad de los Estados modernos, sino más bien la esencia de la democracia misma.

[1] “Lo político vs. La política” de Emilia Castoriadis. Capítulo 3 del libro “La política en conflicto. Reflexiones en torno a la vida pública y la ciudadanía” (Ana María García Raggio comp.). Prometeo. Buenos Aires, 2004.

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