#SerRubioEnProvincia: Raúl dice “NO”

Rubio
Rubio
Feb 23, 2017 · 3 min read

Más que convenir, más que argumentar y mucho más que asentir, lo importante en la paz es saber negarse. Con ese casi-intelectual argumento comienza el episodio del día de hoy.

*Intro: Raúl a caballo, cabellera rubia, cascada en el fondo. Soundtrack: “Alevosía”, de Aute”. Bienvenida damita, caballero, a una emisión medular en su programa favorito.

Ayer me levanté en lo que parecía un millonésimo día más en la vida de un muchacho con una contractura muscular por estrés, miembro de la cofradía del ojo que se convulsiona involuntariamente, empleado de una consultoría cuyo proyecto fue, desafortunadamente, asignado en Santa Fe.

Primera divagación irrelevante (extracto de mi próximo poemario, de venta en sus tiendas de señoras favoritas, “Poeta en Santa Fe”):

Le hubiera gustado mirar al firmamento
creer que el cielo se inflamaba de pasión y sangre,
decir que los edificios se incrustaban al naranja
-como un mousse de durazno, como ganas de beber leche-
al rojo, al cálido melocotón entre el día y la noche.
[…]

Pero no, solo atardecía.
Llegaba la noche y el día expiraba
como las estrellas ancianas, como los mejores memes…

Qué bonito. Equis.

Total que Santa Fe no debería existir. Santa Fe es la conjunción de todas las notas cacófonas (oséasese, que suenan feo), de todo lo que está mal con la sociedad: Si usted trabaja en tal hoyo de desesperanza, usted no labora en lo que cree, su verdadero empleo es gastar; es imposible caminar por ahí, no existe el más infinitesimal ápice de expresión humana, se hacen barreras para no ver hacia el pueblo que yace dormido a un lado… Una lástima de cielo, que siempre está libre de nubes y de un azul infantil hermoso.

Lástima de cielo.

En fin, mi labor consiste en soportar a una imitación de esos muñecos de plastilina que creamos para alguna maqueta a los cinco, pero hecho persona. Pero tal vez más lastimoso que ver a mi anatómicamente curioso jefe es escucharlo. El hombre está hecho una amargura condensada: divorciado a la fuerza (no sé cómo logró matrimoniarse en primer lugar, aunque podías verle los cuernos desde Almería) y sin ningún otro consuelo que la frustración de no poder ascender en su empleo debido a su pésimo trato (es que si además de ser pésimo eres terco en que no lo eres, yo no veo forma), tomó como entretenimiento diurno el rechazar cualquier iniciativa que no fuera la suya. Además no hay que ser Freud para notar un sadista gustillo en denigrar el trabajo de aquellos que menos saben, entre ellos, claro, yo.

El caso conmigo es que tuve una infancia terrible, me hago una hora y media a Santa Fe (donde nada crece y nadie es feliz) y por ello, según yo, ya no merezco más sufrimiento. Es por eso que no tengo ningún empacho en defender mi trabajo, que varias horas me costó, o decir que no estoy de acuerdo con este estilo tan mal entendido de trabajo. Llegó el punto, la semana pasada, en el que solo planéabamos él y yo movimientos turbios para hacernos rabiar mutuamente. Es que entre un abusador y un niño malcriado se juntaron el hambre con las ganas de comer.

Negarse es el primer paso para evitar que lo que indigne se asuma y, como todo lo que desagrada, se acepte.

Imagínense todo entonces: Un pésimo ambiente de trabajo (ya que solo convivo con el mentado jefe en cuestión y un venezolano que dice tres palabras sobre finanzas al día), Santa Fe (cuna de todo mal) y cositas de finanzas. NO.

El capítulo de hoy dejó de complicarse cuando decidí renunciar. Pensé mucho tiempo en la cocina sobre la manera ideal de hacerlo: algo elegante, contundente y lleno de papel rosa perfumado al puro estilo Legalmente Rubia. O bien, llamando a la de RH y exponiendo mi caso.

Siguiente paso: La libertad.

Enganche: Una segunda llamada de la chica de RH, ahora de ella hacia mí “Hola, Raúl, mira… no podemos aceptar tu renuncia”.

*Fin del capítulo. Títulos. Escrito, producido, protagonizado por Raúl, música de Aute. Soy el Xavier Dolan de las telenovelas por redes sociales. Soy bien chido*

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Yo no abrazo, abraso. No soy amante, soy incendio.