#SerRubioEnProvincia : Rave en el metro

“Qué tan provinciano es usted según qué tanto espacio personal cree necesitar/merecer en el metro” Con ese didáctico test comienza el episodio de esta semana. No me pueden culpar de monótono.

*Cortinilla de inicio: Raúl, cabellera al aire sin manbun. Soundtrack: ‘Bicicleta’ de Shakira y Carlos Vives, seguramente el himno del Che durante sus viajes, bastión de la movilidad, verdad universal.*

Ya conocen mis acertadas reflexiones sobre el transporte público en la pintoresca Toluca. No hay mucho que decir: es poco, inseguro y malo. Pero la movilidad en las ciudades, de eso vale la pena hablar, porque creo que engloba al Ser mismo.

Comienzo: En el sistema de transporte público METRO dentro de la tres, qué digo tres, DIEZ veces heroica ciudad de México, me he encontrado de frente con toda la esencia de lo que representa ser humano.

Verán, cuando en provincia estamos acostumbrados a llegar a cualquier lugar en auto y en veinte minutos (si hacemos treinta mi padre empieza a pitar a otros autos), la ciudad tiene un promedio de llegada que representa algo así como una hora y tanto. Lo interesante es ubicar los puntos de ebullición poblacional (como Polanco) desde donde la ciudad hervirá y habrá tanta gente que el único pensamiento de sus pasajeros es “Explosión de vísceras”. Pero más interesante aún son las pequeñas acciones humanas que se dan origen dentro de sus lindes como:

  • Cortarse las uñas
  • Oler a mariguana
  • Fumar mariguana
  • Palpar los genitales de tu pareja
  • Palpar los genitales de desconocidos
  • Quitarse la playera
  • BEBER. No sé qué tan legal sea (al igual que no sé qué tan legal sea nada en México) pero ayer presencié como un hombre bebía una tecate en pleno Barranca del muerto-El Rosario. TE-CA-TE. En una de esas celebro su desafío a la vigilancia y control de espacios públicos, hombre, hasta me uno. Pero ¿Tecate? Hasta para la revolución uno necesita decencia.

Y, aunque sin acabar de explicar al Ser mediante esos ejemplos (que podrían extenderse más), paso a contarle a usted, fiel lector, damita o caballero temorosx de dios, tres viñetas llenas de sabiduría y experiencia en transporte urbano MADE IN MX:

El RAVE.

Hora: 7:30pm. Quincena. Lloviendo. Metro Polanco. 
Con un mar violento de gente empujándose y violando todas las reglas de la física para poder entrar al vagón, una mujer (valiente, eso sí), decide entrar en el tren de la forma más creativa posible: Por la ventana. Con sus dedos se aferra al filo de la misma y el resto de los que estaban afuera, tan bondadosos los mexicanos, ayudan empujándola dentro. Hermoso acto de humanidad y compañerismo para los que no tuvieron a esa chica gordita, en horizontal, recostada como raver en un profundo viaje sobre el público, sobre sus cabezas, en el hombro de la señora o con el pie muy cerca de la cara del Godínez en turno (mochilita y todo). 
Ella viajó una estación así, recostada, pero con la firme intención (me imagino) de demostrar que no, que jamás volvería a llegar tarde a ningún lado. Cueste lo que cueste.

MAR PROPIO EN METRO INSURGENTES.

Una vez lloré en algún espacio de la línea rosa. Sentí el llanto acercándose como una rata de sentimientos a través de mi garganta. Ahí mismo. Una lágrima se desprendió de mí entre Observatorio y Pantitlán, dirección Pantitlán, desafortunadamente”.

LA REDENCIÓN

O como lo llamo “Gracias metro; el performance”: Haría falta imaginarse a un hombre entrado en los cincuentas, con la piel curtida de trabajo, los dedos aún sucios y los pantalones rotos abordando en Insurgentes. El hombre en cuestión tomó asiento frente a mí para extraer un libro grueso de su mochila hecha jirones, con lentitud. Cien años de soledad. Interesado abrió el libro que parecía de segunda, tal vez tercera mano, para contemplar un papel adhesivo amarillo (No pienso en ninguna marca en especial). Sobre el mismo, con una caligrafía infantil y rota la frase cliché “Gracias por existir” con sus erres y su equis ahí, plasmadas todas, hermosas.

El hombre del que hablamos mira su nota por unos segundos. Suspira y la adhiere nuevamente en la primera página del libro, aquel casi inútil apartado que siempre está en blanco. Se salta el prólogo (bien hecho, no sé quién lee esas cosas) para al fin y no con poco trabajo, comenzar. Apuesto mi vida a que hubo muy pocos centímetros en la historia de la humanidad que no hubieran sido tocados ahí mismo. La eternidad casi pudo respirar, aliviada.

A ver, que a una velocidad promedio apenas podría haber leído unas diez páginas entre Insurgentes y Observatorio, pero por algo se empieza. Macondo no se hizo en un par de estaciones.

El metro da y el metro quita. Y la ciudad también. El metro representa una buena parte de todo. Y aún así hay gente que me pregunta por qué amo la ciudad.